«Lo que satisface al alma, es la verdad.»
Walt Whitman
México DF, 23 oct 07 (CIMAC).- No cabe duda que cada día nos muestra verdaderas sorpresas en los cambios que se dan entre los individuos que alcanzaron posiciones por pertenecer a un determinado partido y luego, claudican en sus principios y se desdicen de lo que antes pregonaron.
Tal es el caso del señor Manuel Godoy –que anteriormente desempeñó cargo dentro del Gobierno del Distrito Federal junto con Manuel Andrés López Obrador– y a quien cito tal como lo escuché decir hace dos días: «quien no reconoce que Calderón es el presidente, está mal de sus facultades mentales». Así que un 80 por ciento de la población, según él, estamos locos.
Ha de seguir pensando que para poder ser gobernador, necesita del dedazo de su «presidente» y no de los votos de las y los ciudadanos que, como hemos visto, sirven para dos cosas: presumir que se vive dentro de una democracia y demostrar que quienes están en el poder, (no saben lo que significa democracia) se imponen precisamente, porque tienen el poder.
Con el despliegue espectacular del Ejército Mexicano, el pasado 16 de septiembre, nos están mandando el mensaje de que, aunque no lo parezca, estamos en una dictadura, porque se hace lo que el presidente dice y si no les gusta, pues se desaparecen, para ello se apoya en las fuerzas armadas.
A Manuel Godoy es bueno recordarle la importancia y autenticidad del ser humano. Ser congruente con lo que se piensa, se dice y se hace. No andar embadurnando atole con el dedo de que se es de una manera cuando sus decires y acciones demuestran lo contrario.
Por lo visto para él lo que menos importa es lo que piensen las y los votantes y menos aún si tienen principios y fundamentos. Tal vez su autenticidad radica precisamente en que él no la tiene y si antes se dijo pertenecer al Partido de la Revolución Democrática, ahora debería integrarse, si es que no lo ha hecho, al partido blanquiazul que está en el poder.
Ya vemos que no es necesario tener una ideología. No necesita creer que la democracia es la mejor corriente dentro de la política y, si se apoya en una dictadura que aparenta lo contrario, recibirá precisamente lo que busca, porque ahora más que nunca se requiere que los individuos sean «la neta», auténticos, y que si están en la política es únicamente para enriquecerse, porque ya no se cree en mejorar las condiciones de vida de ciudadanas y ciudadanos que menos tienen; elevar los niveles educativos; repartir equitativamente los bienes a través de pagar salarios que enaltezcan a quienes los dan y a quienes los reciben.
Ya no puede seguir permitiéndose la explotación del hombre por el hombre mismo y aunque parezca que estas ideas son obsoletas, mientras hayan niños que mueren de hambre, de enfermedades por falta de recursos de sus padres, la culpa siempre caerá en los gobiernos que a sabiendas han sostenido a personajes corruptos porque eran parte de su propia elite gubernamental.
07/JEOM/GG/CV