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La Tropa: una crítica a la militarización

Por Lucía Melgar Palacios

El periodismo de investigación en México ha contribuido a una mejor comprensión de los problemas sociales con trabajos muchas veces arriesgados que documentan graves casos de corrupción o violencia criminal e institucional. Muchas de las investigaciones recientes sobre violencia se han centrado en las víctimas, para develar atrocidades y sobre todo de dar voz a quienes buscan justicia. Son más escasas las indagaciones acerca de los perpetradores, porque no se les ha identificado (en un sistema de justicia fallido) o porque es peligroso hacerlo. El libro más reciente de la periodista Daniela Rea, con Pablo Ferri y la colaboración de Mónica González I., “La Tropa” se acerca a la violencia de las fuerzas armadas, del ejército en concreto, a través de las voces de algunos de sus agentes, con el fin de responder a la pregunta: “¿Por qué mata un soldado?”.

Preguntarse por qué un ser humano mata a otro pasa por cuestionarse acerca del valor que se da a la vida humana en una sociedad, por las leyes que rigen a ésta, las pulsiones individuales, los factores que posibilitan el asesinato, y en este caso lo justifican, y nos acerca a la compleja cuestión del mal, concepto que no puede reducirse a la “monstruosidad”, como lo han demostrado las dictaduras.

Con gran lucidez, los autores buscan responder a su pregunta inicial mediante entrevistas con soldados condenados por homicidio y otros crímenes y con algunos ex militares. Al acercarse a ellos como personas que tienen una historia que contar, los periodistas no pretenden juzgarlos ni clasificarlos en una escala de quiebre moral sino entender de dónde vienen, qué hizo posible que de agentes encargados de proteger a la patria o a la sociedad se convirtieran en máquinas de matar, aferrados a sus armas sin saber del todo a quiénes disparaban, o en torturadores o encubridores o testigos mudos de desapariciones y vejaciones extremas.

Más allá del saber común de que el ejército es una institución vertical y autoritaria que exige “obediencia debida” a los subordinados, los autores develan, entre otros aspectos de la formación militar, cómo el adoctrinamiento moldea la mente del soldado. La construcción del enemigo, un elemento clave, no se basa en una distinción entre un nosotros y un “otros” bien definido sino en una noción vaga de éstos. Desde la “guerra contra el narco”, mejor definida como militarización de la seguridad pública, el enemigo es el crimen organizado pero de hecho cualquier “sospechoso” puede caer en la mira. Así, narran, el simple hecho de andar de noche en un camino desierto, o manejar a trompicones o no detenerse ante un retén puede bastar para caer, herido o muerto, bajo las balas de hombres que creen cumplir con su deber o que optan por defender su vida para no caer ellos.

Si el enemigo puede ser casi cualquiera, es obvio que la violencia institucional(izada) puede matar a gente inocente, que no es mero “daño colateral” sino evidencia del peligro de encargar la seguridad pública a militares. Peor aún si la capacitación en Derechos Humanos es mínima o poco puede cambiar cuando el entrenamiento para la sobrevivencia incluye actos indignos en que los propios soldados se hacen violencia; o cuando los propios mandos fomentan la arbitrariedad o la ilegalidad. 

Todo ello bastaría para poner en cuestión la continuidad de la opción militar en este gobierno pero hay que señalar también que ni las masacres disfrazadas de enfrentamientos ni la tortura (que no se justifica como medio de obtener información) se explican por la amenaza constante de morir a manos de otro ni por la mera obediencia. Aquí hay que retomar el concepto de “trivialidad del mal” de Arendt (citada en el libro) para pensar la normalización de la saña, justificada por la obediencia al superior, que apunta de hecho a la incapacidad de distinguir entre bien y mal, de asumir la propia responsabilidad; incapacidad que se debe tanto al individuo como a la institución y a la sociedad que permite el funcionamiento de ésta.

Documentado con seriedad, rico en preguntas políticas, éticas y humanas, La Tropa invita a cuestiona una militarización que normaliza la violencia institucional y daña a sus propios agentes.

19/LMP/LGL

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