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María Elena Chapa, una vida a favor de los derechos políticos de las mujeres

Por Anayeli García Martínez

Ciudad de México.- La lista de protagonistas que han trabajado para garantizar los derechos políticos y electorales de las mujeres en México es larga, pero durante varios años estuvo encabezada por la priista María Elena Chapa Hernández, quien hace tres décadas promovió la incorporación de las cuotas de género en la ley y sentó las bases para reconocer la paridad en cargos de decisión que se reconoció en 2014 y se amplió en 2019.

María Elena nació el 19 de abril de 1944 en el municipio de Doctor González, en el estado de Nuevo León. Vio la luz justo cuando cientos de mexicanas buscaban generar condiciones para participar en la vida política del país. “La Chapa”, como le decían sus allegados murió este 9 de agosto, a los 77 años de edad, después de trabajar todo una vida para que en la ley se reconociera que la mitad de los cargos legislativos, ejecutivos y judiciales deben ser para las mujeres.

Su entorno estuvo marcado por el salto que las mujeres dieron del mundo privado al mundo público. Era una niña cuando el movimiento sufragista consiguió que la venía del Presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines, para que el Congreso de la Unión aprobara la reforma constitucional que reconocía el derecho de las mujeres a votar. Aquella reforma fue publicada en el Diario oficial el 17 de octubre de 1953 y desde entonces no hubo vuelta atrás. Años después la neolonesa trazó su propia parte la historia en la defensa de los derechos políticos.

Mujer priista

Como pocas mujeres de la política, María Elena Chapa fue reconocida en decenas de ocasiones por feministas y militantes de partidos políticos. Su legado, coinciden quienes la conocieron, fue la honestidad intelectual. Militó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y desde allí cuestionó al poder, fue de las pocas que alzó la voz a favor del aborto y de las muchas que insistió en la necesidad de políticas a favor de una vida libre de violencia para las mujeres.

Su vida política comenzó a los 25 años de edad en el PRI, partido que dominaba el escenario político del país y al que ingresó en 1969. La primera elección en la que compitió fue para ser legisladora en Nuevo León en 1985 y aunque ganó en su partido le dijeron que tenía que perder, asi que no obtuvo el cargo. Aun así, con las siglas del tricolor fue diputada federal de 1988 al 1991, senadora de 1991 a 1997, diputada local del 1997 al 2000, y nuevamente diputada federal del 2000 al 2003.

Apenas en abril de 2021 explicó las razones de su militancia. Esto dijo durante un homenaje que le hicieron en el Tecnológico de Monterrey: “Mi abuelito fue alcalde, un tío mío fue alcalde, la primera mujer diputada local, Ofelia Chapa (en 1964), fue familiar también. Crecí dentro de un partido político en el cual sigo militando hasta la fecha, como un asunto natural para toda la familia. Quise pertenecer a otros partidos llamados de izquierda y no me admitieron, no me aceptaron porque no sabía lo suficiente de Marx, no sabía lo suficiente de Engels o Trotski, los que anduvieran de moda”.

Fue una “priista progresista”, como la llamó la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Dulce María Sauri Riancho, quien este lunes emitió un mensaje en sus redes sociales ante el deceso de su colega, con quien compartió tribuna en 1988 cuando una era senadora y la otra legisladora federal. “Acompañó al PRI en los triunfos y en sus derrotas y nunca ha perdido el rumbo de saber que nuestro partido, nuestros principios, nuestra propuesta son las que permitieron construir el México del pasado y son las que permiten orientar las grandes transformaciones del futuro”, dijo Sauri Riancho.

Sin embargo, como egresada de una escuela normal, licenciada en Filosofía, maestra en Filosofía y maestra en Recursos Humanos, antes de dedicarse de tiempo completo a la política fue profesora de primaria, secundaria, escuela normal y comentarista en el noticiero Acontecer, de Canal 28 del Gobierno del estado de Nuevo León. Dos espacios desde donde promovía los derechos de las mujeres. En años más recientes también fue profesora universitaria, y asi pudo replicar el pensamiento de su amiga, la filósofa y escritora españoa, Amelia Valcárcel, sobre la relación entre las mujeres y el poder.

La Cuarta Conferencia de la Mujer

En 1995, cuando “La Chapa” ya era reconocida como feminista, activista e intelectual, fue parte de la delegación oficial del Gobierno de México que viajó a Beijing, en China, a la Cuarta Conferencia de la Mujer, organizada por Naciones Unidas, donde se delineó el documento que hoy se conoce como Plataforma de Acción de Beijin y que sigue siendo hoja de ruta en todo el mundo para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres.

En ese encuentro internacional, el último de esa naturaleza que organizó la ONU, acudió en su papel de senadora con priistas de renombre como Silvia Hernández Enríquez, Ifigenia Martínez Hernández, María de los Ángeles Moreno Uriegas, Beatriz Paredes Rangel y Dulce María Sauri Riancho. Otra de las mujeres que estuvo allí fue la actual senadora Patricia Mercado Castro, quien en ese año era de la sociedad civil. “Eran una masa crítica, feminista, al interior del PRI, del partido en el poder y María Elena nunca dudó, nunca, siempre era muy congruente”, recueda.

Aquella conferencia internacional fue un parteaguas porque las delegaciones de todos los países, empujadas por mujeres reconocieron que la situación de desigualdad de las mujeres afecta a la sociedad en su conjunto y acordaron acciones y compromisos en 12 áreas: medio ambiente, salud, medios de difusión, conflictos armados, niñez, economía, pobreza, violencia, educación, Derechos Humanos, ejercicio del poder y mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer.

Entusiasmada por los cambios que traería el nuevo siglo, cuando María Elena regresó a México se puso a trabajar para cumplir estos compromisos. Su primer encargo fue presidir el Consejo Consultivo del Programa Nacional de la Mujer (PRONAM), creado en 1996 para definir estrategias y acciones específicas para impulsar el avance de las mujeres. Este fue el antecedente del Instituto Nacional de las Mujeres, creado en 2001.

Tiempo después, en su estado se dispuso a implementar políticas locales para favorecer el desarollo de las mujeres en todos los ámbitos de la vida, pública y privada. En 2003, en Nuevo León se creó el Instituto Estatal de las Mujeres. Desde esa fecha y hasta 2016, María Elena estuvo al frente de una institución que en opinión de Patricia Mercado ha sido de las más productivas por la disposición de quien la dirigió. “ Siempre dispuesta, siempre aliada, siempre abriendo las puertas”.

Una voz disidente

En marzo de 2018, María Elena Chapa recibió del Senado el reconocimiento Elvia Carrillo Puerto, nombrado así en honor a la sufragista y luchadora social. En esa ocasión la priista dijo: “igual que ella, muchas mujeres sabemos que a cualquier lado que te hagas, con el tema de las mujeres, tú encuentras obstáculos, por donde quieran que te vayas encuentras un obstáculo, una vereda, un cómo salir del camino, cómo liberar esa decisión, y esos obstáculos no son implícitos, son explícitos claramente”.

En su carrera política fue una voz disidente dentro de su partido. Se reconoció feminista y defensora del derecho de las mujeres a elegir si desean tener un aborto, a pesar de que el PRI evitaba esos temas, ella no negó su posición; pero también siguió prácticas políticas, según la vieja usanza, como salir de las sesiones donde se votaban inciarivas con las que no estaba de acuerdo, como ella misma reconoció.

También fue una mujer institucional que recurrió decenas de veces a los tribunales electorales para defender que las militantes del PRI y de otros partidos pudieran competir por cargos de elección. “Vio como en 1991 descendía bruscamente el número de mujeres en el Senado de la República hasta reducirse solamente a tres. Tomó a partir de esa experiencia la bandera de establecer primero las cuotas obligatorias para los partidos políticos en la postulación de candidaturas”, recuerda Dulce María Sauri.

Como presidenta del Congreso Nacional de Mujeres por el cambio del Partido Revolucionario Institucional, de 1994 a 1999, impulsó las cuotas de género en el entonces Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, es decir, la obligación de los partidos políticos de destinar 30 por ciento de sus postulaciones a las mujeres. Pero no sólo eso, también pugnó para imponer sanciones a quienes no cumplieran. Fue contundente: quitar el registro a quienes no cumplieran. Aunque esto no sucedió.  

“Todo el camino andado para el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres se lo debemos en gran parte a María Elena. Gracias a mujeres como ella, que empeñaron su vida en abrir brecha y en generar leyes que permitieron el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, muchas hoy somos legisladores”, sostiene Martha Tagle Martínez, otra de las promotoras de la paridad.

En 1994, cuando Tagle ingresó al área de Mujeres Jóvenes del Congreso Nacional de Mujeres, se encontró con una María Elena enérgica. “Una  mujer muy fuerte que decía las cosas claras, de frente, directas. Y eso no lo hacía cualquiera, solo una mujer como María Elena que logró construir voz propia”. Aquella actitud todavñia era de transgresoras, aunque en esa época  las priistas ya estaban tomando las tribunas. Por ejemplo, ese año María de los Ángeles Moreno Uriegas asumió como primera mujer presidenta del PRI.

En años recientes, como parte de la Red de Mujeres en Plural, María Elena Chapa fue una de las mujeres que firmó un juicio ciudadano que se presentó ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para exigir que se dejara a las mujeres ser candidatas y cerrar la puerta a la simulación, como postularlas y una vez que ganaban hacerlas renunciar para que el lugar lo ocuapran los hombres. En 2011 esta impugnación dio origen a la sentencia “12624”, que estableció que cualquier partido, coalición o alianza estaba obligado a cumplir con la entonces cuota de género del 60/40.

“Latosa y necia”

En abril de este año, María Elena Chapa dijo que con los años se volvió “una mujer latosa y necia” para mucha gente. Cuando hablaba de las mujeres y de la perspectiva de género incomodaba a sus interlocutores. “Me decían que si género era un pedazo de tela o que si era un género literario”, rememoró en una ocasión.

Quizás por eso tardó en recibir la palmada de su partido.  “Fui presidenta del Senado en 1993. Y lo curioso: hay compañeros que han sido vicepresidentes de la Cámara de Diputados, no del Senado, y llegan a Nuevo León y les hacen unas comilonas, unas fiestas, borregos, cabritos y yo que fui presidenta del Senado, nadie me dijo nada, nadie”.

Sin embargo, hoy es reconocida. La diputada priista Lucero Saldaña Perez dice: “Si la describiera con una palabra te puedo decir: incansable”. Ellla fue, según las palabras de Saldaña, internacionalista, formadora de liderazgos y promotora de la participación política de las mujeres. Como muestra, a nivel internacional fue presidenta fundadora del International Women ́s Forum (IWF), Capítulo México, en 1993.

Como legisladora, funcionaria y política siempre trabajó; como filósofa su pasión fue la argumentación de ideas, programas, políticas públicas, reformas y juicios. Su labor la hizo merecedora de diversos premios, uno de los que más la enorgulleció fue el que recibió en 1995, “Mujer de México”, que recibió en Atlanta. En los últimos meses se mantuvo activa en seminarios y conversatorios hasta donde lo permitió su enfermedad.  

21/AGM/AJSE

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