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Precisiones

Por Cecilia Lavalle
CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

Tuve un sabio maestro en la universidad, que solía decir: “precisamente lo obvio es lo que hay que explicar”. Por eso, señor presidente, le explicaré que si hay algo opuesto al conservadurismo es justamente el feminismo.

Mire, el conservadurismo adquiere su nombre porque lo que desea es “conservar”. Conservar el estado en el que se encuentra un sistema político o económico; conservar las tradiciones, las costumbres, los valores en los que cree una sociedad determinada en un momento determinado.

Pues bien, le explico que el feminismo nació como contraparte. Es decir, su esencia es oponerse a todo aquello que “conserve” una idea contraria a la igualdad de mujeres y hombres.

Porque, verá usted, de entre lo mucho que el conservadurismo quiere conservar, una idea fundamental es que mujeres y hombres no podemos ser iguales. Y eso significa que no debemos tener la misma garantía, goce y ejercicio de todos los derechos a que tenemos derecho sólo por nacer humanas.

Y cuando digo todos, quiero decir to-dos. Derecho a decidir sobre lo que sucede o no en nuestro cuerpo, derecho a vivir una vida libre de violencia, derecho a la mitad del poder, por mencionar algunos.

Como la idea de igualdad es la semilla que germina en el corazón del feminismo, han sido feministas las que han puesto vida, cabeza y corazón; tiempo, trabajo y organización, en conseguir las libertades y derechos de los que hoy gozamos las mujeres del mundo.

¿Aprender a leer y escribir? Lo consiguieron las feministas. ¿Poder tener educación escolarizada, y luego poder estudiar en una Universidad? Lo consiguieron las feministas. ¿Poder votar? Las feministas. ¿Poder divorciarse? Feministas. ¿Qué la violencia dentro del hogar fuera un delito? Feministas. ¿Qué tu esposo no tenga permiso de violarte? Feministas. ¿Paridad? Feministas.

Si ha visto alguna película que recree algún momento del siglo XIX, tendrá clarísimo que lo menos “conservador” de esa época de grandes cambios económicos y sociales, era precisamente “voto para las mujeres”. Porque nadie tiene muchos reparos en las innovaciones tecnológicas de ese y otros tiempos. Pero esa disposición no se tiene con las innovaciones sociales.

Sin ir tan lejos en el tiempo, hoy se pueden apreciar las enormes resistencias que existen a que las mujeres gobiernen en paridad en todos (y quiero decir to-dos) los cargos de toma de decisiones. ¿Puede haber algo menos conservador que eso?

Hoy se puede apreciar, también, todas las acciones para despenalizar el aborto. ¿Le parece eso conservador?

El conservadurismo, señor presidente, bajo ninguna perspectiva lo estamos poniendo las feministas.

Apoyar, tácita o explícitamente, a un candidato de SU partido acusado de violación sexual, eso sí que es profundamente conservador.

Y es posible que la petición de “Rompa el pacto” no le quede clara. Pero qué parte no queda clara de la exigencia: “Ni un agresor al poder”, o “ni un violador como gobernador”.

Con las feministas se ha equivocado, señor presidente. Muchas veces. Pero acaba de atravesar una línea que es simple y llanamente inaceptable.

Parafraseando a la feminista Angela Davis: No vamos a aceptar las cosas que no podemos cambiar. Vamos a cambiar las cosas que no podemos aceptar.

21/CLT/LGL

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