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Sorpresas

Por Teresa Mollá Castells
CIMACFoto: César Martínez López

Esta semana estaba corrigiendo los ejercicios de un curso que estoy impartiendo para el personal docente sobre micromachismos y me encontré con dos ejercicios que me causaron mucho dolor.

El primero de ellos era de una alumna de unos 50 años y en él relataba como su padre había abusado de su madre y de ella durante su infancia y cómo se había sentido de sola y desamparada. No podía recurrir a su propia madre para que la amparara porque se encontraba en la misma situación y cuando se lo contó, solo tuvo por única respuesta “Somos mujeres y ellos se comportan así habitualmente. Es su naturaleza”.

Esta mujer, entonces niña, tuvo que aguantar que su padre se metiera en su cama durante años hasta que pudo escapar de su pueblo porque encontró trabajo en una cafetería que le permitió independizarse y pagarse una matrícula universitaria y, de ese modo, poder estudiar una carrera compatibilizando trabajo y estudios.

La peor parte, por lo visto, se la llevó su madre, a quien el salvaje de su marido le hizo pagar la huida de la hija de ambos con palizas y violaciones sistematizadas hasta que la mujer, en una de las palizas perdió la vida. Pero nadie se extrañó. Todo el mundo lo sabía y nadie hizo nada.

Mi alumna, por lo que relata, nunca volvió a ver a su padre. No fue ni al funeral de su propia madre con tal de no verle. Luego asistió en solitario al cementerio y se despidió de ella en la más estricta soledad.

Hoy es una profesora ilusionada por enseñar a su alumnado cómo la historia ha negado la presencia de las mujeres y cómo es necesaria la reivindicación de su memoria histórica. Ha descubierto que los hombres no son bestias como su padre, quien ya falleció y de quien no quiso despedirse, y es madre de una hija y un hijo a quienes educa como ciudadanía libre y respetuosa con todo el mundo, sobre todo con las mujeres más vulnerables tengan el origen que tengan.

El segundo caso es similar, aunque agravado con una hermana con diversidad intelectual de quien también abusaba el padre y que falleció a consecuencia de una hemorragia vaginal no atendida a tiempo. Aquel “accidente silenciado” apenas estrenada la democracia hizo despertar en mi alumna la necesidad de huir del pueblo y de su familia. En este caso no había madre puesto que “murió” al poco de nacer su hermana menor con diversidad intelectual a la que ella cuidó durante años. Aunque ella sospecha que fue como consecuencia de una paliza o una violación de su padre cuando todavía estaba convaleciente de la cuarentena del parto.

Hoy mi alumna es una ciudadana libre que decidió no casarse y vivir su vida plenamente y enseñar a sus alumnas a decir NO cuando se produjeran este tipo de situaciones.

Son dos casos en los que las mujeres, desde la intimidad de los ejercicios que solo yo puedo ver, y con la garantía de la confidencialidad de datos, se confiesan y me cuentan sus vivencias. Ni mucho menos son los únicos, pero sí los más recientes.

Historias de superación personal del dolor y la desprotección a la que ambas se enfrentaron y que nos permiten analizar las consecuencias desconocidas de las violencias machistas más perversas y ocultas por cuestiones familiares. El abuso y la violación sistemática de niñas, jóvenes y mujeres dentro del “paraguas protector” de la familia que, seguro, se seguirá dando en el seno de muchas familias del mundo, sin que prácticamente nadie las pueda ayudar a salir de sus infiernos particulares.

Este tipo de ejercicios en los que les das al alumnado la posibilidad de sacar parte de sus experiencias, permite en algunos casos, ver cuál era la realidad hace solo unos años en nuestras sociedades llamadas, incluso entonces, “avanzadas”. Las mujeres, hijas incluso, a disposición permanente de sus progenitores que no diferenciaban en si eran menores de edad o con diversidades funcionales o no. Solo veían un “elemento” para saciar su placer a cualquier hora o en cualquier situación.

Afortunadamente, alguna cosa ha cambiado en los últimos años y el feminismo ha conseguido que se reconozcan y castiguen estas situaciones que hoy en día estarían penadas.

Desde el movimiento feminista se busca el pleno reconocimiento de las mujeres como sujetas de pleno derecho, con sus derechos plenos de ciudadanía y, entre ellos el de una vida digna y libre de violencias machistas de todo tipo. El resto de los discursos no me representa para nada. ¿Y a ti?

20/TMC/LGL

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