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A la caza de mujeres, la maquila se muda al sur

Por Román González

En México las empresas maquiladoras comienzan a radicarse en el estado de Yucatán, ubicado en el sureste del país, donde la mano de obra es más barata que en la frontera norte y cuya planta laboral está integrada en su mayoría por mujeres.

Ese estado está experimentando una expansión importante en la industria del vestido para exportación. Ahí, grandes fabricantes estadounidenses y canadienses de ropa interior, como Vogue, Maidenform, Sara Lee Corp., y Victoria’s Secret han establecido plantas o contratan producción a fábricas del norte de la capital del estado, Mérida.

Información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), revela que hasta julio pasado, el personal ocupado por la Industria Maquiladora de Exportación (IME), era de 27 mil 105 personas, de las cuales 14 mil 388 son mujeres.

El gobierno estatal promueve, por medio de su página en Internet, la conveniencia de establecerse en Yucatán al ofrecer costos de producción en un 50 por más bajos que en Estados Unidos, salarios de los más competitivos en México y sindicatos limitados y complacientes.

INCORPORACIÓN

A pesar de los bajos salarios, largas jornadas y malas condiciones de trabajo, las mujeres ven el empleo de la industria maquiladora como la única alternativa que tienen para la supervivencia de sus familias.

María Dolores Cervera y Silvia Terán, en su trabajo Primer Congreso de Mujeres Mayas: Una Experiencia de Empoderamiento, revelan que la crisis agrícola de los años 70 presionó a las comunidades mayas a formar parte de la economía de mercado, presión que se intensificó por el proceso de globalización.

Ellas refieren que las mujeres son las que han sentido la presión con mayor intensidad, ya que en ciertas partes de la península se ven obligadas a mantener a la familia ante la falta de empleo de sus maridos.

“Esto es precisamente lo que lleva a las mujeres mayas a trabajar en la industria maquiladora”, refieren Dolores Cervera, del Centro de Investigaciones Avanzadas del Politécnico en Mérida, y Silvia Terán, directora de la Fundación Tun Ben Kin, una organización que promueve el trabajo de bordado en Yucatán.

Así refieren que en los últimos años el número de este tipo de fábricas se ha incrementado notablemente, prefieren ubicarse en ciudades pequeñas y medianas, más que en Mérida y emplean a mujeres en su mayoría.

El proceso de globalización no puede ser detenido, es vital que los salarios, las jornadas y malas condiciones de trabajo sean mejoradas para permitir a las mujeres tener mayor control del espacio donde laboran en las fábricas, aseguran.

LA GLOBALIZACION

Para el investigador Raúl Fernández, de la Universidad de California, Estados Unidos, la competencia se da no sólo entre países pobres sino también entre regiones dentro de los países.

En el caso particular de Yucatán explica que en la medida en que la industria nacional de henequén –vegetal tropical– quiebra a consecuencia de la competencia de textiles extranjeros, más de cincuenta mil empleados de la industria henequenera han sido despedidos en los últimos siete años.

En ese sentido, Fernández alude a un reportaje del diario Los Angeles Times, en el que se cuenta la historia de una obrera que labora 10 horas diarias en la maquila y gana 28 dólares semanales, lo que no es suficiente ni siquiera para la comida de la familia, que vive en una casa de cartón.

En su estudio El Espejismo de las Maquilas, Fernández revela que los teóricos de la globalización y el libre intercambio repiten incesantemente el concepto de regionalización, junto con el de globalización.

Urgen a los países en desarrollo a diseñar estrategias para reordenar sus territorios y declarar provincias autónomas para buscar acuerdos aún más onerosos por separado con empresas multinacionales por su propia cuenta y al margen de las ya de por sí disminuidas reglas laborales, de salud y ambientales.

En el caso de México, la maquila lleva 36 años operando sin que hasta hoy hayan cambiado esas condiciones, en las cuales está inmersa la mayoría de la población mexicana, afectando de manera particular a la población femenina.

2003/RGL/MEL

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