Debía avergonzar al gobierno que administra el señor Felipe Calderón el reconocimiento tácito de las autoridades de la Secretaría del Trabajo sobre su responsabilidad y la de Industrial Minera México en la tragedia de Pasta de Conchos, en que perdieron la vida 65 mineros y un rescatista.
Pero el expediente de esa dependencia sobre su autoanálisis de 18 kilos de documentos, la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, los documentos que analiza la Organización Internacional del Trabajo, los testimonios de trabajadores, el análisis de los diputados progresistas de la anterior y de esta legislatura, no parece que sean argumentos suficientes para hacer justicia.
Y cuando hay sólo alegatos y no justicia, se puede perder la esperanza de que este país recupere la dignidad.
En cambio a las mujeres, que no se mueven de la entrada de la mina, que recordaron a sus queridos esposos, hijos o hermanos al año exacto de la tragedia, sin mover un ápice sus demandas, que han conseguido sobreponer a su dolor la dignidad y la lucha, a ellas, simplemente, ni las ven ni las oyen.
El gobierno y la empresa en contubernio pensaron que el dinero podría comprarlas y callarlas. Pero en estos tiempos eso ya no es útil. Ellas quieren los cuerpos de sus familiares y no se conforman con explicaciones superficiales.
Son mujeres llenas de dignidad. Un puñado de viudas o madres que han empezado a escribir una nueva página de resistencia femenina, como en Atenco y como en Oaxaca. Son como las mujeres que conocimos en los campos minados de Chiapas hace más de una década.
Se parecen a las mujeres de todos los tiempos peleando por sus derechos. Y sin que nadie se asombre, un año después de la tragedia, estas mujeres no están solas. Y aunque a los distintos poderes ya les hubiera gustado que se fueran a su casa, es imposible, porque ellas quieren los cuerpos de sus familiares.
Por otro lado, lo que la tragedia ha empezado a revelar es que la zona carbonífera de Coahuila, nuestra más importante y principal reserva, es un botín en disputa. De ahí que sean muy molestas las mujeres que simplemente no se dejan.
Las han hostigado sistemáticamente para que reciban el acta de defunción, aunque sea ilegal que el documento se expida sin cuerpo. Las han acusado de ser manipuladas por la iglesia de los pobres.
El terror, que es cómplice de los empresarios y que está en los gobiernos federal y estatal, ha promovido lo impensable: que en un día dos subsecretarios de Gobernación intenten impedir al obispo Raúl Vera asistir a un foro memorial, que organizaron diversas expresiones de la sociedad civil, los familiares y los defensores de Derechos Humanos.
La tentación del grupo que administra nuestro gobierno de reprimir es grande. Incluso contra los principios que dicen enarbolar. La complicidad no se puede entender si no se habla del tema de fondo: el dinero, simplemente el dinero.
Industrial Minera México es responsable, sin duda. Su omisión puede calificarse como crimen industrial, aunque este no se haya reglamentado. Su confusión e incapacidad, o su mezquindad, han impedido recuperar los cuerpos, que todavía pueden estar ahí 6 meses.
No puede negarse. Los de siempre, como dice una amiga política, esperan que la gente se canse. No saben que estas mujeres, que yo vi en la madrugada del lunes, tienen una fuerza interna gracias a su fe, una fe que ellos, los de siempre, no conocen, la misma fe que ha sido manipulada por el poder en otros momentos y que hoy es movilizadora, para no rendirse.
Habría que escucharlas serenamente. No ofuscarse. No actuar como siempre, como si no pasara nada.
Ahí, a la orilla de la carretera, con temperatura de uno o dos grados, con la luz de sus veladoras, durante una larga jornada memoriaron a sus amados mineros, sin chistar. Rezaron, es cierto, hablaron, se indignaron y volvieron a pedir sólo justicia.
No sé por qué me recordaron a las madres de los desparecidos, a las comadres de Guatemala, a las mujeres de otras latitudes. Sólo las acompañó, además de quienes viven en Coahuila, la senadora Rosario Ibarra de Piedra, quien sabe muy bien qué son los derechos humanos y cómo defenderlos.
*Periodista y feminista mexicana, directora fundadora de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), con más de 30 años de experiencia como reportera en los periódicos El Día, unomásuno y La Jornada, nominada en 2005 en Mil mujeres por el Nobel de la Paz
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