¿Bueno? ¿Bueno? ¿Hay alguien ahí?
El pasado 15 de mayo, día en que se celebra en nuestro país a maestros y maestras, Felipe Calderón hizo un llamado a realizar una transformación profunda de la educación. Y, usted disculpe la alegoría, me lo imagino al teléfono haciendo «el llamado» sin que nadie del otro lado le contestara.
Nadie puede poner en duda que nuestro país necesita una profunda transformación educativa. La necesita, de hecho, al menos desde hace una década. El meollo del asunto es el Cómo.
El presidente Felipe Calderón puso sobre la mesa su propuesta de Cómo. Enumera cinco ejes en la transformación educativa: rehabilitación de la infraestructura (de acuerdo), acceso a tecnologías educativas de vanguardia (lo de «vanguardia» parece un exceso cuando la mayoría de las escuelas públicas no tienen acceso a la tecnología simple y llana, pero bueno, pongámonos exquisitos), vinculación de la educación con necesidades productivas del país (y el arte y la ciencia y las humanidades ¿pasarán por las necesidades productivas del país?, o ya de plano les tocamos las golondrinas), evaluación permanente y objetiva (¿de quiénes?, ¿también del sindicato y de las autoridades?), y el aumento de la calidad de la enseñanza.
Pero, y que conste que no quiero ser aguafiestas, su propuesta tiene una falla.
«Sé que esta reforma es posible y necesaria para el país, y que no será posible sin las maestras y los maestros de México». Eso dijo Calderón. Y ahí está el detalle. Porque resulta que las y los maestros de México no se mandan solos. Pertenecen a un poderosísimo sindicato al que todo indica le importa un cacahuate la transformación educativa, a no ser que eso signifique más prebendas, más privilegios, más poder. Para muestra un botón.
Hace unos días, en el marco de las negociaciones entre la Secretaría de Educación Pública (sep) y el Sindicato Nacional de Trabajadores al Servicio de la Educación (snte), se formalizó un aumento directo al salario de docentes de 4.8 por ciento, más 1.5 por ciento en prestaciones, más 0.7 por ciento en «fortalecimiento de sueldo» (supongo más dinero).
Si tomamos en cuenta que el aumento al salario mínimo fue de 3.9 por ciento, podemos deducir fácilmente quién sacó la ventaja en esa «negociación».
Lo que no queda claro es qué sacó la otra parte. Porque hasta donde se sabe no se incluyó un sólo compromiso del sindicato para ya no digamos emprender la transformación educativa, ni siquiera para cumplir con los días laborales que marca la ley.
Y que conste que el pasado 8 de mayo 40 organizaciones civiles, empresarios, padres y madres de familia, y personas dedicadas a la academia entregaron a la sep lo que denominaron Pliego Petitorio de la Sociedad Civil.
En ese documento, con el que por primera vez personas de la sociedad desean participar en las negociaciones salariales entre sep y snte, se solicitaba al magisterio garantías de transparencia y rendición de cuentas sobre los recursos económicos que se destinarán este año al magisterio nacional (se deben haber reído la y el dirigente del sindicato).
También solicitaron que el snte estableciera compromisos para respetar el calendario escolar de 200 días como marca la ley, cumplir el acuerdo de un examen nacional de ingreso a la carrera docente, establecer de manera obligatoria la certificación anual de todo el personal docente (desde 1997 sólo 3 de cada 10 docentes han acreditado los exámenes nacionales de actualización), otorgar plazas de personal directivo y de supervisón a partir de concurso de oposición, entre otras monerías por las que, coincidirá conmigo, debe pasar necesariamente cualquier transformación educativa en nuestro país.
A lo más que se llegó en esas negociaciones salariales, según las noticias, es a la apertura de casi 15 mil plazas en el nivel básico, que se someterán a concurso de oposición (y ya veremos cómo le dan la vuelta a ese asuntito en el sindicato. Al tiempo).
Mire, apenas el 29 de marzo pasado, un diagnóstico de la UNESCO destacó que en Latinoamérica «A muchos gremios de maestros se les critica su excesivo corporativismo, debido a que centran sus demandas en la mejora de condiciones salariales, tienden a rechazar las evaluaciones, y no parecen seriamente comprometidos con el mejoramiento de los aprendizajes de sus estudiantes, al no responsabilizarse por los bajos rendimientos escolares».
Y eso que no saben que el snte es el único sindicato que tiene doble negociación salarial cada año, a nivel federal y a nivel estatal, y que las plazas de maestros y maestras ¡se heredan o se venden al mejor postor!
De manera que yo creo que el señor Calderón hizo bien en hacer el llamado, lo que falla es que marca número equivocado.
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07/CL/GG