Atropello de Pepsico en Argentina: 70% de las trabajadoras son mujeres

LABORAL
    Condiciones semejantes a las de los chinos el siglo pasado
Atropello de Pepsico en Argentina: 70% de las trabajadoras son mujeres
Por: Andrea D'Atri*
cimac | Buenos Aires.- 16/05/2002

En la planta que Pepsico Snacks tiene en Argentina trabajan alrededor de 400 personas. Del personal que se ocupa en las fábricas, las mujeres representan el 70 por ciento; cada semana rotan sus funciones y cumplen todo el turno de pie.

La mayoría de estas mujeres son jefas de hogar. En algunos casos son madres solteras y en otros sus maridos engruesan las filas del enorme ejército de desocupados que, en nuestro país, se acrecienta a una velocidad inaudita

. Son jóvenes que pasan ocho horas de pie frente a su máquina y hacen hasta dobles turnos para alcanzar un salario, que sin embargo nunca alcanzan.

Y si hay algo que pueda ser peor que esta vida de esclavitud, Pepsico lo consiguió: en el mes de enero despidió a sesenta mujeres y, en mayo, echó a la calle a las últimas catorce.

En un lapso de cuatro meses dejó sin trabajo a casi ciento treinta trabajadoras, algo que ya ha sido denunciado por algunos de los delegados enfrentándose al sindicato y a la empresa. También denunciaron el uso abusivo de los contratos, lo que indicaría que Pepsico estaría violando la legislación laboral vigente en el país.

FABRICA DE TORTURAS

Elsa trabaja en empaques. Allí la máquina, que debiera funcionar a 80 golpes por minuto, lo hace a 120. Tres mujeres arman las cajas, las trasladan hasta la tarima y vuelven para seguir armando... el mismo movimiento de sus brazos, el mismo recorrido durante ocho horas. Sólo treinta minutos para comer e ir al baño.

A Elsa esta rutina le está provocando dolores: "La máquina te hace trabajar a máxima velocidad. A veces estoy sentada en el piso, jugando con mi hijo, y no me puedo levantar por cómo me duelen las muñecas, debido a la velocidad con que tenés que empacar. Estás ocho horas parada no tenés lugar para apoyarte."

Un muchacho, delegado de fábrica, me cuenta que la principal enfermedad que sufren las trabajadoras son las várices. Una de ellas demandó a la empresa y la obligó a cubrir su tratamiento de flebitis, tras lo cual el sindicato --cómplice de la patronal-- retiró esa especialidad de la cobertura médica de la obra social.

Rosalba dice que no se soporta el calor dentro de la fábrica. Los ventiladores tiran permanentemente el mismo aire caliente y rancio de las freidoras; pero, increíblemente los asientos para ella y sus compañeras de sección son de aluminio.

Como en una de esas macabras torturas milenarias que se le adjudican a los chinos, las trabajadoras de Pepsico se cansan de estar paradas, pero se fríen si se sientan.

Julia tiene ampollas en las manos. Para ella es algo cotidiano. Las papas se fríen a más de 200 grados y, a pesar de que trabajan con aceite, a la empresa se le ocurrió que deben usar guantes de látex.

CUANDO LAS PAPAS FRITAS SABEN AMARGAS

Después de despedir a las trabajadoras contratadas, Pepsico se encargó de perseguir y amedrentar a las trabajadoras efectivas y a los dos delegados que las acompañaron en su lucha. Hoy, ellos se encuentran suspendidos, mientras adentro de la fábrica reina el miedo.

Todo porque una comisión interna, elegida por la totalidad de la fábrica, denunció el plan de despidos y se enfrentó al sindicato y éste no es conveniente para los intereses de la multinacional.

No se conoce que alguna de las grandes empresas del conurbano bonaerense haya tenido, en los últimos tiempos, asambleas de fábrica con la participación igualitaria y democrática de trabajadoras y trabajadores efectivos y contratados como en Pepsico.

Y esto es algo que no quieren permitir los patrones y los burócratas sindicales, por eso el ataque pretende ser ejemplar.

Las trabajadoras despedidas de Pepsico y los delegados perseguidos por la patronal cuentan con la enorme solidaridad de cientos de abogados prestigiosos, de las asambleas vecinales de la zona, de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, de los obreros de Zanon y las obreras de Brukman, entre muchos otros grupos de la sociedad civil.

Sin embargo, nada de esto fue suficiente para torcerle el brazo a la empresa norteamericana.

* colaboración para la Red Informativa de Mujeres de Argentina andreadatri@ciudad.com.ar







       
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