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El tiempo de las mujeres vale oro

Por Lucía Lagunes Huerta
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CIMACFoto: Maricruz Montesinos

¿En qué ocupan su tiempo las mujeres y los hombres? gran pregunta especialmente en tiempo de pandemia, pero aun cuando no la haya, identificar cuáles son las actividades que realizan unas y otros, permite desentrañar parte del núcleo de la desigualdad de género.

Por ello son tan importantes los resultados que recientemente se dieron a conocer de la Encuesta Nacional sobre el uso del Tiempo 2019, porque nos da la radiografía de las resistencias que hay que eliminar y nos muestra que el tiempo de las mujeres vale oro.

En México, desde 1996 se realiza esta medición del uso del tiempo en cumplimiento al acuerdo internacional de hace 25 años para evidenciar la sobrecarga de las mujeres por el trabajo doméstico y el aporte que éste genera a las naciones.

Hablar del uso del tiempo entre mujeres y hombres es hablar de la división sexual del trabajo, entre el remunerado y el no remunerado.  Donde los hombres se desarrollan plenamente en el primero y las mujeres padecen el segundo.

Por siglos esta división sexual del trabajo ha hecho ver que las tareas del hogar y del cuidado de las personas que integran las familias son actividades poco valiosas, por no producir riqueza, desde una lógica de mercado, pero además que estas tareas les pertenecen a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

Ambas son una mentira, pues el trabajo doméstico no remunerado en México aportó en 2018, 23.5 por ciento del Producto Interno Bruto, en pesos y centavos se traduce en 5.5 billones de pesos.

Por otro lado, el trabajo doméstico no es el reino de las mujeres, sino que es una condición para su desigualdad y el de las niñas.

Los datos

De acuerdo con los resultados de la Encuesta sobre el uso del tiempo 2019 cada semana las mujeres mayores de 12 años dedican 67 por ciento de su tiempo total de trabajo a las tareas domésticas no remuneradas y  31 por ciento al trabajo remunerado a diferencia de los hombres, quienes dedican 69 por ciento al trabajo remunerado, frente al 28 por ciento no remunerado.

Es decir, a mayor trabajo doméstico no remunerado menos posibilidades tienen las mujeres de participar en el trabajo que paga, y ello conlleva a generar condiciones de dependencia económica y desigualdad.

Si comparamos los resultados actuales con los que se obtuvieron en 2014, se observa que en 5 años prácticamente casi nada ha cambiado.

Es decir; las mujeres crecieron en trabajo remunerado un punto y los hombres incrementaron su participación en el trabajo doméstico 3 puntos porcentuales.

Al dividir las tareas entre las domésticas y las del cuidado, la encuesta revela que las mujeres dedican 19 horas más que los hombres a las tareas domésticas cada semana y 7 horas más a las tareas de cuidado que sus pares masculinos.

Esta sobrecarga de responsabilidades y tareas domésticas no remuneradas, siguen siendo la piedra angular para sostener las condiciones de desigualdad que enfrentamos las mujeres y que urge transformar rápidamente. 

Los cambios son de ellos

Para lograrlo es necesario que los hombres asuman que el trabajo doméstico no remunerado y del cuidado es parte de su responsabilidad familiar y social, si no lo asumen difícilmente las mujeres podremos darle la vuelta.

Al analizar las distintas actividades no remuneradas que se desarrollan en los hogares vemos que las mujeres participan con mayor equilibrio con los hombres en actividades como mantenimiento, instalación y reparaciones menores de la vivienda, compras, pagos y trámites, gestión y administración.

El gran salto a la desigualdad está en la preparación y servicio de alimentos; limpieza de la vivienda; limpieza y cuidado de ropa y calzado, donde la carga mayor de estas actividades está sobre las vidas de las mujeres.

En cuanto a los cuidados, a menor edad de las personas a cuidar, mayor participación de las mujeres; a más enfermedad de las personas a cuidar, mayor participación de las mujeres.

Esta radiografía del uso del tiempo entre mujeres y hombres debe servir para las transformaciones personales y para el desarrollo de políticas que permitan dar los saltos necesarios para liberar a las niñas y mujeres de la sobrecarga que les impide contar con el tiempo para su desarrollo integral como seres humanas.

Una de las apuestas para liberar a las mujeres de estas condiciones de explotación es el sistema de cuidados que se ha propuesto en nuestro país y que esperamos se desarrolle muy pronto.

20/LLH/LGL

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