Inicio Baja escolaridad, pobreza y muerte, a mil días del “cambio”

Baja escolaridad, pobreza y muerte, a mil días del “cambio”

Por Román González

Muerte por causas prevenibles, bajos niveles de escolaridad, de participación económica, de acceso al crédito, a la protección social y a vivienda de calidad, forman parte del panorama para las mujeres a más de mil días de gobierno de Vicente Fox.

El próximo primero de septiembre, Vicente Fox rendirá su tercer informe de gobierno. A tres años de su gestión, 53 millones de connacionales viven condiciones de pobreza y marginación, que se acentúan entre las mujeres.

En México se ejecutan planes dirigidos a mejorar las condiciones de vida de la población femenina. Sin embargo, sus resultados no se observan en la realidad cotidiana.

Esta semana, el mandatario reveló 58 por ciento del gasto total de salud en el país es de origen privado. El gasto que la gente realiza para atención médica, reconoció, deja entre dos y tres millones más de personas en la pobreza.

Con ello, la situación de madres y amas de casa se complica durante el embarazo y los nacimientos de los hijos e hijas debido a la poca capacidad financiera de los programas públicos para crear centros de atención.

En ese sentido, si bien existen los Comités Hospitalarios para el Estudio y la Reducción de la Muerte Materna, desde hace más de 10 años en todo el sector salud, cada año se registran más de mil decesos de mujeres relacionados con el embarazo.

Sumado a ello, se estima un subregistro de alrededor de 30 por ciento y, en el peor de los casos, errores en las actas de defunción “maquillan” las cifras reales de estos fallecimientos.

HOGARES

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo), 4.6 millones de hogares son jefaturados por mujeres. Un rasgo relevante es que la mitad de ellos cuenta con bajos ingresos, lo que ha originado la incorporación de más de sus integrantes a la actividad económica, en la mayoría de los casos mujeres.

Además, las mujeres jefas de hogar constituyen frecuentemente el único adulto en el hogar, lo que las obliga a asumir tanto el papel de proveedora, como las tareas del cuidado y crianza de los hijos y otras del ámbito doméstico, con la consiguiente carga de trabajo.

El programa Hábitat, operado por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), ejerce mil millones de pesos autorizados por el Congreso de la Unión en diciembre pasado. Inició sus acciones en 32 ciudades del país mayores de 100 mil habitantes, donde las familias se encuentran en situación de pobreza patrimonial.

Sedesol define a la pobreza patrimonial como aquellos hogares cuyo ingreso es menor de 41.8 pesos diarios en el año 2000 por persona, el cual es insuficiente para cubrir las necesidades de alimentación, salud, educación, vestido, calzado, vivienda y transporte público.

El programa en cuestión señala que apoyará exclusivamente a las mujeres, con o sin cónyuge, que asumen la responsabilidad de jefas de familia, que son el principal sustento familiar o tienen dependientes económico bajo su cuidado.

LA CUESTION RURAL

La secretaria general del Conapo, Elena Zúñiga Herrera, ha reconocido que la pobreza afecta con mucha mayor severidad a la población rural, cuyos valores triplican a los que se registran en las localidades urbanas.

Dio a conocer que la pobreza se acompaña de comportamientos reproductivos caracterizados por el inicio temprano de la unión o matrimonio y del nacimiento del primer hijo, así como un menor espaciamiento de los nacimientos y mayores niveles de fecundidad.

Estas características, abundó, contribuyen a reproducir la pobreza y son resultado a su vez de la limitada estructura de oportunidades y la persistencia de grandes disparidades sociales entre mujeres y hombres.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), 52 por ciento de las mujeres rurales vive en la pobreza.

En tanto, cifras de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) y del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), revelan que el total de mujeres rurales sin preparación profesional y económicamente activas se ubica en 25.8 por ciento de la población femenina.

Mientras, en las pequeñas localidades de menos de dos mil habitantes, 77 de cada 100 mujeres no tiene educación básica, mientras que 20 no tienen ningún tipo de instrucción.

En contraste, de cada 100 mujeres del área urbana, por lo menos 19 tiene estudios profesionales, mientras que en las zonas rurales sólo tres de cada 100 tienen nivel profesional.

Así, la aplicación de políticas públicas del gobierno federal actual no ha mostrado resultados, pues la pobreza, marginación y el constante deterioro de las condiciones de vida de la población femenina sigue igual.

2003/RGL/RGR

cimacnoticias

       
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