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Reglamento de becas de Conacyt debe incentivar más mujeres en la ciencia

Por Anayeli García Martínez

Ciudad de México.- La actualización del reglamento de becas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) abre la oportunidad de que la comunidad científica y universitaria discuta cómo erradicar la violencia contra las mujeres en los procesos de admisión, evaluación, permanencia y ascenso en los programas de estudios, estancias o investigaciones.

Así lo señalaron las académicas Teresa Rodríguez de la Vega Cuéllar y Violeta Vázquez Rojas Maldonado, quienes expusieron que además de garantizar becas a las mujeres que ingresan a estos programas, es necesario que las instituciones analicen dar otros apoyos a las investigadoras embarazadas, que tienen hijas o hijos en edad escolar o que son jefas de familia. 

El pasado 21 de enero la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer) publicó el anteproyecto de Reglamento de Becas para el Fortalecimiento de la Comunidad de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación de CONACyT, que está en revisión y el cual propone, por primera vez, suspender (de forma temporal) las becas a mujeres durante su embarazo y posparto. 

Después de que se conoció el documento, investigadoras de la UNAM, la UAM, El Colmex y la ENAH firmaron un posicionamiento que enviaron a la plataforma web de la Conamer, en el que manifestaron su desacuerdo con la nueva disposición y propusieron establecer reglas con enfoque de género, por ejemplo: ampliar la vigencia de la beca y el plazo máximo para realizar las actividades académicas de las investigadoras que decidan ser madres.

La académica y profesora del Centro de Estudios Sociológicos, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, Teresa Rodríguez de la Vega Cuéllar, expuso en entrevista que esta propuesta de reglamento no es el único mecanismo que afecta a las mujeres pues, precisó, la producción académica las expulsa, las castiga o las hace insertarse en un espacio donde ser madre es una desventaja.  

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Becas estimulan la investigación

Desde 2021 el Conacyt anunció la desaparición del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) y la creación del Sistema Nacional de Posgrados con el objetivo de universalizar la entrega de estos apoyos para que cualquier investigador aspire a obtenerlo sin necesidad de pertenecer al PNCP.

La propuesta de nuevo reglamento de becas es parte de este cambio, el cual también busca abrir oportunidades, por eso en el artículo segundo del proyecto dice que las convocatorias para estos apoyos deben tener principios de “equidad de género e inclusión social”, para que más mujeres y personas indígenas accedan a estas becas.

Si bien para una parte de la comunidad científica esto es un avance, esto no se tradujo para las mujeres.

Las becas para quienes realizan investigación no son un privilegio porque privilegio sería obtener prebendas por encima de los beneficios que tienen todos los demás, pero Teresa Rodríguez de la Vega agrega: ¿qué pasa con las mujeres en el campo de la formación, la construcción y la difusión de nuevo conocimiento, es decir, las mujeres en la ciencia, en la academia? 

“Las mujeres no están en esa condición de igualdad, por lo cual no quieren privilegios. Las mujeres estamos con un hándicap (desventaja) muy importante. Es decir, ser mujer es una desventaja comparativa en el modo en el que funciona la academia y la ciencia”.

Es por eso que las investigadoras han impulsado normas que atiendan las desventajas que enfrentan quienes se dedican a la academia. Ese es el caso de las convocatorias para incorporar a jóvenes académicos en las universidades, las cuales tiene un límite de edad, pero para las mujeres el tope sube un poco considerando que durante su edad reproductiva pueden hacer más lenta su productividad académica porque necesitan tiempo ejercer la maternidad. 

“Hay muchos programas en los que para hombres acaba, por ejemplo a los 37 años, pero para las mujeres es a los 40; o en hombres es en 40 y para las mujeres es 42. Lejos de ser un privilegio son medidas paliativas, tratan de emparejar la desventaja comparativa con la que las mujeres históricamente nos hemos incorporado al campo de la producción de conocimiento, ya sea de las humanidades, de la ciencia, de la tecnología”, detalló.

Es por eso que ahora, el reglamento de becas del Conacyt destapa un problema grave, una violencia sistémica: para las mujeres la maternidad es un obstáculo para desenvolverse y desarrollarse acorde al modelo de productividad dominante, expuso la también Doctorado en Filosofía de la Ciencia.

Las mujeres pueden ingresar a la vida académica, pero le es difícil ingresar y permanecer en los espacios donde los avances y el éxito se miden por productividad, debido a que ellas ocupan parte de su tiempo a realizar labores de cuidado a las que están comprometidas por ser mujeres.

Solo durante la pandemia de COVID-19 se difundieron estudios que mostraron que las mujeres en la academia dejaron de producir, en promedio, 50 por ciento de lo que solían producir, mientras que los hombres aumentaron su productividad.

“¿Qué quiere decir? que tanto hombres como mujeres se regresaron a sus casas (como medida para prevenir la propagación del virus),  pero las que cubrieron los trabajos de cuidado fueron las mujeres académicas”, mencionó la investigadora.

Uno de estos estudios lo hizo el Grupo Mujer y Ciencia de la UNAM y estudiantes de Ciencia y Género de la Facultad de Medicina en 2020. Al aplicar una encuesta a personal académico perteneciente al Sistema Nacional de Investigadores, encontraron que las mujeres refirieron un incremento en el cuidado de otras personas y en el trabajo doméstico y una menor expectativa sobre su evaluación académica. 

“La división sexual del trabajo ha hecho que las mujeres se encarguen de las labores de cuidado, fundamentalmente asociadas a la maternidad, pero también al cuidado de personas enfermadas, personas mayores y que sean el soporte emocional. Es por eso que la maternidad hace más lento o difícil la inserción de las mujeres a los actuales modelos de productividad, dijo  Rodríguez de la Vega .

“Los posgrados son espacios que, por cómo funciona la meritocracia, están muy obligados a tener mucha eficiencia terminal y mucho éxito en la incorporación de sus egresados al campo de la investigación. Los posgrados son calificados y tienen criterios de calificación en los cuales cuenta la productividad de sus egresados, su inserción en la vida académica y de la investigación y la eficiencia terminal”.

Esa exigencia de los posgrados se transmite a sus estudiantes y se transforma en una política pública y en reglamentos, como el que propone Coancyt, que dicen que la maternidad funciona como una suspensión (temporal) de la beca. “Lo escandaloso de las reglas del Conacyt es que así protegen al posgrado, suspendiendo a los apoyos a las estudiantes que no pueden dedicar tiempo completo a la investigación, para no afectar la eficiencia terminal del programa”, agregó. 

“(La propuesta en el anteproyecto) Es paliar.`Sabemos que se va a alentar y lo que no queremos es que eso afecte la eficiencia terminal del programa, así queda en la ley´; pero es una ley que no está al nivel de hacia donde se han movido otras legislaciones que procuran hacer medidas de re-nivelación, que intenten emparejar el terreno para curar o paliar un poco el hándicap, esa desventaja comparativa con la que empezamos las mujeres”.

Es decir, el Conacy dice a sus investigadoras: “mientras eres madre no te vamos a exigir ese tiempo. Te suspendemos la beca y luego te reincorporas”, pero para la profesora esta reglamentación es la punta del iceberg de un problema más grave: la maternidad como obstáculo para la investigación, según las instituciones.

Cualquier estudiante de posgrado de calidad o de posgrado internacional, expuso, puede dar testimonio de que una de las preguntas que hace todo Comité de admisión es “¿piensas embarazarte?”. “Imagina la violencia simbólica que en tus requisitos de ingreso te pregunten si te vas embarazar”.

Faltan medidas a favor de las académicas  

“Si tú te das cuenta, en lo escrito, en la reglamentaciones y en las prácticas, los posgrados de Conacyt son programas en los que, en los procesos de inserción, evaluación y permanencia, ser mujer es algo que está castigado. No solo por los mecanismos de acoso y lo que ya sabemos de la invisibilización y el mansplaining (hombres explicando a las mujeres), sino que hay una violencia respecto a tus decisiones reproductivas. Te hacen saber que decidir ser madre es incompatible con el modelo de productividad académico”.

En este contexto las académicas que realizaron el pronunciamiento y las observaciones que enviaron a la Conamer recordaron que un derecho constitucional es que las mujeres decidan el espaciamiento y el momento de tener hijos, lo cual debe ser compatible con el derecho a la educación.

“Privilegio se piden cuando se piden beneficios por encima del común denominador y nosotros solo estamos pidiendo políticas de nivelación que permitan revertir, en algo, porque no va a ser en todo: Las mujeres regresamos a casa y seguimos siendo las encargadas de las labores de cuidado y de eso no se pueden encargar el reglamento del Conacyt”.

Lo que si puede hacer esta institución, señaló, es generar un suelo de derechos y de acceso a beneficios que intenten nivelar un poco esa desigualdad, las condiciones estructurales de las mujeres para insertarse exitosamente en los modelos de productividad académica imperantes. Por ejemplo, en 2021 el organismo lanzó la convocatoria “Apoyo a madres mexicanas jefas de familia” para estudiantes de educación superior que fueran madres solteras, divorciadas, viudas o separadas. 

La discusión sobre las becas de posgrado también revela que hay mucho por hacer. Por ejemplo, agrega la académica, las universidades deberían tener un Código de Ética para que en los procesos de ingreso y promoción se incluya la perspectiva de género y haya sanciones para quien los viole, por ejemplo al preguntar a una aspirante de si planea tener un embarazo. 

El Conacyt se ha movido en clave progresiva. Por ejemplo, la Ley de Ciencia y Tecnología que establece que el gobierno federal apoyará la investigación científica y tecnológica que contribuya significativamente a desarrollar un sistema de educación, formación y consolidación de recursos humanos de alta calidad en igualdad de oportunidades y acceso entre mujeres y hombres. Y en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) una mujer que es madre puede extender el periodo de su nombramiento en el SNI, eso también pasa si se encarga de los cuidados de un familiar cercano con una enfermedad grave. 

Por su parte, en entrevista, la investigadora del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, Violeta Vázquez Rojas Maldonado, señaló que las instituciones de educación superior también tienen que ponerse a la altura de las necesidades de las mujeres. Por ejemplo, implementando protocolos contra el acoso y el hostigamiento sexual y con acciones afirmativas para promover la participación de las mujeres en la ciencia y procurar la paridad en los Comités de selección. 

Por otro lado, explicó, en la academia, en general, las mujeres realizan las labores de servicio y gestión que no son remuneradas, mientras que los hombres se dedican a investigar. Es decir, si ellos publican sus investigaciones, ellas gestionan las ediciones o dar tutorías. “Creemos que también allí debería haber una gran oportunidad (de cambio)”.

De acuerdo con datos del Inegi, en 2016 se registró un padrón con más de 25 mil investigadores vigentes y candidaturas al Sistema Nacional de Investigadores, de los cuales 36.2 por ciento eran mujeres; en 2017 el porcentaje de mujeres aumentó a 36.6 por ciento. Sin embargo, conforme aumenta el escalafón en los niveles, la participación femenina desciende considerablemente hasta llegar al nivel 3 con una participación de tan solo 21.6 por ciento de mujeres (y 21.7 por ciento en 2017).

Aquí puedes escuchar la entrevista con la doctora en Lingüística, Violeta Vázquez Rojas Maldonado, quien habló sobre este tema en el programa De La X a la Y, que se transmite todos los miércoles por Ibero909 el 90.9 de FM y los jueves por Violeta Radio en el 106.1 de FM:

22/AGM

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