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Amelie, la influenza y la realidad de nuestro sistema de salud

Por Alejandra González Méndez

Amelie tiene dos años de edad, vive en Ecatepec, Estado de México, y ayer su familia, al igual que prácticamente toda la población del área metropolitana de la Ciudad de México, vivió la experiencia de sentirse vulnerable ante la epidemia de influenza porcina que azota al país y desprotegida con un precario sistema de salud en el primer nivel de atención.

Su madre, su abuela, sus tías, atentas a las indicaciones de las autoridades sanitarias y pendientes de los anuncios sobre el desarrollo de la epidemia, vieron con alarma cómo la niña comenzó a presentar síntomas parecidos a los de la Influenza: fiebre mayor de 39 grados, diarrea, dificultad para respirar y flujo nasal.

Ante la sospecha, la madre de Amelie marcó el número gratuito que repiten los medios de comunicación para pedir información y saber qué hacer. Le pidieron los datos de la niña y le dieron un segundo número telefónico. Llamó y luego de 20 minutos en la línea, le dijeron que si la niña tenía los síntomas, la llevaran al hospital.

La madre volvió a explicar los síntomas, pero la respuesta fue la misma: llévenla al hospital. ¿A cuál?, preguntó. Diez minutos de espera y fueron referidas al Hospital General de Ecatepec José María Rodríguez, en el mismo municipio.

Llegaron al hospital, donde había como cien personas esperando en la entrada, otro tanto en la parte de adentro. Afuera del nosocomio dos guardias de seguridad: una anotaba a las personas en una lista e informaba que el precio de la consulta, en caso de no tener Seguro Popular, era de 110 pesos.

El otro guardia controlaba el acceso y tenía su tapabocas ¡en la mano! La tía de Amelie pidió uno para la niña, porque le pareció que aquello era un enorme foco de riesgo. Pero le dijeron que primero se anotara en la lista, se formara y ya luego le darían el tapabocas.

Angustiadas, decidieron acudir a un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), porque las autoridades han dicho que están brindando atención a todas las personas sean derechohabientes o no.

Al llegar a la Unidad Médica Familiar 77, les dijeron que no había servicio pues no había doctores. Se fueron rumbo al Hospital 192.

Ahí les dijeron que primero tenían que solicitar una autorización al Subdirector médico en el área de urgencias, quien les advirtió que si querían que atendieran a Amelie, había que esperar, pues había alrededor de 75 personas que habían llegado antes. Les explicó también que, aunque la niña tenía cerca de 40 grados de temperatura, si resultaba que no tenía influenza, debían de pagar el costo de la consulta, de 1 mil 100 pesos.

Tanta condición las obligó a llevarse a la niña a una clínica particular. Finalmente, ahí les dijeron que lo que Amelie tenía no era influenza, sino una infección bacteriana.

“Lo que nos quedó claro, dice la tía de Amelie, es la pobre organización de los servicios de salud, y su falta de sensibilidad ante estas situaciones de crisis”.

Y recomienda: “la población está preocupada, sería importante que el personal que labora en los hospitales y los centros de atención telefónica brindaran los servicios pertinentes y de una manera mucho más eficiente, para de esta forma terminar pronto con esta epidemia”.

09/AG/GG

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