Inicio Opinión La paridad legislativa en Sonora: una utopía cargada de futuro

La paridad legislativa en Sonora: una utopía cargada de futuro

Por Martha Cecilia Miker Palafox

Después de un exhaustivo análisis sobre la composición, liderazgos y participación de las y los diputados de la LXII legislatura del estado de Sonora, planteo que, en términos generales, se presentan omisiones, desbalances y barreras en materia de igualdad de género, quedando como agenda pendiente la búsqueda de la paridad sustantiva de género.

Si bien la legislación en materia paritaria ha permitido la inclusión de un mayor número de mujeres (mayor igualdad numérica) en el Congreso (14 mujeres y 17 hombres), aún persisten obstáculos estructurales y dinámicas legislativas que impiden alcanzar la igualdad sustantiva. Entre estos inconvenientes, que no son pocos ni intrascendentes, se encuentran: la trayectoria política, el reparto desigual del poder, la agenda legislativa de las mujeres postergadas y una cultura patriarcal embebida en y reproducida por las y los diputados, las reglamentaciones y prácticas cotidianas que se hacen presentes en los estereotipos de género, la exigencia social diferenciada, una mayor autoexigencia de las mujeres y las dobles jornadas a las que son sometidas.

En dicha legislatura los hallazgos muestran un perfil general de mujeres diputadas que podría sintetizar en los siguientes atributos: escasa experiencia en legislaturas anteriores, pero gran experiencia al interior de los partidos; desempeño en el ámbito académico y social, un promedio de edad madura y nivel de instrucción profesional y de posgrado similares e, incluso, mejores que los hombres diputados. No obstante, constituyen un pequeño grupo de mujeres que se formaron por décadas y que sus partidos les habían impedido el acceso a cargos públicos, hasta que la política de paridad les permitió arribar a una diputación. Sin duda, la desigualdad entre mujeres y hombres ha sido histórica al interior de los partidos en México y este fenómeno se reproduce al interior del poder legislativo en Sonora.

Este, y otros análisis, parecen apuntar a la inexistencia en los partidos políticos de una generación de mujeres de relevo que se estén preparando y capacitando en igualdad de condiciones para participar en las próximas elecciones, imposibilitando que vayan a lograr la representatividad descriptiva y mucho menos la representatividad sustantiva.

Los principales órganos y espacios de poder al interior de la legislatura siguen estando en manos de los hombres. Resulta evidente que no están siendo incluidas las mujeres en la misma proporción que ellos, por lo que prevalece una distribución desigual del poder, regidos desde el exterior por los intereses partidarios. El control masculino de los órganos de gobierno y de las comisiones estratégicas sigue siendo un gran obstáculo para alcanzar la igualdad plena en el ejercicio parlamentario. Por fortuna, se están registrando incipientes avances gracias a una serie de cambios en la Ley Orgánica del Poder Legislativo y otras medidas que las diputadas están encabezando, para propiciar una participación más igualitaria en la toma de decisiones, junto a sus análogos hombres.

Si bien se observan importantes incursiones de las mujeres encabezando un minúsculo número de comisiones estratégicas, lo cierto es que la tendencia ha sido asignarles y/o autoproponerse para los temas “sensibles” de acuerdo con su “rol de género”. Aun cuando este sesgo es percibido por la mayoría de las y los legisladores, en los hechos opera como una muralla de cristal que genera desigualdades en la división del trabajo legislativo.

Con relación a ello, ciertamente existe una gran diferencia en la productividad global entre diputadas y diputados, a favor de aquellas. Si bien es cierto que en las comisiones que guían las mujeres hay más iniciativas recibidas, también lo es que un menor número son dictaminadas, caso contrario sucede en las comisiones presididas por hombres. Esto prevalece y se explica por el enorme control que los hombres ejercen en los órganos de gobierno de la Cámara. Aunado a ello, la agenda legislativa de las mujeres ha sido postergada por las reformas constitucionales y proyectos estratégicos del gobierno federal, por lo que alcanzar la representación sustantiva en este ámbito todavía se ve lejana, aunque se sigue avanzando a pasos lentos, con mucho trabajo y esfuerzo por parte de las diputadas.

Sumado a lo anterior, al seno de la legislatura se sigue naturalizando el papel de la mujer, en tanto madre y esposa, como la principal responsable de las labores domésticas, la crianza de las y los hijos y el cuidado en el ámbito doméstico. La doble jornada constituye un serio impedimento para las diputadas quienes en su mayoría son madres, con hijos jóvenes y/o adultos y siguen realizando gran parte de las actividades asociadas a la reproducción social y familiar. De igual forma, prevalecen los estereotipos y roles de género que representan serios obstáculos para que las mujeres puedan conciliar su vida privada con la labor como parlamentarias.

Aunque las diputadas en esta situación en su mayoría cuentan con redes familiares y de apoyo para atender dichas responsabilidades, la doble jornada impacta de forma negativa su salud y bienestar, situación contraria a la de sus homólogos hombres. Por si no fuera poco, la exigencia social, autoexigencia y el estereotipo de determinada apariencia física a la que las representantes populares tienen que atender y circunscribirse, hacen que su trabajo legislativo cotidiano vuelva casi imposible lograr una igualdad sustantiva.

Sin embargo, no se puede negar que se han iniciado lentamente, pero con constancia y consistencia, los primeros pasos para transitar en una senda inédita que permita alcanzar la paridad sustantiva en el congreso local. Sin duda, este camino será un objetivo de largo aliento, ya que implica un cambio cultural que repercutirá en las transformaciones de las relaciones jurídicas y humanas entre los géneros.

La Ley de Paridad hasta ahora se confirma como un apoyo indudable, ineluctable e invaluable para dar estos primeros pasos, empero no es suficiente para sentar bases sólidas que faciliten lograr la paridad sustantiva, ya que su espíritu y contenido no cuestiona ni revierte las prácticas patriarcales de las que se nutre la desigualdad entre mujeres y hombres en el ámbito legislativo y partidario, último espacio donde se forma políticamente y accede al poder público. Por esta razón, es imperativo luchar por transitar de la paridad e igualdad numérica a la paridad e igualdad sustantiva.  

En el contexto actual de inicio de campañas electorales y ante la más grande elección histórica del país, en Sonora se renovará el congreso estatal y, gracias a la Reforma Electoral de 2014 y la Reforma a la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales para el estado de Sonora en 2017 (LIPEES, 2017), referente al principio de paridad de género, la nueva legislatura deberá inaugurar este panorama para lograr un parteaguas que termine con las inequidades e injusticias hacia las mujeres. Todas y todos esperamos que la agenda de las mujeres sea prioritaria y que se logre avanzar en el quehacer legislativo y, en general, en todos los ámbitos de poder y decisión, hacia una verdadera igualdad sustantiva de género.

* Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Políticas Públicas. Profesora-Investigadora de El Colegio de la Frontera Norte en temas de trabajo e industria y prevención de la violencia, así como de la participación política y comunitaria de  las mujeres en la frontera norte.

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