Ciudad de México.- Durante el siglo XVII y mediados del siglo XVIII, el Barroco se consolidó como uno de los movimientos más influyentes en el mundo, es este contexto, surgieron diversas mujeres pintoras que, a pesar de las barreras sociales, educativas y legales de su tiempo lograron desarrollar obras que hoy forman parte de la historia del arte.
En este movimiento también participaron las mujeres quienes han estado presentes en diferentes momentos del arte, específicamente en la pintura; sin embargo, debido a su participación han sido invisibilizadas o relegadas en segundo plano. El artículo «¿Por qué hubo tan pocas pintoras en Silesia durante el periodo Barroco?» describe algunas de las barreras más importantes que enfrentaron para poder convertirse en pintoras en este periodo.
Uno de los principales obstáculos fue la posición subordinada de las mujeres en la sociedad barroca. Su papel social estaba ligada al matrimonio y la maternidad, lo que limitaba sus posibilidades de desarrollar una carrera artística. La sociedad esperaba que se dedicaran a las tareas domésticas y de cuidado, lo que reducía su participación en profesiones como la pintura.
Las mujeres también tenían menos derechos legales y menor presencia en documentos oficiales, lo que dificultaba que fueran reconocidas como artistas profesionales. Cuando aparecían en registros históricos, muchas veces lo hacían bajo el nombre de su padre o esposo, lo que contribuían a su invisibilización en la historia del arte.
Otro obstáculo importante fue el sistema educativo controlado por gremios de pintores. La formación artística se realizaba principalmente a través de gremios, cuyos estatutos regulaban estrictamente quien podía aprender el oficio, En muchos casos, las normas permitían únicamente que los hombres ingresaran como aprendices, lo que limitaba el acceso de las mujeres a la formación profesional.
Debido a estas barreras, muy pocas mujeres lograron trabajar como pintoras. El artículo señala que al menos en la región de Silesia, ubicado en Europa Central y que actualmente es el suroccidente de Polonia, solo tres mujeres fueron pintoras activas durante el Barroco y ninguna alcanzó un éxito profesional significativo.
Esto también se refleja en la producción artística, pues de aproximadamente 10 mil pinturas barrocas conservadas en la región, solo cinco fueron realizadas por mujeres, lo que muestra la desigualdad en el acceso a la profesión. Las mujeres solo podían participar en el mundo artístico gracias a sus vínculos familiares, como ser hijas de pintores o viudas que administraban el taller de su esposo. En estos casos, su actividad artística estaba condicionada por la estructura familiar más que como reconocimiento independiente como artistas.
De acuerdo con el artículo «El concepto de «barroco» como herramienta de análisis (estético) en tiempos de crisis», el Barroco se desarrolló en el ámbito de la literatura, arquitectura, pintura, escultura y música. Nació en Italia y se extendió por toda Europa hasta Iberoamérica debido al fenómeno colonial y se convirtió en internacional.
El Barroco no solo buscaba que el arte fuera estético, sino que provocara sentimientos fuertes en quien lo veía. Particularmente en la pintura dejó de ser estática para volverse dramática y teatral. Artistas comenzaron a usar contrastes marcados entre la luz y sombra para crear escenas intensas y dar profundidad, dicha técnica fue conocida como tenebrismo y fue utilizado para que figuras emergieran de la oscuridad y dar atención a elementos más importantes de la escena.
Pintoras del Barroco
Artemisia Gentileschi
Desde Roma, Italia, Artemisa Lomi Gentileschi (1593-1656) comenzó su formación en el taller de su padre, el pintor toscano Orazio Gentileschi. A sus diecisiete años firmó su primera obra Susana y los viejos e inició sus estudios en pintura un año después con un amigo de la familia. Sus obras se destacan por la representación de heroínas bíblicas y otros personajes como Lucrecia, Betsabé, Judit o Cleopatra representando a las mujeres con fuerza, determinación y autonomía en contraste con los estereotipos misóginos predominantes del siglo XVII.

Rachel Ruyschx
Desde Ámsterdam, Rachel Ruyschx (1664-1750) se especializó en el género del bodegón de flores. Nació en La Haya y fue hija del famoso anatomista Frederik Ruysch y María Post, hija del arquitecto Pieter Post, pero a los quince años inicio su estudio en pintura con el artista Willem van Aelst. Su trabajo está centrado en la naturaleza floral colocados en jarrones sobre superficies de mármol y con fondos oscuros y que resalten cada elemento.

Elisabetta Sirani
Nacida en Bolonia, Italia, Elisabetta Sirani (1638-1665) fue una de las últimas representantes de la escuela boloñesa del siglo XVII quien realizó alrededor de 200 obras. Fue hija de Giovanni Andrea Sirani, principal ayudante del pintor Guido Reni, al ser mujer no pudo acceder a una academia y aprendió en el taller de su padre. Su primera pintura se centró en temas religiosos y escenas bíblicas y se destacó por representar a heroínas femeninas alejándose de representaciones erotizadas de mujeres en la época.

Judith Leyster
Considerada como una pintora fundamental dentro del Siglo de Oro neerlandés, Judith Jans Leyster (1609-1660) fue la octava hija de Jan Willemsz Leyster un cervecero y sastre local. Se cree que comenzó su carrera como pintora ante la necesidad de aportar en la económica de su hogar y aprendió del pintor Frans Pietersz de Grebber. Se dedicó a realizar representaciones cotidianas de músicos, niños, bebedores y momentos de entretenimiento en tabernas o espacios domésticos desde una perspectiva femenina.

Lavinia Fontana
Fue una pintora italiana del primer barroco o manierismo tardío. Lavinia Fontana (1552-1614) nació en Bolonia, Italia, siendo hija del pintor Prospero Fontana quien trabajó en la escuela de Bolonia. Logró ser una de las pintoras más importantes en su época y dirigió su propio taller. Su trabajo se destaca por retratos, pinturas religiosas y escenas mitológicas, aunque también llegó a realizar desnudos masculinos y femeninos, algo poco común para una mujer artista.

Diana de Rosa
Mejor conocida como Annella de Rosa o Anella di Massimo (1602-1643), fue una pintora napolitana del siglo XVII. Fue hija de Caterina de Mauro y el pintor Tommaso de Rosa. Siendo joven se unió al taller del Cabalier Massimo Stanzione donde conoció a su esposo el pintor Agostino Beltrano. Sus pinturas incluían escenas devocionales religiosas destinadas tanto a espacios privados como públicos, muchas de ellas se perdieron con el paso del tiempo.

Clara Peeters
La poca información que se conoce sobre pintora flamenca Clara Peeters (activa entre 1607 a 1621) señala que fue hija y nieta de pintores y que nació en Amberes, una ciudad belga. Se caracterizó por popularizar el uso del autorretrato escondido en objetos de la naturaleza muerta, copas u objetos metálicos, un recurso innovador que fue imitados por otros artistas.

Fede Galizia
Conocida como su apellido, Fede Galizia (1578-1630) nació en Milán y su padre fue Nunzio Galizia pintor de miniaturas, de él aprendió a pintar y a los doce años era considerada artista, sobre todo de retratos. Más tarde, comenzó a recibir encargos donde reflejó su estilo derivado de tradiciones naturalistas del Renacimiento italiano con especial detalle en joyas y vestimentas, aunque la mayoría de sus obras fueron bodegones.

Mary Beale
La pintora inglesa Mary Beale (1633-1699) nació en Barrow, Reino Unido, fue hija del pintor John Cradock, miembro del Gremio de Pintores Tintoreros de Inglaterra y familiarizado con artistas locales. Durante la década de 1650 y 1660 se convirtió en retratista profesional trabajando desde el Convent Garden y en el Fleet Street.

Louise Moillon
Desde Francia, Louise Moillon (1610-1696) llegó a ser conocida como una de las mejores pintoras de bodegones de su época ya que sus obras eran compradas por el rey Carlos I de Inglaterra y por la nobleza francesa. Nació en una familia calvinista, una rama del protestantismo y creció en el distrito de St German des Prés, conocido por su colección de pintores tradicionales neerlandeses que pudieron contribuir al aprendizaje de la pintora.

Josefa de Óbidos
Josefa de Ayala Figueira, conocida como Josefa de Óbidos (1630-1684) fue una pintora y terrateniente luso-española hija del pintor portugués Baltazar Gómez Figueira y de la española Catalina de Ayala Camacho, familiar del pintor Bernabé de Ayala. Se destacó por su producción de pintura religiosa y bodegones, comúnmente representaba vírgenes, santos y escenas místicas usando caras redondas, tonos suaves y composiciones serenas alejadas del dramatismo.

Maria van Oosterwijck
La pintora Maria van Oosterwijck (1630-1693) nació en Nootdorp, una localidad situada en Países Bajos. Su padre fue ministro de la Iglesia Reformada Holandesa y cuando era pequeña aprendió pintura en el taller del pintor bodeguero Jan Davidsz de Heem. Sus obras se caracterizan por resaltar objetos como flore, frutas, insectos y conchas, así como incorporar elementos simbólicos propios que aluden a la fugacidad de la vida y reflexiones morales o religiosas.





