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Alice Stewart

Por Erika Cervantes

Uno de los grandes errores de la vida es dar todo por hecho, no cuestionar el por qué de lo aceptado socialmente. Para la epidemióloga Alice Stewart, preguntar todo y cuestionar todo le valió ser reconocida como la científica que descubrió el daño que hacen las radiaciones al organismo humano.

Si bien Marie Curie hizo avanzar la ciencia al descubrir el uso del radio para el diagnóstico con rayos X, Alice Stewart puso límite al uso de esta tecnología al demostrar en 1956 y 1958 la relación entre radiografías fetales y cáncer infantil.

Dos décadas más tarde, en años setenta, Alice Stewart instó a un nuevo cambio en las prácticas laborales al publicar un estudio que mostraba cómo los trabajadores de las plantas de fabricación de armas nucleares estaban sometidos a un riesgo sanitario mayor que el admitido por la legislación internacional sobre seguridad.

Esto no fue bien recibido por las empresas y científicos que preveían un gran adelanto y desarrollo con la energía nuclear, por el contrario se convirtieron en sus enemigos tratando de soslayar las investigaciones de Alice.

No lo lograron, ya que a pesar del poco financiamiento con que contaba, apenas mil libras, Alice logró cambiar la práctica sanitaria para usar los rayos X, sobre todo en le caso de mujeres embarazadas y con ello reducir la incidencia de cáncer infantil.

Para muchos esta postura no era buena, pero el profesionalismo de Alice nunca dejó resquicio para ser atacada. Junto con su asistente estadístico, George Kneale, ampliaron, elaboraron y refinaron su base de datos para convertirla en el Informe Oxford sobre el cáncer infantil, hasta que en los años setenta los organismos médicos más importantes recomendaron no aplicar exploraciones por rayos X a las mujeres embarazadas y esta práctica cesó.

En 1974, oficialmente jubilada y habiéndose trasladado de Oxford a Birmingham, donde había aceptado un puesto de investigadora, Stewart recibió una llamada del doctor Thomas Mancuso, quien había trabajado en un informe gubernamental sobre la salud de los trabajadores del centro nuclear de Hanford, el complejo militar que produjo el plutonio para el Proyecto Manhattan, quería que ella echara un vistazo a sus datos.

El estudio de Mancuso se había prolongado más de una década. No se esperaba que descubriera nada comprometido porque la exposición de los trabajadores en Hanford, la mayor y más antigua fábrica de armamento nuclear del mundo, siempre había estado dentro de los límites de seguridad establecidos por los organismos internacionales. Pero Stewart y Kneale descubrieron que el riesgo de cáncer de los trabajadores era 20 veces superior del que se creía.

El Departamento de Energía estadounidense destituyó a Mancuso e intentó incautar los datos. Pero Stewart y Kneale se llevaron su trabajo a Inglaterra y, junto con Mancuso, publicaron una serie de estudios que continuaron corroborando que los riesgos de cáncer por exposición a las radiaciones eran considerablemente superiores a los que indicaban los estudios de Hiroshima.

El Departamento de Energía negó a los científicos cualquier acceso a los historiales médicos de los trabajadores y situó la investigación bajo estricto control gubernamental.

En 1986, a los 80 años de edad Alice recibió el Right Livelihood Award, conocido como Nobel Alternativo, que se entrega en el Parlamento sueco el día anterior a la entrega del Premio Nobel para homenajear a quienes han realizado contribuciones para la mejora de la sociedad.

La Embajada Británica, rehusó incluso enviar un coche al aeropuerto para recogerla a la llegada de su avión. En 1992 recibió el Premio Ramazzini de epidemiología.

Alice Mary Naish nació en Sheffield, Inglaterra, en 1906, y se doctoró en Medicina en Cambridge. Durante la Guerra estudió los riesgos sanitarios de los productos químicos, tanto en las industrias como en las minas, y en 1946 participó en la fundación de la revista British Journal of Industrial Medicine, lo que le valió para ser la mujer más joven en ser aceptada como integrante de la Real Academia de Medicina.

Alice Stewart murió el 23 de junio de 2002 a los 95 años y siendo fiel a su lema La verdad es hija del tiempo, nos hereda la verdad sobre el uso de la energía nuclear.

07/EC/GG

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