Transversalizar la perspectiva de género en los acuerdos internacionales en materia ambiental está aún muy lejos de lograrse debido, en gran medida, al desdén que a menudo se hace de la importancia de la participación de las mujeres en el desarrollo sostenible, consideró María Nieves Rico, oficial de Asuntos Sociales de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Durante su conferencia magistral en el Foro Internacional sobre Género y Medio Ambiente, realizado el pasado 7 de julio en la Secretaría de Relaciones Exteriores, la antropóloga y socióloga argentina con 15 años de investigación en el tema, dijo que incorporar la perspectiva de género en la formulación, planificación y ejecución de políticas ambientales ha sido un proceso lento y parcial.
Ello, pese a que a nivel internacional se ha reconocido que sin la participación de las mujeres no será posible alcanzar el desarrollo sostenible, que además forma parte del séptimo Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM).
RECURSOS NATURALES Y EQUIDAD
Pero, ¿cuál es la relación de las mujeres con el medio ambiente y por qué es importante su participación?
Para la funcionaria de la CEPAL, la forma como se distribuye el capital y el acceso a los recursos naturales son factores que indican el grado de equidad que existe en una sociedad.
Así, explica la investigadora en temas ambientales y de género, el modelo de desarrollo vigente coloca a las mujeres en desventaja respecto a los hombres y en una situación de «subordinación» y desigualdad.
La división sexual del trabajo, la asignación casi exclusiva de las mujeres al trabajo doméstico no remunerado, particularmente el del cuidado de los otros, la distribución de los recursos y la brecha que hay entre mujeres y hombres, la incorporación a los procesos de toma de decisiones y los obstáculos que las mujeres encuentran para ejercer el poder, son ámbitos ligados con el manejo y gestión del medio ambiente.
MUJERES, AFECTADAS POR DAÑOS AMBIENTALES
Durante su ponencia magistral, Nieves Rico, señaló que las mujeres enfrentan los desafíos y los problemas ecológicos y del medio ambiente cotidianamente, en sus hogares y en la comunidad en el cumplimiento de los roles reproductivos que le han sido asignados, entre los que se incluye el control de riesgos ambientales y el cuidado de la salud familiar.
Estableciendo un poco esta relación, la funcionaria de la CEPAL ejemplifica que cuando desaparecen los bosques, son las mujeres, niñas y niños quienes tienen que ir más lejos en la búsqueda de agua, el forraje o el combustible.
En el caso del acarreo del agua, esta labor requiere de una gran parte del tiempo y energía de las mujeres, en su mayoría pobres quienes ven impactada su salud física y mental.
Pero dentro de estas tareas «asignadas», dice Rico, también está el cuidado de la salud familiar, ellas como encargadas de la sustentabilidad del hogar, son las que ante enfermedades producidas por la contaminación del agua toman medidas de manejo ambiental preventivas o paliativas, como hervir el agua, clorarla y aparte cuidar a sus enfermos.
Por otra parte, son ellas quienes en los sistemas de monocultivo se encargan de conservar las semillas y aportar sus conocimientos especializados sobre la biodiversidad, utilizan una variedad más amplia de semillas y de cultivos contribuyendo a los bancos de germoplasma (material que se conserva como semillas, cultivo de tejido, esporas o plantas establecidas en colecciones de campo), a la seguridad alimentaria y al uso y transmisión de medicamentos basados en hierbas y otras plantas.
Son aportes en su mayoría ignorados y catalogados peyorativamente como tradicionales, no científicos y muchas veces, innecesarios, lamenta Nieves Rico.
Otro efecto del medio ambiente relacionado con las mujeres tiene que ver con los desastres naturales, como las inundaciones, sequías, escasez y contaminación de los recursos naturales vinculados a la desertificación y deforestación que han provocado la migración. «Muchas mujeres adultas se quedan como jefas de hogar, y como sostenedoras principales a cargo de mantener los pocos cultivos y animales que quedan, pero sin tener un acceso y control de los recursos que queden disponibles».
DOCUMENTOS INTERNACIONALES
Fue en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, realizada en 1992, durante la Declaración de Río, cuando se reconoció el rol activo de las mujeres cuya contribución se consideró como «imprescindible» para lograr el desarrollo sustentable, séptimo ODM.
A lo largo de esta Conferencia y en diversos capítulos de la Declaración se dedica especial énfasis en las mujeres y su participación activa e involucramiento en la adopción de decisiones políticas y económicas, explicó Rico.
Asimismo, durante la plataforma de acción aprobada en la Cuarta Conferencia de la Mujer de Beijing en 1995, se urgió a los Estados parte a lograr la participación activa de las mujeres en la adopción de decisiones relativas al medio ambiente en todos los niveles, así como de incorporar la perspectiva de género en todas las estrategias orientadas al desarrollo sostenible.
Desde entonces, se ha ido incorporando paulatinamente el tema de equidad de género, autonomía y derechos de las mujeres, vinculados con la superación de los desequilibrios ambientales, en temas como el del agua, biodiversidad, energía y cambio climático.
No obstante, en América Latina y el Caribe poco se ha logrado para lograr este objetivo debido principalmente a las dificultades, resistencias y olvidos.
Si bien ha sido limitada la adopción de medidas para incorporar una perspectiva de género en las políticas y programas nacionales relativos al medio ambiente, algunos gobiernos de la región han ido aumentando la participación de más mujeres en puestos de decisión al interior de instituciones responsables de las políticas ambientales.
08/LGL/GG