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Azucena Villaflor de Vicenti

Por Erika Cervantes

La guerra en cualquiera de sus expresiones atenta contra los derechos y la justicia a las personas; en el caso de las mujeres, limita el ejercicio de sus derechos y violenta sus cuerpos como parte de la guerra contra los pueblos y comunidades. A muchas mujeres la guerra les ha arrebatado a sus hijas e hijos en una categoría que les paraliza «desaparecida» o «desaparecido», que es un limbo entre detención y asesinato.

Las dictaduras latinoamericanas y los diversos capítulos de guerra sucia en la región han obligado a las personas, en especial a las madres, a buscar y encontrar la verdad a fin de que se haga justicia a sus hijas e hijos. Uno de los ejemplos más contundentes es Azucena Villaflor de Vicenti, integrante fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo.

Azucena, a la par de sus compañeras, buscaba justicia, saber el paradero de sus hijas e hijos, y para ello recurrieron a la protesta pública pacífica en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, Argentina, durante la dictadura militar en ese país, es decir, en la década de los setentas.

Su símbolo es un ejemplo de lucha de las mujeres por la reconstitución del tejido social y la justicia en contra de la represión de los gobiernos a la población. En el mundo el pañuelo (que emula los pañales) usado por las Madres de la Plaza de Mayo es un icono de la búsqueda de la paz y justicia.

El 30 de abril de 1977 Azucena, junto con 13 mujeres más, todas ellas madres de personas desaparecidas, vencieron el terror y marcharon alrededor de la columna que representa la libertad del pueblo argentino. Así dio inicio la lucha por la búsqueda de la justicia.

Azucena Villaflor de Vicenti, como otras mujeres madres de desaparecidos, acudió a todas las instituciones que podrían tener información sobre la detención de su hijo Néstor; ahí, en su recorrer, conoció a otras mujeres que buscaban a sus hijas e hijos, y una tarde de abril de 1977, mientras esperaban que las atendiera el párroco de la Iglesia Stella Maris, Azucena dijo: individualmente no vamos a conseguir nada, ¿por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo, y cuando seamos muchas Videla tendrá que recibirnos …

Y marcharon a la plaza; al inicio se sentaron, pero los policías que resguardaban el lugar les pidieron que avanzaran y comenzaron la marcha que buscaba del gobierno una respuesta para encontrar a sus hijas e hijos; lo hicieron de dos en dos, porque como el país estaba bajo Estado de sitio estaban prohibidos los grupos de tres o más personas.

Conforme pasó el tiempo, muchas mujeres se fueron sumando cada jueves, de 15:30 a 16:00 horas, a marchar en la plaza, porque continuaban desapareciendo personas. Por toda Argentina crecieron los campos de concentración, que llegaron a 368, para detener y torturar a las personas desaparecidas.

Hasta antes de la desaparición de su hijo Azucena se desempeñaba como telefonista de una empresa relacionada con una industria metalúrgica, además de ser delegada sindical.

Azucena nació en una familia de clase obrera. Su madre, Emma Nitz, la dio a luz con sólo 15 años; su padre, Florentino Villaflor, tenía 21, y trabajaba en una fábrica de lana. Varios miembros de la familia paterna habían sido militantes peronistas.

El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después de que se instaurara la dictadura militar que eufemísticamente se Proceso de Reorganización Nacional, su hijo fue desaparecido. Al compartir la lucha y vida con las mujeres que acudían a la plaza, Azucena, a la par de sus compañeras, descubrió que el delito de subversión se limitaba a labores humanitarias y solidarias con las personas que vivían en los cinturones de pobreza.

Junto con las demás integrantes de las Madres de la Plaza de Mayo Azucena se manifestó públicamente y a pesar que los medios de comunicación argentinos no recogieron sus voces, los medios internacionales sacaron su lucha del silencio y la difundieron por todo el mundo, sirviendo de ejemplo e inspiración a otras mujeres para luchar por sus hijas e hijos desaparecidos.

Las Madres comienzan a salir al exterior para dar a conocer el drama de los desaparecidos, primero a Europa y luego a Estados Unidos entre los años 1978-1979; también salían para pedir apoyo y solicitar que se aislara a la dictadura argentina.

Fueron escuchadas e invitadas una y otra vez por Amnistía Internacional (organización no gubernamental de defensa de derechos humanos con sede en EU) que, en 1979, patrocinó un viaje que abarcó nueve países para exponer ante gobernantes democráticos de Europa y los Estado Unidos la situación real en la República Argentina.

En un intento por acalla sus voces, la dictadura secuestra a un grupo de las madres fundadoras en la Iglesia de Santa Cruz, en Buenos Aires.

Este hecho no obstaculizó los planes de las madres de publicar y pedir que el gobierno explicara donde se encuentran sus hijos; el 10 de diciembre de 1977 Azucena acude a comprar el periódico para ver la publicación, regresa a su casa y, más tarde, sale a comprar la comida; a su regreso es secuestrada por un grupo armado y catalogada como desaparecida.

Abrían de pasar 28 años para que su cuerpo fuese identificado en un grupo de cadáveres de personas asesinadas que el mar trajo a las playas de Santa Teresita, en Buenos Aires. La causa de su muerte, se dijo, fue el choque contra objetos duros desde gran altura, la identificación se logra gracias al el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La investigación que en 2005 logra identificar los restos de Azucena Villaflor es producto de la lucha del pueblo argentino por conocer y esclarecer la muerte de las personas desaparecidas durante la dictadura, a través de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, en 1983.

Los restos de Azucena Villaflor fueron incinerados, y sus cenizas enterradas a los pies de la Pirámide de Mayo, en el centro de la Plaza de Mayo, el 8 de diciembre de 2005, al término de la vigésimo quinta marcha de resistencia de las Madres. Sus hijas e hijos supervivientes escogieron el lugar.

Azucena nació el 7 de abril de 1924 en Avellaneda, municipio de Buenos Aires, y murió a manos de la dictadura militar argentina encabezada por Jorge Videla, en 1977.

Azucena Villaflor nos hereda su lucha por la búsqueda de la verdad y justicia a las personas desaparecidas en las dictaduras.
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