Ciudad de México.– En los últimos años, la presencia de microplásticos y nanoplásticos ha emergido como un riesgo significativo para la salud reproductiva de las mujeres, pues estas partículas pueden acumularse en los órganos reproductivos y modificar la función ovárica, afectando así la fertilidad , de acuerdo con el artículo “Microplásticos y salud reproductiva: evidencias emergentes y riesgos multigeneracionales”.
La producción masiva de plásticos supera los 400 millones de toneladas anuales y podría alcanzar los mil 100 millones en 2050, lo que ha convertido a los microplásticos y nanoplásticos en pequeñas partículas contaminantes persistentes derivados de la degradación del plástico. Estas partículas se encuentran en el aire, el agua, los suelos y los alimentos, ingresando a la cadena alimentaria y alcanzando al ser humano a través de la ingestión e inhalación.
La exposición humana resulta alarmante, pues según el artículo se estima que una persona puede ingerir o inhalar entre 74 mil y 121 mil partículas al año, cifra que probablemente sea mayor si se consideran los nanoplásticos. Ante esta presencia masiva, se han detectado microplásticos en sangre, orina, heces, líquido folicular, leche materna y placenta, lo que confirma su capacidad para atravesar barreras fisiológicas.
El informe refiere que, de acuerdo con un estudio realizado en Italia, en el que se analizaron muestras de líquido folicular de 18 mujeres, se detectaron microplásticos en 14 participantes, con una concentración promedio de 2 mil 191 partículas por mililitro. Además, se identificó una correlación significativa con niveles elevados de la hormona FSH, indicador de baja reserva ovárica, lo que podría influir en problemas con la fertilidad.
Además, en otro estudio documentado por el artículo, se detectaron y cuantificaron microplásticos en el endometrio, en el que incluyeron 20 mujeres que cumplían criterios como no padecer lesiones endometriales ni tener antecedentes de cirugías intrauterinas. En el análisis se identificaron 13 microplásticos, siendo los más frecuentes el polietileno, utilizado en envases tipo brick y tuberías de agua y el ácido acrílico-etileno, presente en tubos flexibles como los de pasta dental, entre otros.
Ante ello se pudo concluir que estas micropartículas pueden provocar inflamación y perturbaciones endocrinas, afectando procesos esenciales tales como la función ovárica, la maduración de óvulos y el desarrollo del embrión.
Pocos estudios para la salud reproductiva de las mujeres
Siguiendo con el documento, se señala que los estudios existentes aún no son homogéneos y que falta mayor precisión metodológica para obtener conclusiones más contundentes que permitan comprender con mayor profundidad las causas y los efectos de los microplásticos en la salud reproductiva de las mujeres.
La falta de investigación sobre microplásticos en mujeres podría prolongarse, pues de acuerdo con el informe El liderazgo de las mujeres en la salud de las Américas: por una gobernanza sanitaria paritaria e inclusiva, históricamente numerosos estudios clínicos han excluido a las mujeres como sujetos de prueba. Un ejemplo alarmante ocurrió entre 1997 y 2000, cuando el 80 % de los medicamentos retirados del mercado en Estados Unidos se debieron a los efectos adversos en mujeres, quienes no habían sido incluidas en los ensayos clínicos que evaluaban su seguridad y eficacia.
Contrario a lo que se podría esperar, la inversión en investigaciones centradas en la salud femenina no ha aumentado de manera significativa en las últimas décadas. Veinte años después de aquel episodio, apenas el 1 % de los recursos destinados a investigación e innovación sanitaria se invirtió en afecciones específicas de las mujeres fuera del campo de la oncología. Esta desatención ha contribuido a una peor calidad en la atención médica para las mujeres, lo que se traduce en un mayor riesgo de enfermedad y muerte.
¿Qué podemos hacer por el momento?
Pese a que los estudios sobre microplásticos y nanoplásticos en el cuerpo femenino aún son escasos, los hallazgos siguen siendo limitados, y no existen protocolos clínicos oficiales que indiquen cómo evaluar o abordar el problema emergente de la exposición continua, el artículo inicial refiere una serie de medidas preventivas basadas en la evidencia disponible.
«Si bien los estudios en humanos son todavía escasos y presentan una notable variabilidad en su metodología, los hallazgos obtenidos hasta ahora subrayan la importancia de un análisis más profundo, la creación de protocolos clínicos uniformes y la promoción de estrategias preventivas que disminuyan la exposición a microplásticos en el entorno y en la alimentación» refiere el artículo
Una de las recomednaciones es minimizar el consumo de agua embotellada y alimentos ultraprocesados, ya que suelen contener mayores concentraciones de microplásticos y aditivos químicos provenientes de los envases plásticos. Se recomienda optar por agua del grifo con filtros, aunque esta también pueda contener microplásticos.
Asimismo, se aconseja elegir ropa y utensilios elaborados con materiales naturales como algodón, acero inoxidable, vidrio o cerámica, en lugar de fibras sintéticas o plásticos. Es fundamental identificar estos materiales a través de las etiquetas textiles; los más comunes incluyen el poliéster, el más habitual, que también puede aparecer bajo las siglas PET, PLA o PPT.
De igual forma, se recomienda evitar calentar plásticos en el microondas, ya que el calor favorece la liberación de partículas y aditivos tóxicos hacia los alimentos. El contacto de plásticos con alimentos grasos o aceites también se desaconseja, pues la grasa facilita la migración de sustancias del plástico a la comida, al igual que ocurre con alimentos o bebidas calientes.




