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En mesoamérica, urge empoderar a las mujeres de las comunidades

Por Adriana Varillas

En aldeas indígenas de Guatemala, es común que los hombres jóvenes vayan a las zonas urbanas a estudiar, no obstante sus grandes limitantes económicas. Una vez que se les termina el dinero, optan por robar o se enrolan en pandillas. Muchos de ellos se adhieren a la temida Mara-salvatrucha, afirmó Blanca Ical.

Entrevistada en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre el VIH/SIDA, la joven qeqchi agregó que, lejos de su casas, solos y necesitados, los jóvenes caen también en la red de las adicciones. Otros, se deciden por el trabajo sexual. En cualquier caso, el riesgo de contraer alguna infección de transmisión sexual, como el VIH/SIDA, es latente.

«Así es como actualmente está llegando el virus a las comunidades. Antes eran los hombres que se iban a trabajar y regresaban a la comunidad y transmitían el VIH a sus mujeres. Ahora son los jóvenes que se van a estudiar, y como necesitan dinero, andan en la delincuencia, se meten a la ‘Mara’ y se drogan. En el intercambio de jeringas pueden contraer el VIH.

«Luego vuelven a la comunidad y al tener relaciones sexuales infectan a las jóvenes, que por cuestiones de religión y de cultura no están preparadas ni educadas para pedir protección, para usar el condón. En Guatemala la mujer, sobre todo la indígena, está enclaustrada en su casa, no sale, no conoce, no estudia, no decide, porque así está educada».

Los datos anteriores, informó Ical, se desprenden de un reciente mapeo de vulnerabilidad que realizó en Livingston, Izabal, como parte de un proyecto financiado por la organización Groots International, para detectar las comunidades más vulnerables ante riesgos climatológicos y ante el avance del VIH/SIDA en esas localidades.

Menudita y portando con orgullo su traje en colores típicos, Ical informó que en una de las comunidades estudiadas existen cinco mujeres jóvenes que viven con VIH; antes de ellas, murieron cuatro.

A una de estas mujeres, de 35 años de edad, su esposo le transmitió el VIH. La quieren sacar del pueblo, por miedo a que «infecte» a la comunidad. Ella no se siente bien porque la tratan diferente. Unos la apoyan, pero otros la discriminan, expuso.

Con apenas 20 años, Blanca es líder en su comunidad. Estudió la licenciatura en «Perito Ambiental’, trabaja para la asociación Ak’Tenamit, que atiende la problemática del VIH/SIDA y es becaria de la Summit Foundation que, desde hace cuatro años aplica, a través del Instituto de Salud Pública (IHP), un programa regional en México (Quintana Roo), Belice, Guatemala y Honduras.

El objetivo de la iniciativa internacional es empoderar y educar a líderes jóvenes para que vayan a sus localidades y repliquen la experiencia, convirtiéndose a su vez en promotores de la educación en temas de salud sexual y reproductiva, a fin de lograr un efecto multiplicador que detenga la transmisión del virus, en especial entres adolescentes y jóvenes.

«Como líder joven, mi contribución es hacia los jóvenes, principalmente hacia las mujeres indígenas, que junto con las niñas y los niños son la población más vulnerable en estas comunidades, según el mapeo hecho en Livinsgton.»

De esta XVII Conferencia Internacional me llevo mucha información y material a mi comunidad y quiero buscar más líderes para ampliar la cobertura y ayudar, dijo Ical.

Por su parte, Sandra Pérez, también de Ak’tenamit e igualmente becaria Go-Joven, agregó que religión y tradiciones encarcelan a las mujeres indígenas dentro de casa, bajo las determinaciones del varón, visto socialmente como «el que manda», «el que ordena», «el que decide».

«Las jóvenes indígenas, usualmente somos de bajos recursos y no tenemos acceso a la educación. En mi cultura, la qeqchi, siempre valoran más al hombre; dicen que es el más fuerte, el que va por la milpa, el que provee. A nosotras nos toca quedarnos en casa y eso afecta a la mujer, porque no estamos informadas, lo que nos hace más vulnerables.

«Generalmente, una prostituta sabe más de sexualidad que las mujeres de las comunidades, porque está más informada y tiene más poder de decisión», indicó.

GARÍFUNAS, PIEL DE ÉBANO

Blanca y Sandra, guatemaltecas, son apoyadas por la organización Groots International, que financia proyectos de ayuda para mujeres en Kenia y Honduras país, este último, donde habitan las comunidades garífunas.

Esta población, asentada en poco más de 45 comunidades alejadas de las zonas urbanas, representa uno de los grupos más vulnerables de esa nación centroamericana, en primer lugar por discriminación de raza y luego por su grado de marginación, que les excluye de los servicios más básicos. En este contexto, son las mujeres las que llevan la peor parte.

Apenas el pasado 6 de agosto, Groots Internacional logró que la oficina regional de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA, por Zeus siglas en inglés) aceptara donar fondos para la construcción de un Centro de Atención Integral, donde se atenderán pacientes que viven con VIH, al mismo tiempo que dará albergue a los familiares que acompañan a quienes acudan para solicitar servicio.

«Lo que pasa es que las comunidades garífunas están bien lejos de Trujillo, donde se da actualmente la atención. Les lleva tres días; uno para viajar, otro para recibir atención y uno más para volver a casa. Las distancias son muy largas y generalmente no viajan solos, sino que van con algún familiar. Al centro de salud llegan como 30 pacientes semanalmente y no tienen en dónde quedarse», explicó Julia Yesenia Dolmo, coordinadora de la organización de mujeres de base Nuevo Amanecer.

El centro que financiará la JICA, empleará a psicólogos, trabajadores sociales, pediatras, internista, médicos e infectólogos y contará con un sitio específico de atención a las personas que viven con VIH/SIDA.

La también facilitadora de las Visitas Basadas en los Hogares, trabaja en cuatro comunidades garífunas, donde 120 personas viven con VIH/SIDA. En esas poblaciones, dijo, hay 480 familias afectadas por el virus.

En tanto, Ana Lucía Bengoechea, directora de Groots International e integrante de una comisión sobre la Mujer en las Naciones Unidas, precisó que por cada familia hay dos personas que viven con el virus.

El peso, nuevamente, recae sobre las mujeres con piel de ébano. «Las más afectadas son las mujeres y de ellas, un 45 por ciento son amas de casa. Cuando estas mujeres mueren, los huérfanos quedan en manos de las abuelas, por eso necesitamos mayor información y más apoyo para programas productivos que les permitan salir adelante con sus niños», apremió.

El trato hacia las mujeres de ébano que viven con VIH/SIDA no es diferente del que se da a sus congéneres en las poblaciones indígenas de Guatemala.

«Necesitamos líderes para empoderar a las mujeres de las comunidades, a fin de acabar con la estigmatización que sufren», añadió.

CADENA DE MUJERES

Los señalamientos de las activistas centroamericanas derivan en una reflexión: Se sabe que segunda cadena de arrecifes más grande del mundo une a Guatemala, Honduras y México; está compuesta por eslabones que van más allá de sus bellezas naturales y vestigios arqueológicos.

Más allá de esto, la región de Mesoamérica está unida por mujeres indígenas que enfrentan día a día la pobreza, la carencia de servicios de salud y educativos y que no tienen poder de decisión, lo que las convierte en la población más expuesta al VIH/SIDA, coincidieron las entrevistadas.

08/SV/LG/CV

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