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Bolivia: Paulina Apaza, una próspera exportadora

Por Helen Álvarez Virreira

Su pequeña figura y su voz delgada contrastan con su fuerza de voluntad y la firmeza de sus decisiones: Paulina Apaza es una emprendedora y exitosa artesana que quiere agradecerle a la vida por el triunfo que ha alcanzado, dando una oportunidad a personas que tienen proyectos productivos.

La IV Feria Artesanal Turística Andina permitió que unos 300 micro y pequeños artesanos y artesanas de la ciudad de La Paz y de las provincias del departamento puedan mostrar su producción y conseguir nuevos mercados, dentro y fuera de Bolivia.

Detrás está Apaza, quien, junto con sus hijas e hijos, ha dedicado años a la organización de este y de los tres anteriores eventos, con sus propios recursos y con el auspicio de varias instituciones.

Ella cuenta que en lugar de ser “preste” (organizadora de la fiesta en honor de algún santo) prefiere invertir su dinero apoyando a sus compañeras y compañeros, con menos posibilidades de vender su producción.

Artistas del tejido, la cerámica, orfebrería, entre otros, de 11 provincias paceñas permanecieron dos semanas en la ciudad de La Paz en un espacio gratuito.

Pastor Mamani y Leocadia Capajeique hilan y tejen con lana de oveja y alpaca. En una radio comunitaria escucharon que “Doña Paulina” invitaba a los productores a participar de la feria y sin dudar se trasladaron hasta La Paz.

Los esposos son de Charazani, cuna de la cultura kallawaya ?declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad?, tienen cinco hijos que también son hábiles artesanos y el sueño de todos es exportar sus bolsos, cintillos para la cabeza y los brazos, monederos o mantas.

DURO TRABAJO

Apaza es una fervorosa creyente y, mientras habla, no deja de agradecer a Dios por todo lo que ha conseguido y por su habilidad para confeccionar las mantas que exporta a España y Estados Unidos. Pero ella aportó con mucho trabajo. “He sido dulcera, pollerera, heladera?”.

Huérfana de padre y madre, se crió con su abuela, quien le enseñó a coser, bordar y tejer el fleco de las mantas. Primero las hacía para las muñecas que, de niña, ella misma fabricaba, porque no tenían para comprar una.

De adolescente, entró a trabajar a una fábrica de chocolates y a sus 16 años decidió emprender su propio negocio vendiendo manzanas acarameladas.

Transcurría 1976 y su capital no llegaba ni a un dólar diario, apenas le alcanzaba para comprar un poco de fruta y azúcar; recicló las cañas que las floristas utilizaban para las ofrendas florales e hizo los palitos para sujetar el dulce. Le fue muy bien, pero su idea pronto fue copiada.

Dejó los dulces y aprendió a coser polleras (falda amplia con varios pliegues que usan las mujeres aymaras), también tejía chompas (suéteres) y se convirtió en dirigente de su organización gremial. Más tarde entró a trabajar al centro de capacitación de la Corporación de Desarrollo de La Paz, cuando las mujeres de pollera no tenían acceso a fuentes de empleo en el ámbito público ni privado: “fui la primera cholita en Cordepaz”, comenta.

“Hubiera sido muy buena profesional”, dice, pero no pudo estudiar. Tenía que cuidar a sus cuatro hijas e hijos, a quienes desde pequeños les enseñó a trabajar, “porque hay que saber, para luego hacer tu negocio”. Ahora, el mayor es Ingeniero Comercial, la segunda Administradora de Empresas y la tercera Licenciada en Turismo; los tres tienen sus propias empresas. El menor aún está en el colegio.

La vida le enseñó todo lo que se necesita para triunfar, especialmente humildad. Y con humildad, se relaciona con diplomáticos extranjeros que le abren las puertas de sus países. Ella ha recorrido América y Europa llevando sus mantas y también ha conseguido que muchos de sus compañeros y compañeras puedan viajar.

No cree en los gobiernos y menos en los políticos, y está convencida de que la Asamblea Constituyente que se realiza en Bolivia no beneficiará a la población; tampoco se fía de los bancos y por eso no recurre a los créditos. Su secreto está en saber gastar, ahorrar e invertir.

Llevarse bien con “los países a donde se puede exportar” es fundamental para ella. Y del dicho al hecho: en el mismo día, en la mañana, recorrió su feria con un representante de la Embajada de Estados Unidos y, en la tarde, con otra de la Embajada de Cuba.

Apaza confía a ciegas en su trabajo y en el potencial del talento boliviano. Ella nunca emigraría, aunque intentaron conquistarla para que se quede en España, y espera contribuir a que mucha gente decida apostar por el país.

07/HAV/GG

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