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La impunidad mata

Por Lucía Lagunes Huerta

El feminicidio de Luz Raquel Padilla es la constatación del sistema de impunidad y corrupción que sigue imperando en México, que permite una y otra vez que a las mujeres nos maten.    

Si hay un caso que documenta este sistema es el de Luz Raquel, ella siguió todos los pasos para ser protegida por la autoridad y esta no lo hizo. Las autoridades de Zapopan permitieron que sus agresores actuaran confiando en la desprotección que brindó la autoridad al hacer caso omiso de las amenazas y agresiones que Luz estaba viviendo.

Para Luz Raquel Padilla, defender su derecho al respeto de los espacios comunes en su edificio generó amenazas de muerte que denunció en mayo de este año, no solo en las redes sociodigitales, sino ante las autoridades, pero las agresiones no fueron aquilatadas. Una de estas amenazas pintadas en las escaleras de su edificio advertía que la quemarían viva; tras la amenaza, vino un ataque con cloro industrial una semana antes de su asesinato.

¿Cómo sentirte segura si la autoridad no actúa, pese al riesgo latente que se enfrenta? Ya sea porque minimiza el riesgo y desvaloriza las denuncias, por lo tanto, se deja de actuar: porque aun con protocolos para juzgar con “perspectiva de género”, normas y capacitaciones, en las autoridades priva la duda de nuestro dicho, porque el prejuicio les impide ver el verdadero riesgo y creen que exageramos.

Y casos como el de Luz Padilla abundan, por desgracia, en nuestro país.

Saben que aun cuando las consecuencias de su negligencia sean fatales, no hay sanciones ni repercusiones por no cumplir con su deber, por no seguir los lineamientos. Y toda la cadena de mando lo sabe, por eso se protegen uno a otros, de arriba para abajo y viceversa.

Porque dentro de la administración los Órganos Internos de Control —conocidos como OIC— tampoco conocen ni dan seguimiento a las faltas y sanciones administrativas que tendrían que existir por las malas actuaciones del funcionariado, mucho menos realizan denuncias ante las autoridades ministeriales de los actos que así lo requieren. Y se sabe que si hay alguna acción del OIC, será ante “eventos graves”, como si los asesinatos de las mujeres no lo fueran.

Por eso la percepción de inseguridad que tenemos las mujeres es mayor que la de los hombres, porque sabemos de la ineficacia de los programas —como el de “Pulso de vida” al que acudió Raquel ante las amenazas, pero que no la salvó—.

Programas como estos pululan en nuestro país, con nombres diversos que no funcionan porque las autoridades que tienen que ejecutarlos no lo hacen y no existe la sanción por su negligencia ni por la corrupción que comenten, porque no ejecutar correctamente el recurso público que se destina a esos programas es corrupción.

Como muchas instituciones que creamos desde el movimiento feminista y que hoy le han dado la espalda a su historia y su misión, cuyas titulares como entes públicos se alejan de la rendición de cuentas y construyen cotos de poder personales, cobijadas en un sistema de impunidad.

Porque el poder legislativo, pese a tener la facultad, dejó de supervisar el cumplimiento cabal de esas instituciones y del ejercicio correcto del presupuesto público, y esto tanto a nivel federal como a nivel estatal.

¿Qué hacen las comisiones de igualdad de los congresos?, ¿en dónde están sus agendas y en qué aplican los recursos?, ¿cuál es el beneficio que tienen las ciudadanas de sus acciones? No sabemos.

Este sistema de impunidad permite, incluso, que las fiscalías inventen caídas en cisternas de las jóvenes para “resolver” crímenes, sin otorgar verdad, justicia ni reparación del daño.

Es una gran bola de nieve donde se simula hacer, pero no se está actuando. Por eso la percepción de inseguridad para las mexicanas es tan alta: porque la violencia es real; pero el actuar de los gobiernos, no.

Los resultados de la Encuesta de Seguridad Pública Urbana, dados a conocer recientemente por el Inegi, no solo muestran el miedo con el que vivimos las mujeres, son una evaluación indirecta de la política de seguridad y la de erradicar la violencia contra las mujeres.

Tras analizar los datos obtenidos en la encuesta, una puede concluir que la política no ha garantizado mayor seguridad a las mujeres. Por lo tanto, no hay un avance real para erradicar la violencia contra ellas.

Si una observa qué mide la encuesta, se encuentra con tres grandes rubros: los impactos de la sensación de inseguridad en la vida cotidiana de las personas a través de los cambios de rutinas por miedo a ser víctima, los hogares víctimas o con algún integrante víctima, y la evaluación de las autoridades.

En cuanto a la percepción de seguridad, la diferencia entre mujeres y hombres al respecto es poco más de 10 puntos porcentuales en términos generales, pero en violencia sexual y en el hogar las diferencias son brutales.

Los resultados de esta encuesta revelan que mientras los hombres tienen una percepción de inseguridad en 60 por ciento, las mujeres, se siente más inseguras en 73 por ciento.

Pero cuando hablamos de acoso y hostigamiento sexual, las brechas se agigantan: mientras los hombres reportan un 4 por ciento de inseguridad en estos rubros, para las mujeres la percepción llega al 25 por ciento. Los espacios como el transporte público se perciben con mayor riesgo para las mujeres.

En síntesis, la encuesta confirma lo que se grita en las marchas y por qué Luz Raquel fue asesinada: el sistema de impunidad que opera en México.

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