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En el Día del Orgullo, invisibilización estadística y subregistro de violencia contra mujeres lesbianas en México

Por Diana Hernández Gómez

Ciudad de México.- La lesbofobia es una de las tantas formas de discriminación en México y uno de los detonadores de diferentes expresiones de violencia de género. Prueba de ello es que, tan solo en la Ciudad de México, las mujeres lesbianas están entre los 10 grupos más discriminados por la población en general.

De acuerdo con el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT, entre 2014 y 2020, en México se registraron 17 lesbianas asesinadas. No obstante, estas cifras pueden ser un subregistro, ya que las autoridades no tienen mecanismos claros para identificar la orientación sexual de las víctimas de este tipo de delitos ni tampoco para clasificar adecuadamente estos crímenes.

Por otro lado, el subregistro puede ser todavía mayor en el caso de otras violencias fuera de los asesinatos, tales como la discriminación. Como ejemplo de ello cabe recordar el caso de Montse y Michel, dos jóvenes lesbianas de Veracruz que fueron golpeadas por los vecinos de Montse en 2020. Cuando fueron al Ministerio Público, las autoridades registraron la agresión como disturbio en la vía pública y no como violencia de género.

Este tipo de ataques y deficiencias en el sistema judicial ocasionan que miles de mujeres en México prefieran seguir ocultando sus preferencias y orientaciones sexuales. En este escenario, las manifestaciones de intolerancia no solo vienen desde afuera: los propios hogares son focos rojos donde el rechazo y otras violencias vulneran a las mujeres lesbianas.

Los rostros de la lesbofobia en México

La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (Enadis 2017) reveló que algunas de las conductas discriminatorias más frecuentes contra mujeres lesbianas son la exclusión en servicios de salud, la dificultad para acceder a créditos de vivienda y la falta de acceso a justicia y a la protección de sus derechos.

Desde 2016, la doctora Anayansi Parra ha denunciado ser víctima de discriminación por parte de una jueza en Guazave, Sinaloa. Anayansi se separó de su pareja en 2014, él la maltrató física y psicológicamente en diferentes ocasiones; a pesar de esto, es él quien tiene la custodia de su hija, mientras la mujer sigue en una batalla legal para ver a la menor.

En 2018, Karla Castillo Murillo también vivió discriminación por parte de una autoridad –en este caso, su jefe–. Ella trabaja en la Unidad de Medicina Familiar (UMF) 80 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Morelia, Michoacán. De acuerdo con sus declaraciones, el director Salvador Zavala Cervantes la ha acosado y discriminado constantemente por ser lesbiana. Karla Castillo Murillo ha declarado que el hombre incluso se ha burlado de su pareja, así como de sus amigas y amigos.

En 2016, varias mujeres lesbianas organizaron una besatona afuera de una sucursal del Fondo de Cultura Económica (FCE) en la Ciudad de México, luego de que un guardia de seguridad corriera a una pareja de mujeres por besarse afuera de las instalaciones.
CIMACFoto: César Martínez López

Si bien los dos casos exponen violencias sistemáticas ejercidas desde posiciones de poder, hay otros donde las y los propios familiares son quienes agreden a las mujeres en el hogar. 

Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), las lesbianas experimentan abandono, rechazo, acoso moral, agresiones físicas y hasta violaciones en sus propias casas.

De acuerdo con el organismo, también hay mujeres que tienen que ceder a casarse en matrimonios arreglados para que su familia pueda “mantener las apariencias”. Esto puede desembocar en embarazos forzados y, por lo tanto, maternidades no deseadas. A esta lista de violencia se suman terapias de conversión y hasta tratamientos médicos para “curar” aquello que no es una enfermedad.

Urge claridad en las cifras

México cuenta con datos generales sobre asesinatos y discriminación hacia las mujeres lesbianas. Sin embargo, no hay cifras específicas, por ejemplo, sobre cuántas de ellas han reportado discriminación en determinadas instituciones de gobierno o cuántas han tenido que desplazarse de sus hogares debido al rechazo que experimentan en ellos.

Por otro lado, cuando se habla de violencia contra las y los miembros de la comunidad LGBTI+, suele darse espacio y visibilidad a otras disidencias sexuales antes que a las mujeres lesbianas –esto, particularmente cuando la discusión se lleva a nivel mediático–.

De esta forma, las mujeres son invisibilizadas y subrepresentadas en cifras y registros oficiales, en medio de una sociedad que las discrimina, pero al mismo tiempo las sexualiza. Así, legislaciones, políticas públicas y conmemoraciones se quedan cortas al momento de proteger a las lesbianas.

En fechas como el Día Internacional del Orgullo LGBT, celebrado este 28 de junio, una gran parte de la lucha en la comunidad lésbica es visibilizar estas deficiencias sistemáticas y la doble opresión que las somete: una, por ser mujeres; la otra, por disfrutar del amor –precisamente– hacia otras mujeres.

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