Las células sexuales óvulo y espermatozoide son los gametos. Cuando ambas se fusionan originan un cigoto, el cual reúne los cromosomas de ambos gametos, llamado fecundación, este proceso se produce en la trompa de falopio.
Entre tres y cuatro días después de la fecundación, si el cigoto se ha desarrollado normalmente, está compuesto de ocho a 10 células y se dirige hacía la pared del útero inmerso en un fluido, este estado se le conoce como mórula y posteriormente blastocisto, el cual se compone de 200 células.
En esta etapa de la fecundación, aún no hay signos evidentes para que el cuerpo materno reconozca la presencia de un nuevo ser, por consecuencia la mujer aún no tiene conocimiento del mismo.
Durante el séptimo día de desarrollo, el blastocisto se implanta en la capa interna del útero, llamada endometrio, a partir de ese momento se origina un embrión, que aún no desarrolla la corteza cerebral, ni establece conexiones nerviosas para experimentar percepciones sensoriales, por lo que es hasta en los próximos nueve meses en que se convertirá en un ser humano, y no durante la fecundación, explicó el biólogo Carlos Manuel Zárate, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Tal proceso de creación ha sido cuestionado e interpretado por diversos enfoques y puntos de vista de grupos de poderes políticos y religiosos que argumentan que la vida humana se inicia a partir de la fecundación con el fin de impedir que las mujeres ejerzan sus derechos reproductivos y sexuales.
Dicha iniciativa que «protege la vida desde la fecundación», viola el derecho de las mujeres a elegir sobre sus cuerpos, además de dificultar la libre decisión de la maternidad y el espaciamiento de sus hijas e hijos, derecho Constitucional que tienen las mexicanas desde 1974.
Asimismo, existe un acuerdo internacional sobre los derechos reproductivos, el cual se encuentra en el Programa de Acción adoptado en la Conferencia sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) que se llevó a cabo en El Cairo del 5 al 13 de septiembre de 1994, a la cual se integró el gobierno de México.
El programa incluye el derecho de adoptar decisiones relativas a la reproducción sin sufrir discriminación, ni imposiciones en la vida de las mujeres.
Sin embargo este acuerdo no ha sido reconocido en 17 estados del país, sólo en caso de violación, peligro de muerte de la madre, así como malformaciones congénitas del producto.
De otra manera, se castiga a las mujeres que deciden abortar, pero al verse forzadas a la maternidad optan por practicarse un aborto clandestino.
Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), indican que de aproximadamente 850 mil abortos ilegales, 8 mil 500 mujeres mueren cada año, lo cual representa la tercera causa de muerte materna en el país, principalmente en mujeres que viven en situación de pobreza.
El abandono de niñas y niños que posteriormente podrían sumarse a la delincuencia, es también causa de la maternidad forzada, reconoce la Academia Mexicana de Derechos Humanos.
El debate no es que se promueva el aborto, sino las problemáticas que padecen las mujeres al verse privadas de ejercer el libre derecho sobre su cuerpo, además de que son encarceladas bajo el argumento de que cometieron un delito.
Cuando se garantiza el derecho a la información, a la educación y se ofrecen servicios de aborto legal y de anticoncepción, las mujeres recurren menos al aborto, y casi nadie muere por maternidad, declaró Martha Lucía Mícher Camarena, titular del Inmujeres en el Distrito Federal.
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