Inicio Elvira Arellano viaja, auxilia… y escribe que María será deportada

Elvira Arellano viaja, auxilia… y escribe que María será deportada

Otra madre mexicana, «María», será deportada. Ella dejará en este país a su esposo y a sus tres pequeños hijos.

Elvira Arellano, activista y madre michoacana, informa lo anterior desde México en su columna que publica el diario neoyorquino La Prensa. «Ella, como yo, le han prohibido regresar a los Estados Unidos durante 20 años», dice.

¿Y su crimen?, pregunta Arellano, al tiempo de reiterar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) ha obligado a campesinas y campesinos a emigrar y el libre comercio está destrozando sus vidas.

María, la inmigrante mexicana indocumentada a quien deportarán, será recibida por Arellano en Michoacán. La noticia le llegó desde Chicago.

El esposo de María es un residente legal permanente y ha vivido en los Estados Unidos durante 16 años. Se conocieron, se casaron y tuvieron unos hijos «hermosísimos», a pesar de que uno de ellos tiene una condición del corazón que requiere que lo vigilen todos los días.

El esposo de María solicitó que ella fuera documentada en 2001 bajo una ley que se llama «245 (i)». Los llamaron para su entrevista final con las autoridades, con la expectativa de que ahí mismo se iban a terminar sus problemas.

Lejos de eso, a María le dijeron que debido a que hace varios años la habían detenido en la frontera y obligado a regresar a México, ya la iban a deportar y separar de su esposo e hijos.

Me voy a preparar para recibirla, dice Elvira Arellano. Conozco a fondo su historia porque es la mía y la de millones de familias con hijas e hijos nacidos en los Estados Unidos. Mientras me preparo a recibirla y a sus lágrimas, voy rumbo a la ciudad de Ecatepec, Estado de México, explica Arellano.

En Ecatepec, informa, paso la noche en la «Casa de los Migrantes» que esta ciudad generosa ha construido, cerca del ferrocarril para hospedar a mujeres y hombres inmigrantes que atraviesan México rumbo al norte o al regreso, después de haber sido deportados de los Estados Unidos. Hablé con un hombre de Honduras y otro de El Salvador. No tenían nada en el mundo, sólo la ropa que traía puesta.

También habló con un joven veracruzano, recién deportado. Ha vivido en los Estados Unidos desde los 8 años de edad y se expresa muy bien en inglés. Fue detenido y pasó un año en la cárcel y tres meses en una celda de inmigración, en condiciones terribles.

El veracruzano no tiene idea de cómo va a darle de comer a su familia, ya que le han quitado todo. Pero tiene una actitud muy positiva, relata Arellano. En tanto, María dice que su familia no puede venir a Michoacán con ella, pues no tiene cómo ganarse la vida ahí.

La activista mexicana no para: ahora va por autobús a Tijuana donde realizará un trabajo en la casa que han establecido para recibir a los deportados.

También habla de la visita del senador McCain esta semana a México, para hablar de la supuesta necesidad de la barda fronteriza y de las maravillas del TLCAN y el «libre comercio».

Y afirma que es el mismo TLCAN y el mismo «libre comercio» que ha destrozado las vidas de las y los campesinos de Michoacán y Veracruz, lanzando a tantos millones a buscar trabajo para que sus familias puedan pagar el alto costo de la vida con lo que actualmente la población migrante envía desde los Estados Unidos.

Dondequiera, dice Arellano, gente importante debate sobre si México debe privatizar a nuestro petróleo, con lo cual se entregaría la mayor base de nuestra independencia a las empresas petroleras estadounidenses.

Y mientras que los grandes toman decisiones acerca del comercio y petróleo e inmigración, la gente pequeña vamos viajando por arriba y por abajo en el continente, abusados, encarcelados, separados de nuestros seres queridos, viendo cómo se levantan, a duras penas, de los embates, con sueños basados en la fe y pisoteados, añade la activista.

Cuando McCain estuvo aquí en México y anunció su visita a la Basílica de Guadalupe, dice Elvira Arellano en tono irónico, quizá porque es un poco viejo y un poco sordo no oyó la misma música celestial que oyó Juan Diego, ni pudo oír cómo la Virgen Morena llamaba a María y al joven veracruzano, a las mujeres y hombres de Honduras y El Salvador del albergue en Ecatepec.

Ustedes en el norte, dice Arellano a sus lectoras y lectores, la pueden oír, llamándoles a cambiar sus leyes quebradas que separan a las familias, sus tratados comerciales falsos que benefician sólo a los codiciosos…
08/LPB/GG/CV

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