Ciudad de México.- La utilización de la sumisión química con fines de violentar sexualmente a una mujer suministrando alguna sustancia si su consentimiento para provocar un estado de inercia total puede no ser no solo un tema de género, sino de salud pública, ya que deja profundas secuelas físicas y emocionales en las sobrevivientes.
Cimacnoticias conversó con la psicóloga y académica de la UNAM, Aidee Elena Rodríguez Serrano, quien compartió que haber experimentado violencia sexual por sumisión química puede generar en muchas mujeres trauma, particularmente estrés postraumático que se manifiestan en estados constantes de alerta, hipervigilancia y la re experimentación del evento.
A esto se suman conductas de evitación como el miedo a salir o socializar si la agresión ocurrió durante ese contexto, o bien la dificultad para convivir con personas cercanas cuando el agresor pertenece al entorno inmediato y también se presentan alteraciones en el sueño como insomnio, pesadillas o terrores nocturnos.
A nivel psicológico, puede haber una disociación o despersonalización, es decir, una sensación de desconexión del propio cuerpo como mecanismo de protección. Rodríguez Serrano describió que un elemento distintivo en estos casos es la alteración de la memoria generando lagunas parciales o totales antes, durante y después del incidente dificultando reconstruir lo sucedido.
La falta de claridad genera pensamientos recurrentes y obsesivos en un intento de entender qué ocurrió. Como consecuencia, muchas mujeres experimentan la sensación de pérdida de control acompañada de la idea de que están «locas» o que inventan lo vivido.
A nivel emocional la psicóloga y académica detalla que es frecuente el sentimiento de culpa, vergüenza y miedo a no ser creídas, sentimientos que suelen reforzarse por estereotipos de género y discursos sociales que responsabilizan a las víctimas. En este contexto, pueden desarrollarse trastornos como depresión, ansiedad, ataques de pánico, irritabilidad, tristeza profunda y trastornos alimentarios.
«Esto que les pasa (sentir culpa) es una respuesta normal ante situaciones de violencia que les sucede a todas las mujeres o la gran mayoría que sufren una violación sexual por sumisión química (…) no tienen por qué sentir vergüenza de lo que les pasó y pueden hablarlo con gente que las va a escuchar y las va a acompañar» -Aidee Elena Rodríguez Serrano, psicóloga y académica de la UNAM.
La evitación para tener relaciones sexuales y afectivas, incluso con la pareja, así como la pérdida de confianza en el propio cuerpo y una sensación de extrañeza corporal puede ser consecuencia del impacto en la vida íntima y afectiva de las mujeres. Rodríguez Serrano puntualiza que la falta de recuerdos intensifica estas afectaciones incrementando la culpa, confusión y angustia mental.
Por ello, mencionó que desde el inicio se debe brindar atención psicológica sin esperar que el pase el tiempo o que la víctima denuncie y el acompañamiento debe ser especializado con perspectiva de género, feminista y de derechos humanos que garantice un espacio seguro, de confianza, confidencialidad y privacidad.
A través de este tipo de acompañamiento se busca devolver la sensación de control y agencia a la víctima respetando en todo momento sus decisiones y tiempos. También subrayó que la atención temprana permite identificar y evaluar riesgos físicos, emocionales y sociales, incluyendo posibles daños a la salud, el contexto y las condiciones de seguridad.
Desde la experiencia de Rodríguez Serrano, en los casos donde se necesita implementar medicamento estos deben manejarse con cuidado porque existe una huella corporal del trauma, por lo que algunas mujeres pueden recordar la sensación de pérdida de control, por ello resaltó que es fundamental brindar psicoeducación, explicar claramente qué ocurrirá con el tratamiento y ajustar tanto el tipo de aplicación como la dosis para evitar reacciones similares o generar mayor angustia.
¿Qué pasa en el cuerpo?
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su informe «Directrices para el análisis forense de sustancias que facilitan la agresión sexual y otros actos delictivos» cuando una persona es víctima de sumisión química el principal síntoma que suele experimentar es la alteración del grado de conciencia, el estado de percepción el juicio y la memoria.
De esta forma, la víctima queda en estado vulnerable y no puede defenderse ante su agresor. Esto en parte se debe a que la mayoría de estas sustancias son potentes depresores del sistema nervioso central con un efecto rápido y cuyos síntomas se asemejan a la intoxicación etílica aguda o a la anestesia general.
La Organización de las Naciones Unidas remarcan que los efectos farmacológicos de la sumisión química se destacan por provocar relajación, euforia, desinhibición, amnesia, alteración de la percepción, dificultad para guardar el equilibrio, dificultad para hablar, somnolencia, pérdida de la función motriz, vómitos, incontinencia, pérdida del conocimiento y la posible muerte si se abusa de la dosis.
«Por todo ello, la policía puede suponer que la víctima no estaba drogada, sino bajo los efectos del alcohol, lo que influye en la investigación.» -Organización de las Naciones Unidas.
La Organización de las Naciones Unidas apunta que es incorrecto pensar que existe «una droga para violadores», ya que hay en el mercado hasta 50 sustancias que pueden ser utilizadas para facilitar delitos como la violencia sexual a través de la sumisión química y muchas de ellas producen estos efectos cuando son mezcladas con alcohol, algunas son de fácil acceso para el consumidor y no necesitan receta médica.
El Consejo de Salud y Consumo en España detectó en su informe «Abordaje integral de víctimas de sumisión química y/o agresión por objeto punzante» que la vida media (la eliminación del 50% del principio activo consumido por el organismo) de las sustancias empleadas para la sumisión química oscila entre los 30 minutos hasta las 36 horas, por ello se recomienda que en casos de sospecha se realice asistencia sanitaria lo más pronto posible.
Este mismo informe, señala que cuando existe una sumisión química por objeto punzante, es decir a través del pinchazo de una aguja añade un elemento más a la atención sanitaria de las víctimas que es la prevención de enfermedades infecciosas transmisibles a través de jeringuillas de las cuales se desconoce su procedencia y si ha tenido usos anteriores.
La ONU advierte que cuando las víctimas de sumisión química está confusa sobre los hechos que precedieron la agresión por los efectos de las sustancias psicoactivas puede retrasar la denuncia del incidente, sobre todo cuando existe violencia sexual. En algunos casos, prefieren primero tratar de llenar las lagunas de la memoria hablando con amigos o incluso con el agresor y, en muchos casos, desisten de denunciar.
En los casos en que las víctimas llegan a denunciar, la ONU recomienda obtener pruebas biológicas pertinentes, principalmente de orina, ya que algunas drogas solo pueden ser detectadas mediante este método en un plazo breve. También existen otras pruebas como las de sangre, análisis metabólicos, marcadores específicos, o análisis segmentario de cabello obtenido al menos un mes después del incidente.




