Inicio AgendaPrimera vez que marché con desesperanza. Crónica conjunta

¿Recuerdan la primera vez que fueron a una marcha en el marco del Día Internacional de la Mujer o como dice el hashtag, el #8M? ¿Pueden recordar esa sensación entre nerviosismo, adrenalina, rabia y una palpitación fuerte en el pecho?

Yo sí.

Incluso puedo recordar el sonido casi ensordecedor de los toletes pegando en los escudos del “extinto” cuerpo de granaderos. Tac. Tac. Tac. Un ritmo seco que no dejaba de repetirse.

No necesitaban golpearnos, el sonido hacía que sintiéramos miedo.

Cuando hago referencia a las marchas de años anteriores, no lo hago desde un afán de ponerme al frente del máximo récord de asistencia a manifestaciones ¡Ni que fuera concurso!

Para mí el piso mínimo de militancia política es la memoria histórica. Preguntarnos si hoy tenemos más garantías de libertad de expresión y manifestación que en 2012 o 2019, o si las demandas de las mujeres siguen siendo las mismas que hace seis años y en qué contexto sociopolítico marchamos ahora. 

Para este 8M, salí de casa rumbo a la Glorieta de las Mujeres que Luchan. La que el gobierno de esta ciudad ha querido quitar desde que fue tomada e intervenida por mujeres valientes quienes decidieron reivindicar la memoria ─pero sobre todo la vida─ de quienes fueron asesinadas. Sigamos pues.

Caminé hacia la estación del metro Chabacano pero recordé que la cierran todos los domingos por “obras de mejora”. El mundial de fútbol está a la vuelta de la esquina y las principales vías de comunicación deben aparentar funcionalidad y verse de primer mundo, aunque con ello, se profundicen las condiciones precarias de la clase trabajadora que nos tenemos que desplazar diariamente en transporte público. 

Así que tuve que ingeniármelas para llegar a la Avenida Paseo de la Reforma. Atravesé el Monumento a la Revolución y lo primero que observé fue un contingente de militantes del partido Morena y una infinidad de puestos ambulantes, vendían pañuelos, gorras, totebags, pines, playeras y más cositas moradas alusivas a la marcha.

Por un momento pensé que iba a un concierto y no a una marcha. 

Cuando por fin encontré mi contingente sentí un ambiente distinto. Bajo el sol implacable del mediodía, podía respirar dolor. Sentía una pesadez inaudita como si ya hubiera caminado la marcha tres veces antes de empezar. Mientras nos incorporábamos entre los otros contingentes que avanzaban, veía rostros muy jóvenes, niñas, niños, bebés, madres, abuelas, hermanas, primas. Todas sosteniendo el dolor y la rabia en sus carteles.  

Este año tenía una misión específica: tomar fotos y entrevistar mujeres e integrantes de colectivas que rara vez aparecen en los medios masivos. Hacer emblemáticos los casos también provoca que la atención en estos eventos se focalice.

Por esta encomienda, confirmé que el llanto y el dolor marcaron esta marcha. Mujeres que marchaban solas o con contingente, gritaban amargamente por justicia. Pocas veces se me estrujó el corazón como en este 2026, no porque yo sea muy fuerte, sino porque por primera vez sentí que marchaba con desesperanza. 

No acudí sola a esta manifestación. También estuvieron presentes Gabi y Azul, compañeras y amigas quienes se encargaron de recoger testimonios en otra Glorieta donde había más actividades. Ellas describieron los pasos de las mujeres marcados por los tambores. En cada consiga que escucharon contenía una forma de nombrar la violencia que muchas de las asistentes han vivido y lo que ya no podían callar más.

Coincidieron conmigo en notar la presencia de infancias con sus mamás, hermanas y abuelas. Todas, juntas, contaban su historia, algunas con heridas visibles y otras no. En medio de todo, parecían sentirse seguras y abrazadas. Caminaban juntas, se cuidaban entre sí.

Para Gabi y Azul, había dolor visible entre las mujeres que asistieron este 8M, pero también una sensación de acompañamiento. 

Junto a nosotras estuvo Ximena, ellas recordó con énfasis la consigna feminista que se escucha cada 8M: “¡Hay que abortar este sistema patriarcal”. Al unísono dijo que la entonaban médicas, adultas mayores, mamás e hijas. Lo hacían por ellas y por las que faltan.

Todas en ese día, con una lucha en común que pareciera nunca acabar, pero que las hace sentir libres y seguras al menos una vez en el año.

Yo seguí en mi contingente y el calor se imponía, aunque por momentos la luz del sol se escabullía entre el humo morado de las bengalas que también se han puesto de moda en las marchas del #8M.

En medio de esa marea tuve un momento de confusión. Vi pasar a unas mujeres reconocidas como influencers, eran seguidas por una comitiva considerablemente grande, jóvenes levantaban sus celulares para solicitarles una foto. No supe si iban a la marcha o seguirlas a ellas.

Para mí esta imagen fue una prueba irrefutable de cómo el purplewashing se abre cada vez más espacios en las manifestaciones y movimientos feministas. Que no se me malinterprete: todas somos libres de marchar como queramos y con quienes queramos. Pero conviene no perder de vista que es un momento de articulación política pues la lucha sigue siendo por la erradicación de todas las formas de violencias contras las mujeres e infancias. 

Así seguí mi trayecto hasta el Zócalo capitalino ─ese lugar que ha albergado tantos momentos históricos, y no me refiero precisamente al más reciente concierto de Shakira─ pensé en una escena: aquella huelga de hambre que encabezó Rosario Ibarra de Piedra en 1978 para exigir la presentación con vida de su hijo, Jesús Piedra Ibarra y otros presos políticos.

Ahora en este 2026, yo llegué totalmente desangelada.

Al llegar a la plancha del Zócalo me encontré como nunca una amplísisima oferta gastronómica, me cuestioné… si la despolitización de la marcha del #8M es producto de una desconexión generacional consecuencia del avance que ha tenido el feminismo institucional que nos hace creer que, en efecto, “llegamos todas” o es un reflejo de la polarización entre diferentes corrientes de los feminismos que no dialogan. 

Esta sensación coincidió con Gina, otra compañera y amiga del trabajo. Para ella en este 2026, aunque la marcha del 8M fue fuerte y poderosa, como es su esencia, aunque también la notó despolitazada en algunos sectores, pero no por eso dejó de ser dolorosa y con contrastes. Le asustó pensar que en tan solo unos años la lucha feminista parece que se «volvió moda» y se olviden las causas que siguen perpetuando la estructura del patriarcado.

Con tristeza, Gina describió menos mujeres en la manifestación de este 2026 y también se dijo dolida por ver «influencers» presentes quienes capitalizaban el movimiento.

Ellas también se ahogó entre el asfixiante ambulantaje que revistió el 8M con venta de ropa a doc. Inaudito para ella que diputadas y funcionarias de gobierno estuvieran presentes y marcharan resaltando el «tiempo de mujeres», algo que en otros años hubiera sido intolerable.

Como la mayoría de las asistentes, regresé a casa como pude. Tal vez la Jefa de Gobierno, Clara Brugrada, no calculó─ quiero pensar─ que para volver seguras a nuestras casas habría sido oportuno habilitar todas las estaciones del Sistema Colectivo Metro y las rutas alternas al centro de la ciudad.

Cuando por fin llegué a casa, oliendo a comida, sudor, humo y dolor, pensé: menos mal, seguimos viendo a defensoras de derechos humanos y madres como Norma Andrade marchando por Lilia Alejandra, por ella, por todas; a las madres buscadoras haciendo presencia en todo momento, a las periodistas que no dejan de redactar los manifiestos, a las defensoras quienes exigen justicia y dignidad; a las infancias que trazan un nuevo horizonte; a las adultas mayores quienes nos recuerdan que ellas abrieron el camino; a las discas que nos recuerdan que la visibilidad no está completa sin ellas; a las indígenas que nos indican que sin la etnia no lograremos la igualdad; a las amigas quienes rompen estigmas de la convivencia entre mujeres y a las desconocidas quienes entre la multitud te regalan un abrazo que intercambia más que confidencias para decirme: Yo sí te creo.

Mujeres como ella nos recuerdan que nosotras siempre “vamos tras la vida, aunque nos quieran dar muerte”

También en Cimacnoticias

Este Web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las cookies. Sin embargo, el usuario tiene la opción de impedir la generación de cookies y la eliminación de las mismas mediante la selección de la correspondiente opción en su Navegador. En caso de bloquear el uso de cookies en su navegador es posible que algunos servicios o funcionalidades de la página Web no estén disponibles. Acepto Leer más