Ciudad de México.- María Magdalena, Priscila, Febe, Lidia y María la madre de Jesús, fueron figuras claves en los relatos del Nuevo Testamento; sin embargo, sus historias se contaron durante siglos desde una mirada patriarcal que distorsionó su papel en la historia religiosa, frente a ello, hacer una relectura feminista de los textos fundacionales permite recuperar sus voces y cuestionar las interpretaciones que las silenciaron.
La teóloga católica Ana Ruth Chinchilla Castillo destaca que el plan de Dios, según el Nuevo Testamento, no hubiera sido posible sin la participación de María: «a pesar de que el discurso pareciera dar a entender que el pecado entró al mundo por una mujer, la salvación se hizo efectiva también por medio de una mujer», describe en su investigación.
Chinchilla Castillo indica en su investigación «El discurso patriarcal en los textos evangélicos: un abordaje desde la teología feminista» que la representación de las mujeres en los textos evangélicos debe ser reinterpretada.
Detalla que es en el Antiguo Testamento, escrito entre el tiempo de Moisés y el año 400 antes de Cristo, donde las mujeres aparecen bajo diversos roles: como la pecadora, heroína, esposa y amante. Es a partir del Nuevo Testamento, tras la aparición de Jesús y el cumplimiento del sacrificio divino, que su rol comienza a representarse de forma distinta.
Detalló que, al analizar esta serie de textos utilizando la teología feminista encontró que la figura de las mujeres comenzó a ser repensada discursivamente como un modelo a seguir. Durante los recorridos de Jesús por las ciudades y aldeas, ellas se convirtieron en discípulas del mensaje mesiánico sin importar su condición jurídica y social.
Chinchilla Castillo resalta que la figura de Jesús practica milagros dirigidos a la mujer doliente, pecadora o enferma para «liberarlas de su carga», es así que «rinde respeto y honor a la dignidad de todas ellas incluso cuando son catalogadas como «pecadoras» o «impuras» en aquellas sociedades patriarcales y entonces la figura de las mujeres se reconstruye.
A su vez, las mujeres tienen un rol trascendental durante la Redención, pues de acuerdo con los textos religiosos, Jesús decide presentarse ante tres mujeres: María Magdalena, María madre de Santiago, y Salomé, una vez resucitado y no con sus discípulos hombres. Las elige a ellas para llevar la buena nueva, es decir, el mensaje de salvación que se cumplió con su muerte y resurrección.

Una de las figuras más importantes es la de María madre de Jesús también conocida como María de Nazaret. En el Nuevo Testamento es mencionada varias veces refiriéndose a ella como «una mujer» y destacando su papel para darle vida a Jesús, el hijo de Dios. En la historia religiosa es conocida por ser la mujer que puso su vida al servicio de Dios para permitir la salvación, no obstante, tuvo un papel determinante en los procesos religiosos y sociales de su tiempo.
De acuerdo con el artículo «María de Nazaret: algunas reflexiones desde la teología feminista», María no solo da origen a Jesús en un sentido biológico, sino que encarna un paradigma ético-político, ya que su figura representa la posibilidad de pensar a las mujeres como sujetas con voz, poder y capacidad de acción dentro de estructuras históricamente patriarcales.
Además, su papel trasciende de la maternidad entendida solo como una función biológica, pues María es capaz de tomar decisiones, influir en su entorno y participar activamente en la construcción de un proyecto de vida con sentido transformador. Su papel no se limita al ámbito privado, sino que se extiende a lo comunitario, donde su acción y compromiso contribuye a sostener valores como justicia, dignidad y cuidado.
A lo largo de la historia, la figura de María Magdalena ha sido distorsionada por diversos mitos patriarcales. Su nombre ha estado asociado a la representación de «la pecadora arrepentida, la prostituta convertida, la penitente de largos cabellos y abundantes lágrimas», según describe el artículo «María Magdalene: between myth and reality».
Este mismo texto describe que María Magdalena nació en el pueblo de Magdala, ubicado a la orilla del mar de Galilea. De acuerdo al Nuevo Testamento, en el Evangelio de Pedro se menciona su papel como testigo de la resurrección de Jesús. En otros textos apócrifos, aparece como discípula o la pareja sentimental de Jesús.
María Magdalena vivió en una época en la que Israel estaba ocupado por fuerzas romanas y donde las mujeres eran infravaloradas en el orden ético y jurídico siendo constantemente una mercancía y con muchas restricciones legales, sociales y religiosas. Aun así, gracias a los textos evangélicos se sabe que era una de las mujeres que acompañaron a Jesús.
Fue hasta el año 2016 cuando el papa Francisco redimió la figura de María Magdalena, quien durante años fue tachada de prostituta, poseída por siete demonios. A partir de esa fecha, la iglesia católica la define como “la apóstala de los apóstoles”; ese reconocimiento se debe a que ella fue la primera en anunciar la resurrección de Cristo.
De acuerdo con las Escrituras, entre los textos asociados a Pablo se nombran a varias mujeres, una de ellas es Priscila quien figura como líder. Su nombre aparece al menos seis veces en el Nuevo Testamento junto al de su marido Aquila, pero en una posición antes que él. En la investigación «Una propuesta hermenéutica para pensar los roles de las mujeres en la iglesia» se señala que este fenómeno fue poco convencional tomando en cuenta que las mujeres eran poco mencionadas.
Prisila también es conocida desde varias representaciones, comenzando como la colaboradora de Pablo representando un rol similar o un rango parecido al de este hombre y en donde se reconoce una posición de igual. A esto se suma su reconocimiento como educada y educadora por el que fue nombrada como buena líder, la mártir por arriesgar su vida por Pablo, y la piadosa por ser la hospedera de Pablo.
Junto con su esposo, Priscila representa el modelo de «igualdad y compañerismo en el matrimonio, los negocios, la educación y la comunidad», cuyo papel era respetado y conocido en la iglesia y su voz no era callada o silenciosa. Tenía un rol más protagónico que una ayudante, fundó comunidades y fue tutora del intelectual Apolos.
Febe fue integrante de una corte de mujeres que se asociaron con Pablo y es reconocida como la diaconisa o presidente de la Iglesia de Cencreas. Es mencionada una vez en la Biblia, en Romanos 16:2 donde Pablo escribe «Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo».
En varias ocasiones Pablo la nombra como colaboradora y la presenta como creyente y protectora. Por su cargo asumió el rol de emisaria entre las comunidades cristianas y con el respaldo de su autoridad favoreció a Pablo para lograr su aceptación en la Iglesia de Roma y expandir su proyecto misionero a España.
Lidia de Filipos, proveniente de Tiatira, sitio en Turquía, tiene varios sobrenombres como La Mujer de las Púpuras, aparece en el Nuevo Testamento como la negociante de telas en púrpura y probable mujer de negocios. Tras un encuentro espiritual con Dios decidió bautizarse junto con su familia. En los textos evangélicos se narra que Pablo y sus compañeros se hospedaron en la casa de Lidia.
Se le conoce como la primera mujer conversa en Europa. Lidia demostró su fe acogiendo a Pablo, Silas y Timoteo en su casa, convirtiéndola en un punto de encuentro para la naciente comunidad cristiana y con ello logró la expansión de la religión en esa zona.
En el Nuevo Testamento, Salomé aparece como una de las mujeres que siguieron a Jesús durante su ministerio, especialmente en Galilea. El evangelio de Marcos la menciona explícitamente como parte del grupo que «seguían y servían» a Jesús, lo que indica que no era una figura marginal, sino involucrada activamente en su movimiento.
Aunque los textos bíblicos ofrecen pocos detalles sobre su identidad, diversas interpretaciones la vinculan con un lugar cercano dentro del círculo de Jesús. Se ha sugerido que es la madre de los apóstoles Santiago y Juan, e incluso parte de su red familiar. Esto permite repensarla
Su papel adquiere especula relevancia en momentos críticos, pues está presente en la crucifixión, cuando muchos de los discípulos han huido, y forma parte del grupo de mujeres que acuden al sepulcro. Allí recibe el anuncio de la resurrección, lo que la convierte en testigo de uno los acontecimientos centrales del cristianismo.
Esta reinterpretación, desde la teología feminista, permite también cuestionar las lecturas patriarcales que han invisibilizado a las mujeres, recuperando a María, María Magdalena, Priscila, Febe y Lidia como figuras claves para repensar su lugar en la historia, la religión y la sociedad.




