Aumenta número de menores en fuerzas armadas de Colombia

INFANCIA
   Se suman a la guerra para huir de la miseria: Unicef
Aumenta número de menores en fuerzas armadas de Colombia
cimac | Miami.- 15/11/2002

Estadísticas y estudios oficiales disponibles advierten que el número menores de edad forzados a combatir en los frentes de batalla colombianos aumenta dramáticamente, en lo que podría llegar a ser una orgía de sangre infantil sin precedentes en el país.

De acuerdo con cifras de las fuerzas militares, la mitad de los rebeldes y paramilitares que han desertado de la guerra interna colombiana a lo largo de este año son niños, principalmente campesinos e indígenas entre los 10 y los 17 años de edad, reporta en su edición de ayer El Nuevo Herald, de esta ciudad.

La cifra coincide con investigaciones de la Defensoría del Pueblo y de organizaciones privadas, que calculan en 50 por ciento la participación de menores de edad en las filas tanto de las guerrillas izquierdistas como en las autodefensas paramilitares de derecha.

Expertos señalan que ambas fuerzas pretenden completar cuanto antes cien mil combatientes cada una, con el fin de poder pelear con eficacia en cerca de 10 regiones estratégicas donde se disputan el control de corredores para realizar movimientos rápidos y constantes de tropas, drogas ilícitas y armas.

El pie de fuerza actual de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se estima en cerca de 20 mil combatientes y el de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 17 mil. Ambos bandos han crecido a cerca del doble durante los últimos cuatro años.

De acuerdo con el Programa para la Atención Humanitaria al Desmovilizado, de la Presidencia de la República, en 1999 desertaron de las distintas filas rebeldes 102 combatientes y de ellos únicamente cinco fueron niños. En el 2001 depusieron las armas 327 y para entonces ya 102 eran menores. Entre enero y octubre del 2002 los fugitivos de la insurgencia sumaron 986, de los cuales 413 son infantes.

Aunque las deserciones este año han aumentado como nunca, los reclutamientos también están creciendo.

El Ejército ha sabido de casos en que las FARC han incorporado a sus filas a niños indígenas amazónicos de Brasil y Perú a cambio de darles a las familias entre cien y 100 y 200 dólares.

Hace pocos días, un jefe indígena de la región amazónica colombiana de Vaupés, limítrofe con Brasil, contactó con angustia a El Nuevo Herald para informarle que un grupo de rebeldes, presumiblemente de las FARC, había reclutado por la fuerza a 20 adolescentes que asistían a clases en una escuela selvática, y advirtieron que en dos meses más iban a recorrer los caseríos de la región en busca de más infantes para la guerra.

De acuerdo con el Defensor del Pueblo, Eduardo Cifuentes, la supervivencia de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte del país, se encuentra en serio peligro por un plan de exterminio al que las tienen sometidas los paramilitares, principalmente.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la mayor parte de los niños guerrilleros y paramilitares se incorporan voluntariamente a las filas de esas organizaciones militares para eludir y tratar de superar la aguda miseria y la violencia interna en que se desenvuelven sus familias.

Estudios de ese organismo internacional han establecido que la atracción hacia el uso de las armas y una engañosa fantasía de libertad les facilitan el ingreso a las fuerzas rebeldes, de las que más tarde les resulta difícil salir porque la evasión se purga con la pena de muerte.

Además, establecen entre ellos lazos de afecto y de amor en pareja que no conocieron en el seno de sus familias, lazos que se estrechan en medio de las brutalidades de la guerra.







       
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