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La recuperación de Diana: sus primeros pasos

Por Hena Carolina Velázquez Vargas*

A causa de un padecimiento que le quitó fuerza en todo el cuerpo durante una década, y luego de un recorrido por varias propuestas, desde medicina alópata hasta un amplio abanico de terapias alternativas para la salud, a los 27 años Diana tuvo su primer encuentro con la terapia Gestalt.

Sin un diagnóstico preciso -el más aproximado que había recibido de parte de los médicos era polirradiculoneuropatía idiopática crónica recurrente, como lo explicamos en la entrega pasada- a partir de entonces pudo ubicar la relación entre su enfermedad y la disfunción familiar que vivió desde pequeña: la mala relación y, por último la separación de sus padres cuando ella tenía nueve años, junto con otros aspectos de su estilo de vida.

El caso lo narra José Manuel Rejón en Las actitudes del terapeuta y la metodología Gestalt. Un valor agregado en el caso Diana, publicado en la revista Figura-Fondo No. 12 (2002), en donde el autor explica cómo después de un año de terapia Diana logró -por tres meses- bajar el consumo del medicamento a 2.5 mg sin perder fuerza en sus músculos y, luego de varias recaídas, se estabilizó con 10 mg, la mitad del consumo inicial.

Entre los elementos que Rejón, terapeuta de Diana, rescata de este proceso, están las actitudes humanista en la terapia que le permitieron no ver sólo su enfermedad, sino a toda una persona en medio de una serie de circunstancias que de algún modo se estaban manifestando a través de su cuerpo.

Ése era entonces su material de trabajo, señala.

Al explicarle cómo en el humanismo concebimos la salud y la enfermedad, además de explicarle algo del marco teórico y la metodología Gestalt como posibilidades de trabajo, Diana tuvo la certeza de que había encontrado lo que buscaba. Y con eso no sólo coincidieron mi aportación y su expectativa, sino que también nuestra confianza y optimismo en la posibilidad de curarse (Figura-Fondo No. 12, 2002).

GOTAS PARA LA AUTOESTIMA

De las actitudes del terapeuta para con la paciente, Rejón destaca: la puntualidad, esto es, ser recibida con prontitud y a la hora acordada; el respeto al tiempo acordado para la sesión, y la disposición total hacia la paciente, que se traduce en un te escucho con atención, con un verdadero y cálido interés, sin interrupciones, y te respeto porque te comprendo desde mi propia experiencia de vida y valoro tu esfuerzo para salir adelante.

Como gotas para la autoestima define José Manuel Rejón su manera humanista de trabajar en la terapia.

Algo que invariablemente hago al principio de una sesión terapeútica o, por lo general, al final de la primera sesión, es reconocerle a la persona el acto de valor, no sólo por haber llamado, sino haber llegado y, por último, haberse mostrado tan íntimamente ante alguien a quien apenas conoce, o sea yo. Le agradezco esa confianza que me permite entrar a su vida.

Y a lo anterior agrega: le explico también que eso tiene un antecedente valioso, que es la gran llave del cambio: aceptar que está en una situación difícil y que necesita ayuda. Lo demás será constancia y apego al proceso, una aventura donde yo seré tan sólo un acompañante y un facilitador para que se autoexplore y encuentre sus propios valores, necesidades, significados, caminos, respuestas.

Una vez sembradas las gotas para la autoestima, el método de la doctora Adriana Schnake en el trabajo de síntomas y enfermedades -desde una visión integral- con psicoterapia Gestalt fue el punto de partida para empezar a buscar los mensajes de Diana en su cuerpo.

DEL TRABAJO CON SÍNTOMAS

Uno de los primeros experimentos (como se llama en Gestalt a las intervenciones terapeúticas) que le permitió a Diana profundizar en el conocimiento de su organismo fue establecer un diálogo entre ella y sus músculos a los que dimos una personalidad con base en su anatomía y fisiología (elásticos, contraerse y relajarse, sostén), en un juego de intercambio de roles donde pasaba de ser ella misma, de un lado, a convertirse en sus músculos en el lugar de enfrente, y viceversa.

Después de varias sesiones, pudo darse cuenta de que su enfermedad le hizo dejar la actividad agotadora a la que se obligaba estudiando dos carreras al mismo tiempo, ambas muy demandantes, más allá de sus fuerzas: medicina y ballet folclórico. Del resultado narra Rejón:

Había tenido que parar y descansar de una manera también extrema. Era como si esa rigidez, esa autoexigencia con la que no se permitía escuchar y atender sus necesidades auténticas para descansar proporcionalmente a sus esfuerzos, o para aceptar que muchas cosas no eran como ella quería o esperaba que fueran.

El resultado de tal esfuerzo fue lo que en Gestalt se llama ajuste creativo, es decir, una respuesta del cuerpo (ajuste) para ir al extremo opuesto: la flexibilidad, que se hizo evidente con la debilidad y torpeza de sus extremidades cuando perdió fuerza en todo el cuerpo.

También se dio cuenta de algunas experiencias en su vida que ya eran obsoletas. Acerca de este proceso terapéutico abundaremos en la próxima entrega.

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*Periodista mexicana, narradora oral, facilitadora de grupos, terapeuta con Enfoque Centrado en la Persona y Gestalt e instructora del Sistema Tao Curativo.

09/CV/YT

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