El caso Gisèle Pelicot mostró la naturalización de la sumisión química y la violación
Ciudad de México.- Michelle Salord López y Lucille Florenza, antropólogas franco-mexicanas, son dos de las 14 coautoras del libro Mazan: Anthropologie d’un procès pour viols (Mazan: Antropología de un juicio por violaciones), una investigación colectiva que documenta y analiza el proceso judicial de los 51 hombres agresores sexuales de Gisèle Pelicot en Francia, un acontecimiento histórico con profundas repercusiones sociales, ellas visitaron México y conversaron para Cimacnoticias sobre su investigación.

El caso
Después de 50 años de matrimonio, Gisèle logró divorciarse del hombre que durante 10 años la torturó sexualmente a través de sumisión química. Dominique la sedaba para ofrecerla a través de un portal digital a más de 50 hombres quienes sabiendo que ella estaba inconsciente, abusaban de ella.
Se casaron en 1973. En 2011, Gisèle Pelicot comenzó a perder la memoria que atribuyó a problemas neurológicos y presentaba problemas ginecológicos persistentes.
Fue hasta el 2020 cuando Dominique fue detenido. Lo detuvieron por grabar debajo de la falda de una mujer en una plaza comercial, donde policías le solicitaron su teléfono celular. De esta manera lograron comprobar que había más videos de violencia sexual donde aparecía su esposa.
El policía que vio el celular de Dominique en el que conservaba varios videos llamó a las autoridades. “No es solo de un hombre que está filmando”. El esposo estuvo en la estación de policía una vez y regresó a casa normal. Algunos días después lo volvieron a citar.
Esa misma mañana él le contó lo sucedido a su esposa. Gisèle le dijo: «vamos a ver un psicólogo y todo estará bien”. Desayunaron y fueron a la estación de policía donde se revelaría la agresión.
Mostrar el rostro del agresor
Como se trata de un caso de víctima de violación en Francia, Gisèle tenía derecho a un juicio a puerta cerrada, con total anonimato y sin medios de comunicación pero una audiencia cerrada también beneficiaría el anonimato de sus agresores. El 2 septiembre de 2024 cuando inició el juicio, Gisèle decidió: «quiero que sea un juicio público.»
Así todo el mundo pudo conocer la historia de Gisèle contra la tortura sexual que vivió por parte de su exesposo en la comunidad de Mazan. Se lograron identificar 51 agresores, 16 quieren no se conformaron con la sentencia y llevaron el juicio a una segunda instancia pero solo uno lo logró.
Aunque Gisèle decidió dar la cara para que la vergüenza fuera del agresor, la fotografía de él no es tan pública.
“La gente quería ver al monstruo… Sí, lo ves, Dominique es un hombre cualquiera. Y quizás por eso no le interesaba a los periodistas”, señala Michelle.
Como existe la presunción de inocencia de los acusados durante el juicio, por eso solo hay dibujos que ilustran lo que va sucediendo en el Tribunal, sin embargo, una vez juzgado puede ser identificado.


Racismo y clasismo: la defensa de los agresores
Durante 10 años, Dominique invitó a hombres a violar a su esposa en su casa mientras ella estaba inconsciente. Los agresores se contactaban vía web y luego establecían comunicación directa en la que acordaban horarios y condiciones para el acceso.
No debían haber fumado, no usar perfume y una serie de indicaciones que dejaran ver el contexto en el que sucedería la agresión.
En la defensa de los agresores destacaron argumentos racistas y clasistas.
“Entre los agresores había franceses con orígenes marroquís o de Túnez o de otro país, sus abogados argumentaban que por tener ese origen no conocían la sociedad francesa, ni su cultura ¿Cómo iba a saber que, entrando en esa casa tan bonita con un labrador, con la piscina, que olía rico el horno, que estaba mal lo que ahí se hacía?”
“Muchas veces pretendieron que no se necesita el consentimiento de la mujer si tenía el del hombre”.
“También se argumentaba que tal hombre que viene de una familia pobre, que no tiene educación. Incluso decían explícitamente ´mi cliente es tonto´ o ´tiene un IQ bajo´ o ´o mi cliente es feo y era su única oportunidad para ejercer su sexualidad, él también tiene derecho al placer´ para justificar que no comprendían que estaban cometiendo violación.
Para Lucile y Michele esta situación es muy preocupante “Si está pasando con abogados en un juicio público, ¿qué sucede en tribunales menos conocidos a puerta cerrada con mujeres que no tienen ningún acompañamiento?
“Hay personas que nos preguntaban por qué no hablaron con los violadores. Y bueno, es que no era el tema, hablamos de ellos todo el tiempo, ¿y qué van a decir? Justificar la violación”.
“Los agresores no son de aquí”: Impactos sociales de la violencia sexual
La investigación buscó identificar los impactos sociales de un caso de violencia sexual y sus implicaciones en la Comunidad del Mazan. El estigma y los impactos económicos fueron muy claros.
Lo primero fue poner nombre y rostro a los agresores: jardineros, cuidadores y periodistas.
La mayoría de los acusados son de la región “entonces hablabas con una adolescente que iba a la prepa y que te decía, ´es que él fue el jardinero de mi abuelita, él es enfermero de mis padres´.
“Muchas veces los medios nos presentan a los agresores como monstruos, no obstante la historia de Gisèle permitió romper con este gran mito y decir, el agresor es un hombre común: es tu vecino”.

“Los precios del mercado de bienes raíces se cayó por siempre”, a través de entrevistas las investigadoras lograron evidenciar la estigmatización a la comunidad. “Las personas que viven allá hicieron muchos esfuerzos para explicar a los periodistas, a gente que venía, que los violadores no son de aquí sino que venían de fuera de comunidad, salvo el jardinero que vivía en los límites de la localidad”.
“Incluso se decía que Dominique y Gisèle, eran de París, no eran de la comunidad”. Inicialmente se creó un rechazo y distancia para establecer que “nosotros no somos así, no tiene que ver con nosotros, entonces por favor, no nos manchen, no nos contaminen con estos temas”.
Identificar a Mazan con el caso Pelicot era lo que menos quería la comunidad. “Mazán dejó de ser una entidad territorial real para ser un caso”.
Un impacto mayor para la comunidad surgió cuando las autoridades locales de Mazan se pronunciaron por el caso.
“El alcalde Louis Bonnet dijo ´No se murió nadie, no se murió pero ni un hombre”, argumentaba al haber querido salvar al pueblo del escándalo.
“Incluso llegó a señalar que no era tan grave en comparación con otras víctimas porque ella no puede recordar lo que vivió”, puntualiza Lucile.
Sumisión química en el hogar
Las antropólogas narran que en los medios de comunicación existe una idea estereotipada de cómo sucede la violencia física que complica que las mujeres la identifiquen en lo cotidiano.
“Suele representarse como alguien que no conoces en un estacionamiento oscuro o bien en una fiesta donde te ponen droga en tu bebida, no es en casa. Cuando en realidad lo sabemos estadísticamente es que sucede en casa”, asegura Lucile.
La sumisión química es una forma de violencia que implica el uso de sustancias para ejercer violencia sexual, robo, extorsión u otras formas de violencia. Bajo la sumisión química, las mujeres están inconscientes.
Dominique cometió sumisión química para ofrecer a Gisèle a más de 50 hombres para violarla por más de 10 años.
“El marido que drogó a su mujer, con dosis monstruosas de anestesia general durante una década y eso se gestó dentro de la unidad familiar, dentro de la pareja”, asegura Lucile.
El silencio sobre estos casos negaron la posibilidad de pensar la opción de que su esposo la estuviera sedando y con ello, la atención oportuna.
“Era tan difícil concebir que algo así sucediera, nadie sospechó. Ella acudía al médico y no sospechaban que algo así pudiese suceder. Durante años fue a ver diferentes médicos, ¿Quién va a imaginar eso?”
Esta situación dejó a Gisèle secuelas físicas y mentales y la llevó al aislamiento social.
“El cuerpo médico no está capacitado para pensar en sumisión química y entonces no hubo respuesta a la situación que vivía Gisèle. El alcohol es un arma de sumisión química super usada y poco se habla de ello”, señala Michelle.
No se actuó frente a lo que vivía Gisèle pero sí había cuerpo médico prescribiendo el medicamento a Dominique y nadie notó nada raro como que lo estaba administrando de manera exponencial a su esposa para violarla.
“Él contaba con una receta médica que podía ir y renovar su stock. Cuando la policía lo captura, durante la investigación van a la casa y encuentran los medicamentos escondidos, nunca en la farmacia general del baño”.
Durante la investigación, Michelle y Lucile acudieron a farmacias y comprobaron que no era fácil que Dominique accediera a los medicamentos. “En Francia a diferencia de México el estatus de la persona que trabaja en una farmacia es de médicos especializados porque se reconoce que tiene una responsabilidad al disponer y vender medicamentos. Pero entonces ¿acá qué sucedió?”
Sacar la violencia sexual del espacio privado
El silencio y los secretos familiares posibilitan la reproducción de la violencia. “El silencio que protege a los agresores”.
Incluso en los casos de incesto, la vergüenza pareciera ser familiar. “Si soy la pareja de un hombre que ha insestado a alguien de mi familia, el silencio también me violenta a mí, porque me quebranta mucho y yo cómo voy a solucionar”.
“El incesto no es sexo, no es práctica sexual. Es ejercicio de poder” afirma Michelle.
El Caso Pelicot en Mazan, se trata de un ejercicio de poder y son violaciones de oportunidad. Tengo la oportunidad de ejercer mi poder como hombre y deciden ejercerlo. En este caso decidieron ir a través de una página web y de un chat interno donde se daban las indicaciones para concretar la agresión.
“Al inicio pensamos que no lograría tener historias como la de Gisèle, pero en poco tiempo encontramos a muchas mujeres que querían compartir sus experiencias de violaciones… El caso Gisele sacó del espacio privado la violencia, comenzar a nombrarlo ´a mí también me pasó, mi papá me violó, a mí también me drogaron´. Las violencias sexuales existen y rigen mucho de las violencias más generales que vivimos en nuestras sociedades, pero no se dicen, si no se nombran, se normalizan”.
“Gisele abrió una posibilidad de nombrar, de decir con más facilidad y con más certeza que no se veía antes… ella me ayuda a entender lo que pasó con mi propia vida… es como salir de la amnesia, claro que se lo habían olvidado por el shock, por el trauma.
Metodología, intuición y alianza entre mujeres periodistas
Si bien las investigadoras implementaron metodologías desde la antropología, el trabajo periodístico les permitió acceder a los testimonios del juicio.
Los primeros materiales de trabajo era lo que hicieron las primeras periodistas que entraban al tribunal y que hicieron una transcripción integral de todo lo que se decía dentro de la sala.
Las periodistas tenían autorización para acceder al juicio y con ello, facilitaron las transcripciones de los testigos y los alegatos.
Las periodistas hicieron un gran trabajo dentro del tribunal y nosotras ampliábamos la lectura fuera del tribunal, queríamos saber qué está pasando en la ciudad, en los alrededores, en el pueblo de Mazan, donde vivía y ver con lo que sabemos hacer: la etnografía.
La antropología feminista aplicada busca ampliar los impactos sociales de este caso en esa comunidad. Se escuchaba en todos los medios, en todas las radios, en todos los periódicos. ¿Qué sí se se está diciendo en la intimidad? Pero no solo en el Tribunal en la audiencia, en el baño, en la cafetería, en los pasillos, lugares invisibles donde ahí se juegan muchas relaciones de poder, que no se ven, etcétera. Luego salir, ir al café que está enfrente, ir a la tiendita que está al lado, ir al consultorio médico que está al lado, ir a una escuela que está más lejos.
Cada noche revisábamos los hallazgos. Nuestras libretas de campo. contacto, número de teléfono, todo colectivo, todo lo que escribimos dentro los cuadernos, todo lo que leímos, las fotos, tenemos muchísimas fotos para compartir. Fue una práctica feminista de investigación, colocar en el centro el trabajo colectivo.
En la antropología nunca se investiga tan rápidamente y los procesos académicos son largos, una diferencia grande con el periodismo. Nunca se hace antropología tan rápidamente, pero todos somos antropólogas o sociólogas, quiere decir que sabemos hacer trabajo de campo, sabemos hacer entrevistas, sabemos analizar, sabemos reaccionar muy rápido.
La intuición fue conceptualizar un poquito eso a través de la noción del acontecimiento de hay un evento jurídico y mediático que se está dando ¿En qué medida esto es un acontecimiento social? ¿En qué medida está revelando cosas, revelando fracturas sociales, fracturas íntimas, reacomodando cosas?
¿Cómo definen la antropología feminista?
Una de las premisas es esa corporalidad, eso que nos atraviesa en el cuerpo, esa sabiduría, ese conocimiento que no es mental, sino corporal.
Hacemos antropología feminista asumiendo que sentir no es una vulnerabilidad, sino una fuerza porque se accede al conocimiento de otra manera, que no está tu cerebro y que permite entender mejor algunas cosas y que te permite escuchar mejor las personas y lo que te cuentan.
Lo feminista es un ejercicio crítico de análisis de género como una clasificación de individuos que permite crear jerarquías y decir quién es más, quién es menos, quién vale más, quién vale menos, quién tiene más oportunidades, quién tiene menos. Pero es lo mismo con la clase y con la étnia.
Articulación, impactos de poder de Gisèle
Las investigadoras dan cuenta de dos impactos que contribuyen al acceso a la justicia para las víctimas, la memoria y la atención integral.
“El juicio de Gisèle fue un juicio acompañado”, las asociaciones de víctimas emprendieron una marcha por la paz dedicada a Gisèle Pelicot e instauraron un antimonumento ahí en el pueblo de Mazan como una forma de reconocer su valentía.
Sobre sumisión química, se creó la asociación “No me duermas. No me cedes”, para atender específicamente a víctimas de sumisión química.




