Es ya incuestionable que los efectos del cambio climático son y serán más severos en países pobres y afectará particularmente a la población que padece la inequidad, como las mujeres pobres, dice Susan McDade, residente en Cuba del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Por eso, tanto la discusión teórica, como las políticas públicas deberán ser específicas, dirigidas al tema de la adaptación de la población femenina frente al cambio climático, aprovechando además la emergente organización que ellas protagonizan en varios países de la región.
Entrevistada vía telefónica por Cimacnoticias durante su estancia en México con motivo de la presentación de la Guía Recurso de Género para el Cambio Climático, que tuvo lugar el pasado 7 de julio en la Secretaría de Relaciones Exteriores, la experta señala como vía de salida la educación, en la escuela o en el hogar, de las nuevas generaciones.
— Se habla de feminización de la pobreza, del VIH/SIDA y de la migración y a esto se hoy suma el incremento de los efectos del cambio climático sobre las mujeres. ¿Naciones Unidas vislumbra la emergencia de una población femenina no sólo más pobre, sin equidad, sino ahora víctima del cambio climático, enferma, carente de derechos civiles y políticos (debido entre otras cosas a la migración)?
— Sí, es cierto que Naciones Unidas, a nivel de análisis, está considerando esto. En África podemos ver que ya hay familias refugiadas por falta de agua, de terrenos productivos que hace cinco años eran cultivables y con recursos hídricos. Las familias pobres son las menos capaces de enfrentarse a esta situación. En América Latina, aunque todavía no hay población refugiada por cambio climático, podemos ver que la escasez de agua y leña está ya dificultando la vida de las mujeres.
Hay una correlación entre escasez de leña y ausencia escolar de niñas, porque tienen que dedicarse más tiempo a su recolección. Tienen además, más hijas e hijos y menos dinero. La tendencia de los impactos del cambio climático es que refuerza el empobrecimiento de las mujeres a través del ausentismo escolar.
Eso está ya sucediendo, está documentado, no son proyecciones. En el nivel de las políticas oficiales y públicas ya no es suficiente con que haya escuelas y maestros, porque la falta de agua y leña hacen que no asistan a la escuela. Y los gobiernos están intentando subsanar esto promoviendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
— ¿Qué papel juegan los movimientos organizados o emergentes de mujeres en este sentido, como agentes activos? ¿Cree que tienen futuro y cuál sería su agenda, de acuerdo a su experiencia en la región?
— Es un espacio que se está abriendo poco a poco. Antes, el tema de las políticas de energía eran temas neutros en cuanto al género. Asumíamos que el impacto era igual y no diferenciado con respecto a las mujeres. Ahora sabemos que hay un impacto diferente para cada género. Los gobiernos que sí tienen un compromiso con la equidad saben que sus acciones tienen que ser consultadas con las mujeres y con organismos de base. No hay soluciones si no existe vinculación y organización con grupos de mujeres también organizadas.
— ¿Sucede así en toda la región y en todos los países?
— Varía de país a país. En América Latina hay grupos de base que están actuando en forma empoderada. El tema es que hay mecanismos no formales de organización. En Nicaragua y en Chile está emergiendo la feminización de la participación, mientras en Cuba ya sucede así.
Es muy importante el papel de las mujeres en los poderes locales, como las alcaldías, porque es un tema que no solo tiene que ver con la macroeconomía, el cambio climático es un tema a nivel territorial, municipal, local.
Un eje importante es el de las mujeres agricultoras. Ellas están trabajando agricultura de subsistencia, de base. Por tanto, los impactos del cambio climático tienen que ver directamente con la situación de su familia.
En ese caso, la participación política de las mujeres es importante, pero también lo es su participación en ámbitos más cercanos, como la búsqueda de pequeños créditos para riego en bancos agrícolas. Eso aumenta su posibilidad de que crezcan sus oportunidades.
— Sin embargo, su situación limita la posibilidad de que muchas puedan tomar decisiones y no hay tampoco responsabilidades compartidas en su familia, con su pareja.
— Las mujeres en América Latina enfrentan una situación difícil, pues son ellas jefas de hogar, pero no titulares. Se trata de una informalidad sobre la propiedad legal de sus bienes. No son ellas titulares de su terreno, ni de sus cosas, pues están a nombre de su esposo. Son responsables de los bienes, sin ser titulares y esto las limita, frente a la toma de decisiones que implica una crisis derivada del cambio climático.
Por otra parte, hay una correlación entre mayor pobreza y familias con jefatura femenina. Es decir, la pobreza se manifiesta mayormente en familias lideradas por mujeres. Por ejemplo, durante una catástrofe, como una inundación, las familias que necesitan más tiempo para recuperar su vivienda o su bienestar económico son aquellas en donde no hay un hombre, porque para una mujer soltera, con hijas e hijos pequeños, la recuperación de sus vivienda es más difícil y de su condición económica anterior a la catástrofe se dificulta más por las desigualdades de género prevalecientes.
— ¿Hay diferencias notables entre las mujeres de poblaciones urbanas y mujeres del sector rural?
— Cuando las mujeres que viven en las ciudades son pobres, su consumo de energía es como el de la gente del campo. Porque aunque exista electricidad, ellas tienen que usar keroseno, aunque exista gas, ellas tienen que usar leña. Cuando se es pobre, es igual que ocurra en el campo o en la ciudad.
ADAPTACIÓN
–¿Frente al cambio climático, se debe dar mayor énfasis a la vía de la adaptación que a la mitigación?
— Como seres humanos, cada persona debe contribuir a mitigar aquello que contribuye al cambio climático. Pero estas causas se generan sobre todo en los países ricos. Por eso, en el caso de Centroamérica, México y Sudamérica, la responsabilidad principal es fortalecer la capacidad adaptativa de las familias
En mi opinión, los gobiernos deben ver el tema de la adaptación, porque el cambio climático sucede y va a continuar. Y para fortalecer las respuestas ante él, debe atenderse el tema de la adaptación. Las mujeres, en este sentido, tienen un papel relevante, como madres, jefas de hogar, productoras.
— Es difícil cambiar el modelo de desarrollo, se requiere de un lento proceso, no siempre lineal, mientras los efectos del cambio climático se manifiestan cada vez más frecuentes y severos, ¿cuál es su proyección a futuro sobre el tema, con respecto a los países, a las formaciones económico-sociales?
— Sabemos, en primer lugar, que el cambio climático es algo real. Impacta económicamente a países con mediano y bajo ingreso, que tienen menos capacidad como nación para adaptarse y responder. En los países pobres, las familias con menos ingresos son más vulnerables. Por tanto, para proteger a esas familias con el perfil más bajo de ingreso, se necesita otra forma de proyecto económico y social, no sólo a través de los mecanismos formales del gobierno, sino también a través de las comunidades y la sociedad civil, de iglesias, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de base. Se necesitan otras formas de diálogo con estas familias, con esta población, porque el gobierno no puede solo, necesita de la alianzas. El trabajo de las ONG ayuda al éxito del gobierno local.
Un ejemplo de ello es lo que ocurre en Centroamérica con los huracanes y el apoyo de municipalidades, ONG, sociedad civil, iglesias. En suma, son nuevas formas de diálogo social y alianzas Y los gobiernos están haciendo eso. Aunque, desafortunadamente, se necesitó una crisis para que hicieran el espacio a este diálogo.
— ¿Podemos decir, entonces, que hay países en donde es más favorable la ejecución de acciones para enfrentar el cambio climático?
— El fenómeno del cambio climático requiere la posibilidad de tomar decisiones políticas de mediano y largo plazo, requiere de una visión de mediano plazo. Por eso, los países que enfrentan cambios políticos cada dos o tres años, difícilmente podrán tomar medidas en ese sentido. No es lo mismo un país en donde su gobierno cambia cada dos o tres años a uno en donde cambia cada seis.
Por otra parte, los países pobres no son los grandes emisores de contaminantes que influyen en el cambio climático, pero sabemos que el impacto es mayor en éstos, sobre todo en países del trópico. Así que los gobiernos necesitan proteger con sus políticas a su población más pobre, se necesitan más políticas públicas porque sí existe relación entre la toma de decisiones, la ubicación geográfica de los países y los efectos del cambio climático.
LOS ACUERDOS QUE VIENEN
— ¿Es necesaria una normatividad internacional específica sobre género y cambio climático que impulse acciones dentro de las políticas internacionales sobre el tema?
— El mayor reto es tener acuerdos sobre la definición de responsabilidades entre países para enfrentar el cambio climático. En ese sentido, la reunión sobre el tema que tendrá lugar en Copenhague, Dinamarca, en 2009, puede ser un buen momento para ello.
El tema de la adaptación es más importante que el de las emisiones. Las mujeres, por ejemplo, no emiten más gases de efecto invernadero que los hombres, no son mejores ni peores, pero al hablar de adaptación, ellas sí son más vulnerables.
Muchas de las discusiones entre países y personas expertas se han enfocado al campo de la energía, a perfiles sobre el uso de la electricidad. Pero esto es un error, si no hay además un enfoque sobre cocción (que tiene que ver con la preparación de alimentos) es difícil que se pueda hablar de deforestación, de ciclo del carbono, de uso de leña.
Se enfoca el tema sólo a electricidad, pero debe descender hasta el tema más específico, más concreto, que es la cocción en los hogares y a la producción comercial de comida, a la cocción de vidrio, de cerámica. No se trata de un tema ambiguo y neutral.
— ¿Vislumbra algún camino de solución?
— Parecería un asunto común, pero es muy importante: la educación de la próxima generación. El problema procede del modelo de desarrollo que dice a las y los niños que todo lo podemos tener con solo pagar el precio, sin ver las consecuencias. Y esa es la conducta que siguen también lo adultos. Eso es negativo y está en sentido contrario a la búsqueda de soluciones para enfrentar el cambio climático. Y en ese sentido el papel de la educación para cambiar esa mentalidad es fundamental, como lo es también el papel de las madres.
— ¿Qué sucede en Cuba frente al cambio climático?
— El Gobierno de Cuba y su población saben que tienen un riesgo alto ante el cambio climático, por ser una isla y por estar en el Caribe. Ahí, la movilización de la población frente al tema es algo que el mismo gobierno ha promovido y se ha promovido también en los niveles locales, ciudadanos.
El éxito de Cuba en el tema es su trabajo de defensa civil y alerta temprana. Y este país ha logrado que ante eventos tropicales, como huracanes, haya menos pérdida de vidas humanas que en el resto de América Latina. Aquí no se puede argumentar que existan diferencias económicas, sino la preparación de la población. Eso debe ser un modelo a seguir para Centroamérica y otros países de la región.
08/GG