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Cada 34 horas es agredida una periodista en México en total impunidad

Por Aline Espinosa Gutierrez
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Ciudad de México. En México cada 34 horas una mujer periodista es agredida, desde persecuciones estatales, criminalización, estigmatización, uso de poder o fuerza pública, hasta violencia física o digital, debido a su labor periodística o a su condición de género, sin embargo, la mayoría de estas agresiones queda en la impunidad ante el desinterés histórico de los gobiernos para atacar esta problemática. 

Durante 2020, Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) documentó 251 casos de violencia contra mujeres periodistas mexicanas. El aumento de agresiones hacia ellas fue de un 53 por ciento de 2019 a 2020, es decir cada 34 horas una periodista fue agredida por realizar su labor informativa y 2 de cada 10 periodistas fueron sujetas a algún tipo de violencia, en particular en la Ciudad de México, Puebla, Estado de México y Veracruz. 

Al participar en el conversatorio “Voces de resistencia: por la eliminación de las violencia contra las mujeres y las mujeres periodistas”, la directora CIMAC, la periodista Lucía Lagunes Huerta, dijo que éste es el panorama que la administración a cargo de Andrés Manuel López Obrador no quiere reconocer, ni trabajar, a pesar de que las cifras muestren que la violencia contra mujeres periodistas va en aumento y que existe un Mecanismo de Protección para Defensoras y Periodistas, que en 2022 cumplirá una década operando en el país.

Ejemplo de ello es la represión que vivieron periodistas que cubrieron temas relacionados con la Covid-19, las marchas feministas del 8 de marzo y el 25 de Noviembre, quienes fueron agredidas por cuestionar la gestión y declaraciones del presidente López Obrador hacia esos temas, en especifico las reporteras de la fuente de sociedad y política fueron víctimas de bloqueos de información, campañas de desprestigio, hostigamiento, entre otras violencias. 

Lagunes Huerta enfatizó que el Mecanismo es necesario en el país porque durante años las mujeres periodistas no han podido realizar su labor sin el temor de ser amenazadas, intimidadas, violentadas, ya sea física, y ahora digital. Los agresores de estas acciones son diversos: jefes, compañeros de trabajo, autoridades, quienes “se sienten con el derecho de hacer insinuaciones sexuales sin que se las pidamos”, agregó. 

La violencia digital contra mujeres periodistas, de acuerdo con lo documentado por CIMAC, ocurre en 3 de cada 10 casos, de los cuales 51 por ciento sucede por medio de Twitter, sin embargo, la violencia institucional es el espacio en donde más acontecen las agresiones, con un 43 por ciento, mientras que la violencia comunitaria ocurre en un 28 por ciento de los casos. Los ataques provienen un 26 por ciento de la población civil, un 5 por ciento de funcionarios federales, un 22 por ciento de funcionarios estatales y un 18 por ciento por funcionarios municipales. 

En opinión de Lagunes Huerta, aunque estas cifras visibilizan un poco cómo, dónde, y quién violenta a las mujeres periodistas, aún hay una cifra negra sobre ello, ya que no todas las comunicadoras cuentan con apoyo o una red que las sostenga y respalde para denunciar, o la violencia está tan normalizada que no es perceptible, no obstante, el camino a seguir es tratar de poner esta problemática en la luz. 

Por su parte, la editora de “la Cadera de Eva”, Diana Juárez Torres, comentó que el documental “No callarán nuestras voces” de Yennué Zárate Valderrama, muestra que la violencia hacia periodistas en México es “descarnada”, pero las mujeres lo viven doblemente “desgarrador” por estar en el periodismo y por ser mujeres, en un sistema patriarcal, donde los medios de comunicación representan una herramienta para administrar el poder de los hombres sobre las mujeres. 

“En este documental me llamó mucho la atención los comentarios, sobre todo el de la directora de la “Agencia Fronteriza de Noticias”, Dora Elena Cortés. Ella contaba que en un inicio nadie valoraba su trabajo, que no sería capaz de llevar a cabo su profesión. Hasta hace poco comenzamos a registrar este tipo de violencia contra las periodistas, pero antes no, porque se había normalizado”, detalló Juárez Torres. 

Lagunes Huerta reiteró que antes era más común que las “periodistas silenciaran las violencias que estaban viviendo porque no querían ser estigmatizadas como las que se quejan de todo, todo el tiempo, esto les dio una carga enorme porque estaban viviendo la violencia de una soledad sin poder decirle a nadie ni siquiera a sus familias, por eso empezamos a hablar de lo importante que era romper el silencio”. 

Ambas especialistas en el tema coincidieron que es importante nombrar y registrar la violencia que viven las mujeres periodistas para así evidenciar esta problemática al mundo y entre ellas mismas tejer redes de apoyo, de comunicación, de protección y espacios para que su labor sea reconocida y difundida a fin de posicionar su voz en el contenido de la información.

21/AEG/LGL

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