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Mujeres, educación y ciencia

Por Gabriela Narcizo de Lima*
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Tanto la educación como la igualdad de género son componentes importantes de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015. La ciencia, la tecnología y la innovación, también son elementos indispensables para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ya que son las claves para abordar temas como la salud humana, los impactos del cambio climático, la seguridad alimentaria, la administración de los recursos naturales, la protección de la biodiversidad, entre otros.

No obstante, si deseamos lograr las metas propuestas por los ODS, se requieren cambios urgentes para que la educación alcance su máximo potencial. Esto incluye medidas para eliminar las desigualdades históricas en el acceso a todos los niveles educativos y la subrepresentación de las mujeres en carreras científicas, especialmente tratándose de áreas como tecnología, ingeniería y matemáticas.

Sabemos que la formación en las diferentes ramas de la ciencia puede proporcionar los saberes, conductas y habilidades necesarias para crear sociedades más inclusivas y sostenibles, pero a pesar de ello, actualmente sólo 28 por ciento de todos los investigadores en el mundo son mujeres, y esta desigualdad tan profunda no se da por casualidad.

En pleno siglo XXI, aún son muchas las jóvenes y niñas que se ven impedidas de avanzar en sus estudios por causa de la discriminación, los sesgos, las reglas sociales y las expectativas que impactan la calidad de la educación que reciben. Entre las pocas adolescentes que logran concluir sus estudios, sólo 7 por ciento manifiesta algún interés por dedicarse a profesiones técnicas en el futuro, porcentaje que prácticamente se triplica en el caso de los jóvenes varones.

Las brechas de género en la educación se vuelven más profundas en los niveles superiores. Las mujeres representan aproximadamente 35 por ciento de todos los estudiantes matriculados en universidades alrededor del mundo, valor que se refleja en el número de mujeres que deciden cursar una maestría y/o un doctorado y seguir trabajado como investigadoras en las diferentes áreas del conocimiento.

También se observan discrepancias por disciplinas, con un número mucho más bajo de matrículas femeninas en los cursos de ingeniería, manufactura y construcción, ciencias naturales, matemáticas, estadísticas, tecnología de la información, entre otros.

Para el caso específico América Latina y el Caribe, aproximadamente 45 por ciento de todos los investigadores son mujeres. Si bien este porcentaje muestra una relativa paridad de género en la investigación científica, es importante observar con mayor detenimiento las condiciones de trabajo impuestas a las mujeres en esta región del mundo.

Como científica brasileña, que vive y trabaja en México, puedo destacar algunos aspectos importantes que revelan la disparidad de género que todavía persiste en nuestro medio. Además de las diferencias en el acceso de jóvenes y niñas a los diferentes niveles educacionales, en el ámbito laboral las mujeres también enfrentan dificultades para acender a puestos más altos en el medio científico, ocupados normalmente por hombres, lo que hace que muchas de nosotras aceptemos trabajar en posiciones no acordes a nuestros niveles de preparación y dificulta nuestra llegada a los últimos escalones de la carrera científica.

Otro aspecto relevante que marca las diferencias entre mujeres y hombres en la ciencia, especialmente en Latinoamérica, son los estereotipos en el imaginario social, en el cual prevalece la imagen del científico varón con características muy particulares. Apenas vamos empezando a romper con estos estereotipos, dando mayor visibilidad al trabajo de mujeres científicas, pero la ola conservadora por la cual está pasando nuestra región actualmente, puede provocar un retroceso en los pocos cambios que hemos logrado, además de frenar los avances de la ciencia como un todo.

En el caso particular de México, si bien los datos de la participación femenina en proyectos de investigación resultan alentadores, puesto que nosotras representamos aproximadamente 40 por ciento del total de investigadores, aún es necesario impulsar más la participación de las mujeres en campos como las ingenierías, el conocimiento del universo, la energía y el desarrollo tecnológico.

Son muchas las científicas mexicanas reconocidas internacionalmente, pero seguimos enfrentando restricciones laborales, sociales y culturales dentro del país, que limitan nuestro acceso a la educación y a la financiación de la investigación, lo que impide que muchas de nosotras desarrollemos completamente nuestro potencial en este medio.

Delante de esta situación, somos llamadas a luchar por cambios inmediatos en el ámbito de la ciencia mexicana, que posibiliten el fortalecimiento del acceso igualitario a cátedras y fondos de investigación, la implementación de cuotas y programas de subsidios para las áreas en las cuales estamos subrepresentadas y el desarrollo de sistemas educativos con perspectiva de género, que promuevan la eliminación de estereotipos y que fomenten el interés por la ciencia y la tecnología entre las niñas de todo el país.

*Profesora-investigadora de El Colef, Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente, Sede Piedras Negras

22/GNL/LGL

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