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Alasita, un mercado boliviano de anhelos feministas

Por Helen Álvarez Virreira

Hace tres años, Margarita Palomino aprendió de su suegra a modelar el yeso para convertirlo en figuras. Todas le salen perfectas, pero le tiene especial afecto a la Negrita, una muñeca que representa a una niña risueña y coqueta, y que trae buena suerte a quien la tenga.

Desde entonces exhibe orgullosa su trabajo en la Alasita, una feria que da rienda suelta a las ilusiones de las personas, porque ahí pueden adquirir todo lo que sueñan tener: desde casas y terrenos, hasta pasajes de avión o vehículos, también alimentos o sofisticados equipos electrónicos y mucho dinero, ya sea en pesos bolivianos, dólares o euros?, pero en miniatura.

Alasita, que quiere decir “cómprame-yo-te-compro o regálame-yo-te-regalo”, es una fiesta dedicada al Ekeko, el Dios de la Abundancia. Este ídolo es pequeño, regordete y cargado de innumerables artículos. Se cree que no faltará nada en la casa de quien lo tenga, y por eso cada 24 de enero se lo agasaja con una ch?alla, la bendición andina que consiste en ofrendar alcohol, vino e incienso a la Pachamama, la Madre Tierra.

Cientos de artesanos y artesanas se dedican a elaborar ekekos, que la gente adquiere con devoción, y miniaturas y otras figuras que también deben ser ch?alladas. De esta manera, cada objeto se convierte en un amuleto de la suerte.

La feria, muy tradicional en el occidente boliviano, se ha extendido en los últimos años a otras regiones e incluso a países como Argentina, donde existe una numerosa población boliviana.

La suegra de Margarita Palomino dejó de fabricar “negritas” hace 20 años porque las compraban poco. Pero esta artesana apostó por la muñeca que, según dice, trae suerte con los hijos. ¡Ella tiene seis!

Ahora las muñecas volvieron a ser requeridas y las hace de todos los tamaños, desde las grandes de medio metro, que cuestan 18 bolivianos (unos dos dólares) hasta pequeñas de 10 y 15 centímetros por cuatro bolivianos (50 centavos de dólar).

Comienza con el trabajo un mes antes y, mientras su marido vacía el yeso en los moldes, ella se dedica a ponerles primorosos detalles. Cada día llega a terminar hasta 30 figuras y su venta le asegurará ingresos por lo menos hasta marzo.

¡QUE SE HAGA REALIDAD!

Este año, la Negrita ha sido tomada como símbolo por el movimiento feminista Mujeres Creando, que por primera vez participa en la Alasita para remover la rebeldía de las mujeres a partir de una fiesta tan arraigada, en la que abunda simbología patriarcal como, precisamente, el Ekeko.

Este diocesillo, que en la antigüedad tenía un pene erecto muy voluminoso, representa al padre proveedor, cuando en la realidad hay millones de mujeres que son las únicas que llevan alimento y afecto a sus hogares, porque el padre es el gran ausente o el jefe de familia violento.

En la Alasita todo vale y la ironía es la que reina. Y eso se refleja en los documentos en miniatura que vende el grupo feminista. Por ejemplo, el dictamen de asignación de pensiones familiares hace referencia a la irresponsabilidad paterna del presidente de la República, Evo Morales, a quien la justicia tuvo que obligar a pagar la manutención de sus hijos cuando aún era diputado.

Las sentencias de divorcio cuestan un boliviano (12 centavos de dólar), cuando un trámite verdadero llega a costar más de cinco mil (unos 650 dólares), motivo por el cual muchas mujeres no pueden cortar el vínculo matrimonial. Una joven, después de leer el documento de Alasita, compró tres para regalárselos a sus hermanas.

Hay además sentencias rápidas por violencia familiar con sanciones contra los culpables, que van desde dos años de servicio doméstico en la cárcel de mujeres, hasta la publicación de sus fotos y datos en la prensa nacional, en la sección “violentos indeseables”. Este documento también es visto con picardía e ilusión, porque ahora la impunidad campea entre los agresores.

La Constitución Política Feminista del Estado, también elaborada para la feria, establece el trabajo doméstico rotatorio entre hombres y mujeres; la creación de guarderías públicas que serán atendidas por varones, la mitad del tiempo, para estimular la responsabilidad paterna; y que las niñas y niños lleven primero el apellido materno y después el paterno como una forma de devolverle a las mujeres su maternidad.

Entre otros documentos están: un Acuerdo transaccional de separación definitiva conveniente a la mujer demandante, las leyes de Ampliación de uniones libres o “sirviñacuy” para parejas del mismo sexo y de restitución de la soberanía de las mujeres bolivianas sobre sus cuerpos.

Nada es cierto, todas son esperanzas, como todo lo que se vende en la feria de Alasita, pero las mujeres se llevan los “documentitos” para guardarlos ellas o para regalarlos pidiéndole a la Negrita de la buena suerte, la felicidad y la alegría: “que se haga realidad”.

07/HA/GG/CV

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