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A la vista de cualquiera, el tráfico sexual infantil en Tapachula

Por Gabriela Coutiño

En la ciudad fronteriza de Tapachula, Chiapas, la prostitución infantil es tan evidente que las menores comercializan su cuerpo, tanto en la zona de tolerancia del lugar como en las principales avenidas.

Mientras tanto, en las instalaciones del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), cinco niñas prostitutas de nacionalidades mexicana y hondureña reciben tratamiento médico y psicológico ya que amenazan con suicidarse, cortándose las venas.

Alberto Barrios Escobar, director del DIF, informó que el organismo a su cargo, rescató a cinco niñas del primer cuadro de la ciudad involucradas en el comercio sexual. Sus casos han sido notificados a la Procuraduría General de Justicia del Estado para que se ejerza acción penal contra quienes las explotan o inducen a prostituirse.

En el lugar, recibe atención la niña hondureña Ximena (nombre ficticio), quien fue obligada a prostituirse por su madre que la golpeaba y la vendía sexualmente en cantidades que no pasaban de los 50 pesos por lo que huyó para buscar trabajo en “Las Huacas”, uno de los burdeles de la zona de tolerancia.

La chica viste una blusa blanca, raída por el exceso de uso y una falda gris. Es muy retraída. Se come las uñas. Llegó al DIF luego de que un grupo de bailarinas de “Las Huacas” la entregaran, ya que no quiere regresar con su madre, quien también es sexo servidora y trabaja en una de las calles de la octava norte en esta ciudad.

Ella solamente platica que su mamá la vendió con varios hombres, y cuenta veinte con sus dedos.

El DIF le proporciona asistencia médica y un tratamiento psicológico por el fuerte trauma que sufrió al ser inducida a prostituirse contra su voluntad.

LA VIDA ALEGRE

Otro caso es el de las primas Mónica y Pilar (nombres ficticios) de 15 y 16 años de edad, respectivamente, quienes desde hace más de ocho meses se prostituyen en el parque Miguel Hidalgo, en los alrededores de la presidencia municipal.

Ellas visten diminutas prendas que lejos de hacerlas ver grandes, acentúan más sus rasgos infantiles, pero platican sin el menor recato y son muy divertidas.

“Es rápido y se gana buen dinero, aunque también se sufre y se llora”, así define Paulina el oficio de sexo servidora. Dice que todo comenzó cuando ambas dejaron su natal Oaxaca para huir con sus novios, dos marinos que desertaron a los pocos meses de llegar a esta localidad.

Una ancla y un tiburón, fueron la prueba de amor que Pilar tatuó en su brazo izquierdo para recordar al marino que la dejó abandonada en Tapachula, para regresar con su esposa.

Pilar asegura que se protege con condones y cuenta entre risas que hay de todos colores, sabores y tamaños.

Mónica es más seria y narra que por huirse con su novio, no le dio tiempo de terminar la secundaria. “Aquí nos va bien, ganamos mejor que de empleadas de mostrador. Comemos lo que queremos y nos levantamos a la hora que queremos. Nadie nos fastidia… ¿Verdad manita?”. Le dice a Pilar quien asiste con carcajadas.

Las dos admiten que le han entrada a la marihuana y al alcohol. “Tu sabes, para la depre”, justifican.

El director del DIF comenta que el proceso de rehabilitación con las menores es largo. “Están acostumbradas a la calle, al dinero, y la mayoría de ellas quieren que se les dé el ingreso que reciben en la calle con la venta de su cuerpo. Por ello, se pretende quitarles el amor al dinero, que es lo que las mueve a desarrollar esta actividad”, dice el funcionario.

Alberto Barrios Escobar afirma que el organismo a su cargo desconoce quienes están detrás de la prostitución de niños y niñas en Tapachula. “En lo personal y como director del DIF, no tenemos a nadie en específico que este regenteando a estas personitas”.

Lo que es evidente es que en la zona de tolerancia en la mayoría de los bares se prostituyen menores de edad, sobre todo niñas centroamericanas, a la vista de las autoridades, denuncian las organizaciones no gubernamentales.

En la frontera sur, en los últimos años ha aumentado el número de niñas que se ofrecen en las calles o en los parques. El tráfico de niños también es un fenómeno creciente y preocupante ya que las niñas son vendidas por sus familias y utilizadas en la prostitución, subrayan las ONG.

       
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