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Anita migró a CR para darle educación a sus hijas e hijos

Por Nelson Rodríguez Navarrete
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Anita Vanegas lleva 18 años de trabajar en Costa Rica (CR), a donde viajó para costear los estudios primarios, secundarios y universitarios de sus ocho hijos, pero asegura que le pondrá fin a su vida de migrante a fines de año y regresará a Nicaragua cuando su hija menor se gradué de médica en Cuba.
 
En 1994 Anita dejó su natal Rivas, en la zona sur del país centroamericano, cuando vio que la situación de la familia era insostenible, a pesar de que su pareja le ayudaba económicamente. Era casi imposible costear el alimento y los estudios de sus cinco hijas y tres hijos.
 
Cuando emigró a CR, su hija mayor tenía 18 años y junto con una tía la joven se hizo cargo de sus hermanos, hasta cuidar a la menor que tenía en esa fecha 4 años de edad. Ahora de 22 años se convertirá en la primera médica de la familia.
 
La necesidad obligó a Anita a arriesgarse en CR como migrante sin documentos de estancia legal; así estuvo por seis años hasta que logró conseguir su residencia, cuenta su hija Egley Chávez Vanegas.
 
Durante ese tiempo y hasta la fecha Anita se ha desempeñado como trabajadora del hogar, y con su salario logró costear los estudios de sus hijas e hijos.
 
Lleva ya 12 años en su empleo actual y aunque su partida le costó la separación de su pareja, ella considera que ha logrado el principal propósito  de ofrecerles estudios universitarios a sus hijas e hijos, agrega Egley.
 
Anita trabajó duro en CR para enviarle dinero a su hija en Cuba y sufragar otros gastos debido a que la beca de estudio que consiguió con el gobierno nicaragüense sólo cubre lo básico.
 
Anita también le ha pagado el viaje de vacaciones a su hija cada año para que toda la familia se reúna en Nicaragua, detalla Egley.
 
Los ocho hijos de la mujer han logrado estudiar gracias a su esfuerzo y aunque la separación  ha sido muy difícil, ahora gozan de mejores condiciones, afirma Egley, quien ahora tiene 28 años de edad y ya se graduó en Administración de Empresas.
 
Anita ahora está un poco enferma y aunque todavía no tiene la edad para jubilarse se está informando sobre el proceso que tendrá que seguir al respecto. “Queremos que ya regrese con nosotros porque nos da miedo que se vaya a poner peor de salud; ya ha trabajado mucho”, dice su hija.
 
Anita ha sido una de las migrantes afortunadas al no encontrar mayor obstáculo con sus derechos laborales, no así para muchas otras nicaragüenses trabajadoras del hogar que tienen que recurrir a organizaciones como la Asociación de Trabajadoras Domésticas (Astradom), para recibir todas sus prestaciones laborales cuando tienen que dejar algún trabajo o son despedidas.
 
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