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Vientres de alquiler, bárbaros del patriarcado y el uso de nuestros cuerpos: la mirada de Rosa Cobo

Por Diana Hernández Gómez

Ciudad de México.- La teórica feminista Rosa Cobo Bedía ha acuñado el término de los “bárbaros del patriarcado” a lo largo de sus investigaciones. Con este concepto, la escritora española hace referencia a todos aquellos que ejercen violencia contra las mujeres, violencias que se expresan de diferentes formas: desde la manipulación psicológica hasta el feminicidio o la mercantilización de nuestros cuerpos con los vientres de alquiler.

En entrevista exclusiva con Cimacnoticias, Cobo Bedía explica que estos bárbaros representan el rostro más duro y extremo del patriarcado. Detrás de este rostro se ocultan prácticas como la prostitución o la explotación doméstica, las cuales nos reducen a la categoría de mercancías al servicio del otro.

Pero no debemos pensar en los bárbaros del patriarcado como un solo bloque gigante y homogéneo. Un hombre que contrata los servicios de una “sexoservidora” o que mantiene a su pareja en una situación desigual de dependencia económica es tan bárbaro como un proxeneta o un empresario explotador.

“Todos los que ejercen violencia contra las mujeres son bárbaros del patriarcado de antemano”, aclara Rosa Cobo, “pero hay quienes tienen márgenes mayores de maniobra, quienes se aprovechan más y menos”. Sin embargo –aclara la investigadora–, todos ellos tienen denominadores comunes como el machismo o la ignorancia sobre lo que es violencia o no.

Los hay quienes no se manchan las manos y los hay quienes se manchan las manos, pero todos ellos son igualmente violentos.

Rosa Cobo Bedía

Y aunque estos violentadores son distintos entre sí, juntos contribuyen a perpetuar un sistema en el que las mujeres somos usadas para seguir reproduciendo el mercado capitalista.

La explotación de las mujeres en el mercado neoliberal

Este 6 de julio de 2022, Rosa Cobo Bedía ofreció la conferencia Prostitución en el corazón del Capitalismo. Reflexiones para Latinoamérica en la Cámara de Diputados de la Ciudad de México, como parte del VII Congreso Latinoamericano y Caribeño sobre Trata de Personas y Tráfico de Migrantes.

En dicha conferencia –cuyo cierre estuvo marcado por una disputa entre abolicionistas y defensoras del trabajo sexual–, la doctora en Ciencias Políticas y Sociología explicó que el gran mercado globalizado del capitalismo ha dejado atrás a aquellos países con un crecimiento económico lento, tales como México y el resto de América Latina. Estos países, según Cobo Bedía, han recurrido a economías criminales o ilegales para no quedarse atrás.

Entre esas economías se encuentran el tráfico de armas, el narcotráfico y también la explotación de las mujeres. Esto último ha provocado, por ejemplo, que en lugares como Filipinas se comercie con las mujeres incluso de manera regulada a través de “agencias de matrimonio” para salvar los mercados nacionales.

Además, Rosa Cobo señala que instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ofrecen préstamos a países con bajo desarrollo económico y después los invitan a invertir en “la industria del entretenimiento” para saldar sus deudas. Esto, cuando detrás de tales industrias existen redes de prostitución y negocios como los casinos para el lavado de dinero.

De acuerdo con la investigadora, el modo de funcionar del capitalismo busca obligar a las mujeres a ocupar funciones muy específicas –y también muy violentas y denigrantes– en el nuevo orden mundial. Y en este nuevo orden, los bárbaros del patriarcado tienen funciones particulares.

Fotografía: Pixabay

Los bárbaros del patriarcado y los vientres de alquiler

Una de las industrias que ha crecido durante los últimos años a costa de la explotación femenina es la de los vientres de alquiler. Rosa Cobo manifiesta a Cimacnoticias que, desde su perspectiva, esta industria no hace más que reducir a las mujeres a la categoría de “servidoras reproductivas”.

Este negocio –que alcanzó un gran auge en Ucrania hasta antes de la guerra con Rusia– parece funcionar de sur a norte. Es decir: es un circuito de explotación donde los países del sur global cubren las necesidades o los deseos de quienes están al norte, el privilegiado y lejano norte.

De acuerdo con la académica, la industria de los vientres de alquiler es mucho más pequeña que la economía criminal de la prostitución. Aun así, comparte con ella la cosificación del cuerpo femenino y su uso para fomentar el desarrollo económico de los países.

Un ejemplo de ello es lo que sucede en Tabasco, donde las empresas cobran hasta un millón de pesos por rentar el vientre de una mujer y, de paso, pagan sobornos a registros civiles y autoridades estatales para ofrecer sus servicios a quienes no pueden acceder a ellos legalmente.

De ahí que, para Cobo Bedía, la industria de los vientres de alquiler funcione entre la legalidad y la ilegalidad, en un limbo extraño al que ella denomina semi-institucionalidad. Pero a final de cuentas, este limbo mantiene a los hombres en posiciones privilegiadas para ejercer poder en los cuerpos de las mujeres.

¿Quiénes son los bárbaros en esta industria lucrativa? Para la investigadora española, los bárbaros del patriarcado en el alquiler de vientres son quienes dan su material genético para que sea implantado en mujeres vulnerables. También, aquellos que participan directamente en todo el proceso médico y mercantil al que las someten.

Bárbaros son quienes hacen de la paternidad un deseo, porque ese deseo está por encima de la precariedad y de las condiciones de vida de las mujeres.

Rosa Cobo Bedía

¿Cómo frenar la barbarie?

“México tiene tasas de pobreza muy altas”, explica Rosa Cobo Bedía a Cimacnoticias. Esto convierte al país en un caldo de cultivo donde pueden emerger economías criminales como la prostitución y los vientres de alquiler.

Para anular estas posibilidades –afirma la teórica feminista–, es necesario impulsar iniciativas abolicionistas que penalicen a quienes promueven este tipo de explotación. Además, las escuelas primarias y secundarias deberían tener programas de sensibilización para educar en materia de violencia de género. 

Mientras esto no suceda, el capitalismo seguirá sirviéndose de los cuerpos de las mujeres para extender su mercado. Todo, a costa de una barbarie que nos cuesta la dignidad y, a algunas, la vida.

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