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Hartas de la impunidad

Por Lucía Lagunes Huerta

El asesinato de la periodista Lourdes Maldonado López (el pasado 23 de enero, en Baja California) nos recuerda que no estamos a salvo, que por desgracia la muerte nos sigue acechando porque no hay una voluntad de Estado que haga girar el timón para garantizar que nunca más se asesine a ningún periodista por pedir justicia o por hacer su tarea social de informar.

En un país feminicida como México, donde asesinan a 11 mujeres cada día, el feminicidio de una periodista debe interpelarnos a nivel social pues toca las fibras de la normalización de la violencia en nuestra contra. Es decir, porque existe un doble riesgo: ser mujeres y ejercer una de las profesiones más peligrosas.

La respuesta presidencial ante el tercer asesinato de una personas periodistas en este año indigna porque disminuye la responsabilidad del personaje político y descalifica la exigencia de justicia del gremio periodístico e incluso de las instancias internacionales.

Es no querer ver el desastre que se tiene en frente y mirar para otro lado, como lo han hecho todos, como lo han hecho los tres presidentes anteriores.

Desde CIMAC hemos registrado que en el año 2021 cada 38 horas una mujer periodista o comunicadora fue sujeta de violencia por su labor de comunicar y desde el año 2000 se han registrado148 periodistas asesinados de periodistas, haciendo de México el país más peligroso para ejercer el periodismo después de Afganistan a nivel mundial.

Exigir que la investigación involucre al ex gobernador de Baja California, Jaime Bonilla Valdez, no es politiquería ni juicio sumario, es una obviedad, pues es el actor directo que podría sentirse perjudicado por el laudo laboral ganado por Lourdes Maldonado a la empresa, propiedad del político.

Exigir justicia y cero impunidad también es una obviedad, cuando en estos tres años suman 47 periodistas asesinados, hasta diciembre 2021, pero sólo existen cinco sentencias.

Por ello es tan insultante la insensibilidad del presidente.

Seguir negando esta realidad no hará que desaparezca pero alimentará el autoritarismo y la violencia contra periodistas, porque los agresores constantan que no hay voluntad por erradicarla.  

Y también alimenta la impunidad pese a que las propias autoridades reconocen que en materia de agresiones contra periodistas la impunidad oscila en 98 por ciento. Sabe la fiscalía que los agresores son intocables.

Por eso actúan con desdén y se conforman con castigar a los autores materiales y no alcanzan a los intelectuales, que son quienes orquestan, planean y ordenan el crimen.

Ahí está Miroslava Breach, Regina Martínez, Pamela Montenegro, Yolanda Ordaz, María Elena Ferral, Norma Sarabia, María del Sol Cruz Jarquín, y 13 compañeras más.

Los hechos dan la razón a la indignación del gremio periodístico que el día martes 25 mostró su capacidad organizativa, y donde el liderazgo de las mujeres articuló la resistencia que alcanzó 65 ciudades de este país, donde hubo movilizaciones de periodistas.

Es la reacción de un gremio unido por el dolor y la indignación, porque estamos hartas y hartos de llorar a nuestros muertos, mientras las autoridades buscan lavarse las manos.

Aquí, tanto la federación como los estado son responsables de los crímenes, así como lo son el Poder Judicial por las omisiones en el acceso a la justicia; pero también el Legislativo que ve pero no ve, que oye pero no escucha, quien tendría que estar llamando a cuentas al Fiscal General ante la falta de resultados que se tienen en materia de justicia y al propio Secretario de Gobernación para saber la situación que guarda la política de protección a periodistas en nuestro país, el cumplimiento de las recomendaciones en la materia y entender los cambios legislativos que se pretenden en la materia.

Lourdes Maldonado nos duele como cada periodista asesinado porque sus crímenes nunca debieron ocurrir.

Porque las autoridades conocen el riesgo que enfrenta el periodismo mexicano y lo dejan crecer, porque voltean para otro lado, porque son los agresores y porque nadie les castiga. Este es el rumbo que se mantiene hasta el día de hoy y que es necesario virar 180 grados para que en nuestro país vivamos en paz.

22/LLG

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