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Una oportunidad para sentenciar al asesino de una joven de 15 años

Por Rosalinda Hernández Alarcón
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En Guatemala, donde las muertes violentas de mujeres sigue en aumento y la impunidad prevalece, cobra relevancia el juicio que se sigue contra Gustavo Adolfo Bolaños, presunto asesino de la joven de 15 años, María Isabel Feliz Franco, aunque este femicidio/feminicidio ocurrió en diciembre de 2001, las autoridades policiales hicieron caso omiso de la denuncia presentada por la madre de la víctima.

En el peritaje presentado el pasado 3 de febrero por la reconocida abogada María Eugenia Solís García, se señala que dentro del mapa de relaciones que tenía María Isabel, la única que representaba riesgo era la que sostenía con Bolaños, quien hace dos décadas tenía 39 años de edad, tras indicar que los agentes estatales participaron en denigrar la reputación de la joven. María Isabel tuvo una relación con Bolaños, misma que fue caracterizada por una serie de desigualdades que le daban a ese hombre el poder sobre la joven: La primera de ellas era la diferencia de edad; ella 15 y él 39 años. Ello implica que para ganarse su confianza, él tenía mayor experiencia, conocimiento, mayor desarrollo de habilidades y destrezas, competencias e instrucción. Además existían diferencias a nivel socio económico, ya que él era comerciante y ella al contrario, vivía en condiciones precarias.

En el año 2001, cuando ocurrió la muerte violenta de la María Isabel, sucedieron 303 muertes violentas de mujeres o casos de femicidio/feminicidio como lo consigna el Informe Estadístico de la Violencia en Guatemala, realizado en 2007 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con base en datos de la Policía Nacional Civil. En 2020, organizaciones de mujeres reportaron 785.

En este contexto, en el que es común culpar a las mujeres de ser objeto de violencia, es oportuno resaltar una definición contenida el peritaje mencionado: La cultura guatemalteca basada en patrones culturales discriminatorios contra las mujeres, les asigna un mandato de sumisión, obediencia debida, supeditación y subordinación a los hombres. La ideología que justifica estos poderes y relaciones desiguales, está basada en el mito de la inferioridad y fragilidad de las mujeres. A ellas les trae consecuencias incumplir los mandatos y roles asignados”.

21/RHA/LGL

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