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Las lecciones del avionazo

Por Juana Eugenia Olvera*

Aciaga semana por la cantidad de eventos, unos esperados y otros no. La elección del primer presidente afroamericano, un sueño tenido desde 1968 entre la población de afroamericana de Estados Unidos de América y que justo se hace realidad a los cuarenta años, sin saber el alcance que tendrá para nuestro país. Por otro lado, la muerte del Secretario de Gobernación y otros funcionarios mexicanos, así como de ciudadanos desconocidos a quienes, materialmente, les cayó la muerte del cielo.

Un presidente que muestra su dolor, confusión y nerviosismo aparentando estar en calma, y un partido político que se arroga el derecho a la privacidad para realizar unas velaciones, sin la presencia del pueblo al cual deben el poder, muestran la falta de sensibilidad de una clase que sigue creyendo en los derechos otorgados por dios.

Notoria la actitud del Jefe de Gobierno del Distrito Federal al estar en primera plana apoyando, prestando servicios a las víctimas que bien murieron o que aún permanecen graves en los hospitales, así como brindando a los familiares los medios para realizar los funerales. Sin embargo, creo, no es responsabilidad de la ciudad.

El avión accidentado pertenecía a la Secretaría de Gobernación y esto corresponde al Gobierno federal, representado por Felipe Calderón, quien ha lamentado la muerte de su amigo, no así de las demás personas fallecidas que también eran seres humanos.

Hasta ahora, Calderón no ha abierto la boca para responsabilizarse por las y los fallecidos, heridos y autos siniestrados por la caída del jet gubernamental. Pareciera querer escurrirse y dejarles la carga a otros, como con las inundaciones de Tabasco y Chiapas que nos las endilgó a los ciudadanos que pagamos impuestos.

La vida continúa, así como nuevas responsabilidades tendrán que asumirse, decisiones que cambiarse y gente nueva a continuar con la tarea de gobernar un país. Esperemos que no se fabriquen falsos héroes, como se acostumbra, porque los muertos de pronto toman una aureola de virtudes que acaban sustituyendo a los santos reconocidos por la iglesia.

* Periodista, especialista en crecimiento humano.

08/JEO/VR/GG

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