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30 de agosto, Día Internacional contra la desaparición forzada

Por Teresa C. Ulloa Ziáurriz

En nuestro país, la desaparición forzada por agentes estatales y por particulares es un problema muy grave. Según datos oficiales, hay 73 mil personas desaparecidas, de entre las cuales estimamos que 50 por ciento son mujeres.

El problema de la desaparición forzada en México inició en los tiempos de la Guerra Sucia, pero ha cobrado actualidad, desde el auge del narcotráfico, como un problema multifactorial y multicausal.

También ha cobrado auge como producto de la trata y la explotación sexual y reproductiva de las mujeres, y el feminicidio. Sin embargo, las víctimas de feminicidio y de delitos en materia de trata de personas no están incluidas en las estadísticas de la Comisión Nacional de Búsqueda, lo que nos da el temor fundado de que nadie las está buscando.

En el periodo de la pandemia y el confinamiento aumentó considerablemente la violencia contra las mujeres, los feminicidios y la desaparición, pero seguimos esperando políticas públicas para abordar estas formas de violencia contra las mujeres y las niñas. tenemos que considerar, además, que nuestro país es una inmensa fosa clandestina.

Muchas familias se han tenido que volver expertas en la búsqueda, en la búsqueda de fosas clandestinas o, incluso, en medicina forense para identificación humana.

También el movimiento para la búsqueda de personas desaparecidas ha
nucleado a miles de familias que han aprendido a usar las redes sociales
en la búsqueda con vida de sus personas familiares desaparecidas.

Entre las recomendaciones que hizo el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra las mujeres destacan las que se refieren a: “Adoptar medidas de carácter urgente para prevenir las muertes violentas, los asesinatos y las desapariciones forzadas de mujeres, en particular combatiendo las causas profundas de esos actos, como la violencia armada, la delincuencia organizada, el tráfico d estupefacientes, los estereotipos discriminatorios, la pobreza y la marginación de las mujeres”.

Entre los recomendaciones de la CEDAW estaba también mejorar los mecanismo de la Alerta Amber y el Protocolo Alba, lo que no ha sucedido. Hay datos muy alarmantes: en el Estado de México las cifras oficiales reportan mil 798 mujeres desaparecidas por razones de género, aunque dos organizaciones de la sociedad civil, en un diagnóstico que presentaron, reportan más de 8 mil mujeres y niñas desaparecidas. Eso confirma que la cifra negra es de casi 80 por ciento. En Puebla, por otro lado, se reporta desaparecida un mujer o niña cada dos días.

El 13 de agosto se cumplieron 8 años de la desaparición de Jessica Cerón Salinas, con un embarazo a término. Hasta el momento no saben nada sobre su paradero. Su madre escribió:

“Hoy se cumplen 8 años de no ver a mi hija Jessica Cerón Salinas, ella desapareció el 13 de agosto de 2012 en Jiutepec, Morelos. Al momento de desaparecer estaba embarazada, sólo a unos cuantos días de dar a luz a su hijo, al que llamaría Max, al que esperaba con tanta ilusión.

Hoy a través de este mensaje quiero pedirles que me ayuden a difundir su foto, que esta fecha ni ella queden en el olvido. Deseo que todos los que la conocieron la recuerden como esa gran amiga, compañera alegre que compartió algún buen momento con ustedes y que conocieron su gran ilusión de convertirse en madre.

Ayúdenme a levantar mi voz porque han sido los más largos 8 años que he vivido por no saber dónde esta Jessy, de extrañar verla y abrazarla. Hoy solo deseo poder decirle a ella que aquí estoy esperándola, soy una madre en lucha que seguirá tocando puertas, que mientras Dios me preste vida la seguiré buscando sin parar.

En estos años he vivido la indolencia de las autoridades, la falta de actitud y compromiso por ejercer el bien y la justicia, autoridades corruptas que se vendieron a favor de delincuentes, autoridades omisas con tanta falta de sensibilidad hacia las víctimas y desinterés por hacer su trabajo.

Estoy aquí y seguiré buscándote Jessy, te abrazo en la distancia y deseo que Dios te acompañe donde sea que te encuentres, eres un pedazo de mi vida que se fue desde tu ausencia, te amo hija y a pesar de la distancia sé que sentirás mi amor porque ese es más fuerte que todo y que cualquier distancia”.

Otro caso es el de la mamá de María José Monrroy Enciso, que también publica en
Facebook sobre el caso de su hija desaparecida en Tecámac, Estado de México, el 21 de Septiembre del 2010:

“Yo me encontraba laborando en mi óptica cuando un sujeto de nombre Geyser
Crespo García solicitó una valoración visual, yo le realicé el estudio y al terminar él se retiró. Una semana después (21.09.10) regresó con el pretexto de ordenar sus lentes. Yo le permito el acceso y es cuando cierra las dos puertas del consultorio. (En ese momento sé que algo malo esta por ocurrir, un temblor recorre todo mi cuerpo, mientras veo a mi hija con esos ojitos grandes y brillantes).

De pronto, él empieza a golpearme y amenazarme con una navaja, me pide que ponga a mi hija en su silla. Yo aterrorizada y pensando en el bienestar de mi bebé lo hago, y es cuando me toma por detrás para cortarme la garganta. No siento dolor. Es algo como un hilo caliente que recorre mi garganta, siento cada segundo y cada movimiento de la navaja al pasar por mi cuello. ¡Pienso en mi hija! Imagino muchas cosas y nada a la vez. Yo caigo y me empiezo a desangrar.

Aún en el piso, y luego de ya dos intentos por levantarme, hago un último intento por buscar a mi hija con la mirada y las pocas fuerzas que aún me quedaban. Puedo ver que toma en brazos a mi hija María José Monroy Enciso de 11 meses de edad, toma el monitor de mi computador y lanza los papeles y objetos de mi escritorio, rápidamente sale del consultorio.

Por unos momentos todo se nubló y no supe más por pocos segundos. Pasan rápido los segundos, se convierten en minutos. Sigo en el piso, nadie sabe que estoy ahí desangrándome, nadie sabe quién se llevó a mi niña, pero yo si lo sé. Yo lo vi. Después de unos minutos yo reacciono y con esfuerzos, en el tercer intento por levantarme.

Salgo de la óptica a pedir ayuda con mis manos cubriendo mi garganta, pues el sonido no sale, me quede sin voz, nadie me escuchaba. Al fin se acercan a ayudarme, ya no supe más de mí.

Me intervinieron quirúrgicamente con una traqueotomía, los médicos me
daban pocas esperanzas de vida. De no morir en el quirófano o en la recuperación, podría perder la voz. Después de una semana reaccioné, pido rápidamente información de mi hija, con la esperanza de que ya estuviera en casa o con alguno de mis familiares. Pregunto y me dicen ¡no la encontramos!

Yo hago mi declaración por escrito en el hospital, pues no podía hablar. Doy la media afiliación del sujeto que se roba a mi hija. Hasta esa semana nadie ha hecho nada por encontrar a María José, no existía la Alerta Amber, nadie acudió con mi familia, quienes se encontraban desesperados en minutos que valían oro. Solamente ellos, mi familia, han hecho lo que está en sus manos por localizarla.

Un mes después, en octubre, cumpliendo mi hija ya 1 año de vida, es detenido un delincuente porque una niña de 14 años lo denunció como su violador y las autoridades se dan cuenta que es el mismo que se robó a mi hija María José. Yo lo reconozco plenamente, él declara haber asesinado a mi hija y haberla arrojado a un canal de aguas negras.

Sin embargo, buzos de la marina entraron al lugar y sólo encontraron 2 cuerpos de adultos flotando, ya de más tiempo, pero el de mi hija no. Dos cuerpos sin nombre, una búsqueda hecha por compromiso, un arresto logrado por mera casualidad y un criminal protegido por el excesivo garantismo penal, ¿De quién eran los cuerpos? Al parecer en México eso no importa.

Hasta la fecha Geyser tiene una sentencia por intento de homicidio en mi persona a 15 años, el caso de mi hija por privación de la libertad y el caso de la niña de 14 años aun está en desahogo de pruebas. Está comprobado que el sujeto miente en sus declaraciones, pero han pasado 10 años y nadie ha logrado que hable con la verdad. Mi familia y yo luchamos por encontrar a María José pero encontramos trabas pues Derechos Humanos protege a este tipo de delincuentes, mientras tanto aún no sabemos dónde está mi hija. La única persona que puede decir dónde está, al parecer, jamás lo dirá, las personas que podrían ayudarnos a obligarlo a declarar tampoco están dispuestas a colaborarnos.

No hay modo de castigar a un asesino confeso, protegido por la #CNDH en cuanto a sus garantías, no hay una sentencia por la violación de la menor de 14 años, lleva el proceso CINCO INEXCUSABLES AÑOS, no hay postura de las autoridades, no hay justicias para la familia, no hay respuestas de la única persona que las tiene.

Ya hoy está sentenciado a 183 años de cárcel, sin embargo no hemos podido encontrar a mi hija. Pero mientras no la encuentre y yo tenga vida, la seguiré buscando”

Así como estos testimonios podemos compartirles muchos otros que son muestra de cómo actúan las autoridades, violando el principio de la debida diligencia, donde las autoridades se convierten en cómplices de los criminales, por omisión. Sólo nos queda seguirlas buscando.

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