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Annelies Marie Frank

Por Erika Cervantes*

Recuperar a las mujeres en la historia no es tarea fácil. La humanidad las ha ignorado en su aporte en la construcción de la civilización. En el caso de las niñas es doblemente difícil porque para muchas personas adultas no existen. Éste es un esfuerzo por recuperar lo que las niñas han hecho por la sociedad.

Annelies Marie “Anne” Frank, conocida en castellano como Ana Frank, es ejemplo de la lucha de la comunidad judía durante la Segunda Guerra Mundial.

Un cuaderno para autógrafos empastado en cuadros rojos y negros con una pequeña cerradura al frente es la ventana por la que Kitty -como llamaba Ana a su diario- nos permite asomarnos a la vida de una adolescente de 13 años escondida en una casa en Ámsterdam, Holanda, para salvar su vida y la de su familia.

Segunda hija de Otto Heinrich Frank y Edith Hollander, Ana escribió en cartas sus resultados en clase, sobre sus amigos, chicos con los que simpatizaba y los lugares que prefería visitar en su vecindario.

Escribió también acerca de las estrellas que la población judía estaba obligada a portar en público, y también enumeró algunas de las restricciones y persecuciones impuestas en la vida cotidiana en la ciudad.

El 5 de julio de 1942, Margot, la hermana de Ana, recibió la orden de deportación a un campo de trabajo. La familia se escondió en cuartos camuflados en las instalaciones de la empresa en Prinsengracht, una calle al borde de uno de los canales de Ámsterdam.

Ahí Ana describiría su escondite como “la casa de atrás”: un espacio de tres pisos en la parte posterior del edificio con acceso a un patio posterior de las oficinas de Opekta.

La familia Frank vivió en ese lugar a salvo de las manos del ejército nazi durante dos años. A finales de julio de 1944 se les unió la familia van Pels. Ana escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quién hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de personas que debía compartir el escondite.

Ana pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo, estudiando y escribiendo en su diario. Opinaba sobre la vida cotidiana, Dios y la naturaleza humana. La última anotación en su diario está fechada el 1 de agosto de 1944.

La mañana del 4 de agosto de ese año la policía nazi dio con la casa donde se alojaba la familia Frank. Es llevada a Westerbork y luego al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia.

De los mil 19 judíos que llegaron junto con Ana al campo de exterminio, 549 –incluyendo niñas y niños menores de 15 años– fueron seleccionados y enviados directamente a las cámaras de gas.

Ana –con apenas 15 años de edad– no fue seleccionada al igual que todos los que se ocultaban en “la casa de atrás”.

En el día, Ana realizaba trabajos forzados y por la noche era hacinada junto con otras mujeres en barracones frigoríficos. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo ella terminó con la piel cubierta de costras.

El 28 de octubre de 1944 comenzó la selección para reubicar a las mujeres en el campo Bergen-Belsen, en Alemania. Más de ocho mil mujeres, entre ellas Ana Frank, fueron transportadas.

En marzo de 1945, una epidemia de fiebre tifoidea se propagó por todo el lugar. Se estima que murieron 17 mil personas prisioneras. Testigos contaron que Ana falleció por la epidemia pocas semanas antes de la llegada de las tropas británicas el 15 de abril de 1945. De la familia Frank el único sobreviviente fue el papá, Otto Heinrich.

Ana Frank nació en Fráncfort, Alemania, el 12 de junio de 1929 y murió el 12 de marzo de 1945. Ella nos hereda su testimonio de vida para luchar contra la discriminación e intolerancia entre las naciones.

* Periodista y fotógrafa mexicana, Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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