Inicio En México, 30 mil muertes de mujeres por parto

En México, 30 mil muertes de mujeres por parto

Por Sara Lovera López*

¡Qué vergüenza! La semana pasada en Londres se realizó una conferencia internacional denominada Las Mujeres dan Vida, a la que por supuesto no acudió ningún empleado de Felipe Calderón.

Hace 20 años en Nairobi, Kenya, los gobiernos se reunieron, con sus jefes de finanzas, organismos civiles y editores de diarios y otros medios de comunicación para iniciar una cruzada contra las muertes evitables de miles de mujeres, especialmente en los países pobres.

Sin eufemismos se llamó Conferencia contra la Muerte Materna, muerte de mujeres asociada al embarazo, por desnutrición, falta de atención médica y aborto inducido. La cifra que cimbró el alma fue que cada minuto, entonces, moría una mujer por estas causas, sobre todo en países pobres y mal comunicados. Hoy la cifra es idéntica y, como dice el tango, 20 años no es nada.

Parecía inaceptable saber con claridad que se trata de muertes evitables, además se leía en los discursos, con golpes de pecho, lo injusto, terrible. Las palabras nunca alcanzan la indignación que produce la muerte de mujeres jóvenes, que dejan huérfanos, que no pudieron concluir con su proyecto de vida, que eran personas y amaban, sufrían, querían.

En Nairobi se hicieron, como siempre, programas, declaraciones, proyectos y se destinó dinero por todas partes para llevar a cabo las enormes barricadas que detuvieran la tragedia, se llamó tragedia, con todas sus palabras. Y lo era. Y lo peor es que lo es.

Durante dos décadas se aprendió y difundió el problema. Se hicieron nuevos descubrimientos como el implante anticonceptivo, se avanzó en la vacuna contra el papiloma humano, se modificaron las actas de defunción en México, porque éstas ayudaban a ocultar el tamaño del problema.

Seguro que mejoraron las estadísticas, hay cientos de miles de cuartillas escritas con diagnósticos por región, pueblo, estado de la República; se hicieron campañas para corregir el cuidado del embarazo, para tomar la presión en plazas y jardines y evitar la toxemia. En fin, se hizo, se promovió.

Desgraciadamente hoy nos dicen desde Londres que las muertes maternas no han disminuido, que así es, que ni modo, que la diferencia del riesgo entre una mujer rica y una pobre es un indicador de la desigualdad social y la injusticia de género: morir 67 por cada 100 mil, o sólo una como en Suecia.

Es decir, las cosas no han cambiado para la enorme mayoría de las mujeres del mundo. O han cambiado tan poco que no es relevante.
Esto es una verdadera vergüenza, sobre todo cuando vemos a los políticos y políticas directamente y vemos cómo no tienen la menor intención de mejorar las cosas de los y las más pobres.

Durante el sexenio de Vicente Fox se inventó el programa Arranque Parejo para disminuir la muerte de niñas y niños al nacer. Para las mujeres nada. Las mediciones así lo señalan, como las que hicieron algunas organizaciones no gubernamentales que le dieron seguimiento al asunto.

Mi cálculo personal es que desde 1993, fecha en que surgió un pomposo comité promotor para disminuir la muerte materna –se pensaba al 50 por ciento para el 2000– es que en México han muerto por esta causa alrededor de 30 mil mexicanas, considerando una tasa que varió entre 67 por cada cien mil niños nacidos vivos y 63.4 en 2005. Nada o casi nada. Durante 20 años más de mil 400 mujeres al año, calcule quien lea esto.

En Londres se informó que se pierden 10 millones de vidas de mujeres en el mundo por cada generación a causa de la mortalidad materna, ahora eufemísticamente llamada «Mujeres que dan Vida». El horror es tan grande que se busca suavizar, negociar, armar lentamente para que digan que las feministas somos «amargadas».

Bueno, quién puede dejar de amargarse cuando le recuerdan que nada ha pasado, a pesar de los esfuerzos, la inversión energética, de vida de muchas militantes, a pesar de la imaginación para poner rosas y sonrisas sobre los féretros, a pesar de toda la indignación.

Yo creo que sería bueno dejar de compartimentalizar todas las desgracias femeninas y masculinas del mundo para iniciar una cruzada fenomenal para el cambio.

En México los primeros comités de muerte materna se instalaron en los hospitales en los años 40. Entonces se creó el gran programa Materno-Infantil. En esos años comenzó el declive de la revolución; el gobierno de Miguel Alemán consolidó el sistema mexicano capital-corrupción-amiguismo-injusticia, el que sigue tan vivo y vigente como la muerte materna.

En los años siguientes se recrudeció en el mundo la crisis de los países pobres, mientras se erguía el capitalismo salvaje.
¿Quién supone que puede importarle al poder la vida de las mujeres? ¿Quién puede creerlo? Bueno, ahí está el resultado. Preciso y directo. La cifra de muertes evitables sigue incólume. Es responsabilidad del Estado. Es feminicidio, sin duda.

Las causas de la mortalidad materna no pueden separarse de la desigualdad estructural de hombres y mujeres, ni del sistema que los explota y ningunea, y aunque se expresa en las relaciones individuales, en las comunidades e instituciones, se ha convertido en el azote de la mitad de la población.

Todo esto acompañado de políticas públicas, así como la distribución inadecuada de recursos humanos y financieros que respondan específicamente a las necesidades de las mujeres en el acceso a la justicia.

* Periodista y feminista mexicana, fue reportera en los periódicos El Día, unomásuno, La Jornada y directora del suplemento Doble Jornada, directora fundadora de Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC).

07/SL/GG/CV

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