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De cara al futuro

Por Sara Lovera*

El tiempo ha llegado. Una nueva etapa se abrió ante los hechos. Las dificultades para lograr credibilidad en la nueva administración, impuesta por todos los poderes, requieren de gran energía para comprender lo que debemos emprender desde todos los espacios sociales, principalmente desde los de las mujeres.

No tenemos espacio. Eso es una primera convicción. Estamos frente a la refuncionalización de una derecha acotada por el poder económico y el de la fuerza policíaca, de cara a dos problemas que ha identificado el nuevo ungido como presidente: el narcotráfico y la insubordinación social: Oaxaca es el principal ejemplo.

Mientras tanto, ¿qué hacer? En Oaxaca hay una suspensión de las garantías individuales, 136 presos, entre ellos 35 mujeres; en el territorio, según los policías políticos, 9 guerrillas localizadas y una fuerza extendida en todo el territorio llamada resistencia civil.

Es evidente que sólo la fuerza podría evitar el desarrollo de la protesta, porque no habrá respuestas sociales o pacíficas. Y no parece haber rendición, a pesar de todos los pronósticos y a pesar de todos los textos de los agoreros contraizquierdistas.

Y no trato de ser negativa. Lo cierto es que no está a la vista una salida negociada para ninguno de estos problemas y en cambio lo que hay es una decisión de cegarlas, ocultarlas, disminuirlas o anularlas.

En esta situación, la pregunta es otra vez ¿qué hacer? y cuál es el pronóstico. No podemos hablar de esperanza, ni de diálogo. No podemos hablar de reforma, puesto que el ungido ya presentó un proyecto de 25 años y no espero una solución negociada de partidos y parlamentarios, por eso parecen utópicas reformas sociales o económicas en lo inmediato.

Para las mujeres esto es un nuevo reto. Es un camino cerrado. Peligra la anticoncepción de emergencia; el aborto legal, la participación política y también la libertad de expresión.

Y no hablo eufemísticamente.

El ocultamiento de los hechos en la televisión, el acomodo del nuevo gabinete, los responsables de la represión reciente, responsables ahora del aparato de justicia, y las dificultades para avanzar en los programas educativos son lamentables.

Agreguemos a eso la visión ideológica que se aplicará en salud y en el desarrollo de lo que hasta ahora ha sido la burocracia de género, en una combinación perversa.

No creo que haya cambios en el Instituto de las Mujeres, ni que crezca el presupuesto, que en los últimos tiempos es limitado y durante el foxismo disminuido para áreas fundamentales, desde los tiempos del viejo régimen.

Este es el desafío inmediato para millones de personas, miles de maestros, cientos de organizaciones.

Pero al mismo tiempo está el camino de mantener banderas en alto, siempre y cuando la reflexión anteceda a la acciones y sea posible ahora discutir cómo y cuándo actuar.

Lo cierto es que en México las cosas no son sencillas ahora para las mujeres organizadas, demandantes históricas de la libertad de las mujeres, porque también hay neblina respecto de los organismos políticos, negados a considerar seriamente las diferencias entre hombres y mujeres, estos, identificados como izquierda.

Además de la reflexión, necesitamos un minuto para reanimar la ética y el compromiso. Para esto, sin duda, una tarea principal es el conocimiento, sin el cual no tendremos futuro.

Lo cierto es que esta nueva etapa el país exige energía vital, junto a una decisión clara de no improvisar por más tiempo para elegir el camino más adecuado, para asegurar que lo ganado no se pierda, incluidos los temas de la representación política, la libertad para organizarnos y la discusión política.

Felipe Calderón no tiene ninguna seguridad de poder moverse, acotado por un gabinete donde cumplió compromisos, rodeado de algunos personajes de la extrema derecha, él mismo un hombre autoritario y con dificultades para abrirse a nuevos conocimientos. Tiene frente a sí un gran problema: lo puede resolver con una actitud de compromiso o de fuerza, y ese es el desafío en que todos nos encontramos.

Quizá son tiempos de parar un poco y no sólo por las fiestas navideñas, sino para pensar en nuestro futuro.

*Periodista y feminista mexicana, directora fundadora de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), nominada al premio Mil Mujeres por la Paz en 2005.

06/SL/GG/CV

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