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Campaña por la soberanía alimentaria “Sin maíz no hay país”

Por Redaccion

“Sin maíz no hay país ¡Pon a México en tu boca!”, dice el lema de la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, que iniciará el próximo 25 de enero.

Convocada por diversas organizaciones campesinas y no gubernamentales de todo el país, la campaña surgió como respuesta ante la inseguridad alimentaria en la que se encuentra nuestro país, una realidad cotidiana que pronto será una verdadera pesadilla: la crisis de los precios de la tortilla y sus impactos negativos en la economía popular así lo comprueban, señalan.

Más de un tercio de la población padece desnutrición y anemia. Y en el sector rural, principalmente en la población indígena, esta proporción se eleva a más del 50 por ciento. El hambre es una realidad inaceptable en México a más un siglo de la Revolución mexicana. El hambre no espera, dicen las organizaciones convocantes.

Y esto es nada más la punta del iceberg. “El país se encuentra en una escalada imparable de precios de la canasta básica por que siguen intocadas las causas que generaron la elevación de los precios de la tortilla. México se encuentra en la más completa vulnerabilidad e inseguridad no solamente en el ámbito alimentario sino también como nación soberana”.

Por ello, en la Campaña se invita a las y los mexicanos a defender diez medidas urgentes:

Sacar al maíz y al frijol del TLCAN, instalar un mecanismo permanente de administración de las importaciones y exportaciones de maíz y frijol (y sus derivados y subproductos) por el Congreso de la Unión.

Prohibir la siembra de maíz transgénico en México, protección y mejoramiento del patrimonio genético de los maíces mexicanos, incentivo a la producción de maíces nativos y orgánicos.

Aprobar el Derecho Constitucional a la Alimentación por la Cámara de Diputados y la Ley de Planeación para la Soberanía y Seguridad Agroalimentaria y Nutricional por la Cámara de Senadores.

Luchar contra los monopolios del sector agroalimentario: evitar el acaparamiento y la especulación así como la publicidad engañosa de alimentos “chatarra”.

Promover que el maíz mexicano y las expresiones culturales que involucra se inscriban tan pronto como sea posible en la Lista de Patrimonio Oral e intangible de la Humanidad, por la UNESCO.

Control de precios de la canasta alimentaria básica, garantizar el abasto y crear una reserva estratégica de alimentos. Promover el consumo de alimentos campesinos, y el comercio justo.

Reconocer los derechos de los Pueblos originarios y proteger los territorios campesinos y sus recursos naturales estratégicos.

Apoyar que más productores de café accedan a los mercados internacionales de mayores precios.

Impulsar la conservación de los bosques y selvas mediante el manejo sustentable de los recursos naturales a través de la organización y gestión comunitaria.

Garantizar el principio de equidad de género en las políticas rurales, así como el reconocimiento pleno de los derechos humanos, ciudadanos y laborales de las y los jornaleros agrícolas y las y los trabajadores migrantes.

HISTORIA DE UNA CRISIS

A partir de 1982 se impuso en México un modelo de agricultura y alimentación basado en la privatización, la apertura comercial indiscriminada y la desregulación del sector agroalimentario.

Con la contrarreforma salinista del Artículo 27 constitucional en 1992 se pretendió impulsar la privatización de las tierras ejidales y comunales e iniciar, de hecho, un nuevo proceso de “desamortización” de los territorios en manos campesinas e indias y un verdadero proceso de deportación de la población rural “excedente”, “sobrante”, “improductiva”.

Dicho modelo de dependencia alimentaria, monopolización del mercado agroalimentario y descampesinización compulsiva fue profundizado y elevado a rango de ley suprema de la nación y política de Estado con la aprobación y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994.

Después de más de 25 años de sufrir una verdadera guerra contra la economía campesina y la población rural, el campo no aguanta más.

En el periodo del TLCAN se han perdido 2 millones de empleos agropecuarios. Cada año migran a los Estados Unidos 300 mil personas originarias del sector rural.

La producción de alimentos se ha estancado y la dependencia alimentaria aumenta año con año, imponiéndose una lógica perversa, inhumana e irracional de exportar campesinas y campesinos a los Estados Unidos e importar alimentos producidos en buena parte por dicha mano de obra, pagando por ellos más de 100 mil millones de pesos anuales en divisas.

Los bosques y selvas están en proceso de exterminio por la indolencia gubernamental y la rapacidad de las empresas nacionales y extranjeras, cuando hemos probado que la única forma para su conservación y manejo sustentable es a partir de la organización y gestión comunitaria.

Los territorios campesinos y sus enormes recursos (tierra, agua, playas, biodiversidad, recursos genéticos, bellezas escénicas, centros ceremoniales, riquezas culturales) están bajo asalto de las corporaciones trasnacionales y de los llamados megaproyectos.

El país se encuentra en una escalada imparable de precios de la canasta básica porque siguen intocadas las causas que generaron la elevación de los precios de la tortilla.

México se encuentra en la más completa vulnerabilidad e inseguridad no solamente en el ámbito alimentario sino también como nación soberana.

El hambre es una realidad inaceptable en México a más un siglo de la revolución mexicana. El hambre no espera.

El modelo neoliberal, las corporaciones trasnacionales, la oligarquía mexicana y la élite gobernante han roto el pacto histórico del Estado mexicano con el campesinado, con los trabajadores del campo, con la población rural, mismo que surgió a raíz de la revolución mexicana y de las recurrentes luchas campesinas posteriores.

NUEVO PACTO HISTÓRICO

Hoy se requiere un nuevo pacto histórico del Estado mexicano con los campesinos, con las mujeres y hombres del campo, si es que queremos luchar por un proyecto alternativo de nación. En este sentido es necesario proponerse salvar al campo para salvar a México. Ningún país en el pasado ha podido avanzar hacia estadios superiores de desarrollo y democracia con un campo arrasado y en ruinas. Y ningún país podrá hacerlo tampoco en el futuro.

MAÍZ EN RIESGO

El maíz, base de nuestra alimentación y riqueza cultural, está en grave riesgo: la apertura de las fronteras a maíz y frijol importados prevista por el TLC para el primero de enero del 2008, la pretensión de sembrar maíces transgénicos en México; la falta de control sobre los monopolios agroindustriales y el alza a la demanda de maíz en Estados Unidos para fabricar etanol amenazan la calidad, la cantidad y el precio de los maíces que nos llevamos a la boca y de todos los alimentos que dependen del maíz.

Si no logramos conservar e impulsar la producción mexicana de maíces blancos, rojos y azules, base de la vida campesina e indígena y elemento indispensable de la cocina mexicana, nos veremos forzados a comer maíz transgénico amarillo, principalmente usado como alimento de animales, y tendremos que pagar por dichos alimentos básico el precio que decidan los monopolios agroalimentarios transnacionales.

La libertad para elegir la calidad, cantidad y precio de nuestros alimentos depende de nuestra capacidad para producirlos: sin una sana y justa producción nacional de maíz, México no podrá seguir existiendo como el país diverso y rico que amamos.

El sueño neoliberal de un campo sin las y los campesinos ni indios en México no es más que una pesadilla y vana ilusión. O hay México con campesinos y pueblos indios, o no hay México. Porque sin maíz no hay país.

Las organizaciones campesinas e indígenas, ambientalistas, de derechos humanos, de consumidores, no gubernamentales, investigadores, científicos, artistas intelectuales y ciudadanos de a pie, hemos elevado nuestras voces para llamar a la sociedad civil a emprender la defensa de nuestro derecho a la alimentación, del derecho campesino e indígena a existir con sus culturas y formas de vida propias; a establecer políticas agrícolas que fomenten la producción nacional de la amplísima diversidad de maíces mexicanos. Hemos alertado sobre el riesgo real de la contaminación con transgénicos de nuestros maíces, así como el arrasamiento de la producción campesina con maíz importado de baja calidad y alto precio.

No hemos sido escuchados.

Esta es la hora en que la sociedad civil, mexicanas y mexicanos, en cualquier parte del mundo, levantemos nuestras voces para defender al maíz, que es defender nuestra alimentación, nuestra soberanía y nuestras libertades.

Porque sin maíz no hay país, pon a México en tu boca.

CÓMO PARTICIPAR

A partir del 25 de junio del 2007 y hasta el 1º de enero del 2008 llamamos a las y los mexicanos a:

Sembrar maíz en hogares, banquetas, camellones y parques públicos por todo el país.

Apoyar con su firma las diez medidas urgentes para defender al maíz y al campo mexicano, con el objetivo de reunir el apoyo de millones de mexicanas y mexicanos.

Participar en la Jornada Nacional de Movilizaciones por la Defensa por Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, y el Presupuesto Rural 2008 del 12 al 20 de octubre próximo, que incluye una Marcha Nacional Por la Salvación del Campo del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México, ferias campesinas, talleres, foros y conciertos.

Realizar actos educativos, de organización y acción de diverso tipo para denunciar los abusos de los monopolios agroalimentarios, y para promover la producción y el consumo nacional de alimentos sanos, orgánicos, sin transgénicos, sin productos chatarra, preferentemente de pequeños y medianos productores y agroindustriales, bajo el sello de Comercio Justo México.

Apoyar los esfuerzos de organizaciones campesinas e indígenas para que las demandas por justicia, salud y soberanía para México, sean escuchadas.

Convocamos a hombres y mujeres del campo y de la ciudad para que nos hagamos uno en la histórica tarea de defender al maíz e impulsar un proyecto alternativo para el campo y para el país; un proyecto rural y nacional incluyente, justo, sustentable y solidario.

Asiste al lanzamiento de esta campaña el próximo lunes 25 de junio a las 10 de la mañana en el Museo de la Ciudad de México, ubicado en Avenida José María Pino Suárez No. 30, Centro Histórico (Metro Pino Suárez).

ORGANIZACIONES CONVOCANTES

Organizaciones Campesinas Nacionales: Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (AMUCSS, ANEC, CNOC, CEPCO, FDCCH, MAÍZ, RED MOCAF, UNOFOC), Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), El Barzón?Alianza Nacional de Productores Agropecuarios y Pesqueros (ANPAP), Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos (AMAP).

Organizaciones Campesinas regionales: Frente de la Cordillera Norte?Mixteca (Oaxaca), Comisión Estatal Huertos Tecoxdico (Veracruz), Cactus (Oaxaca), Comercializadora “Venado Azul” (Oaxaca), Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra?Atenco.

Organizaciones No Gubernamentales: Instituto Maya, Grupo de Estudios Ambientales (GEA), Oxfam Internacional, Guerreros Verdes AC., Unión Nacional de Álvaro Obregón (UCAO)

Personas: Armando Bartra, Cristina Barros, Marco Buenrostro, Blanca Rubio, Antonio Turrent, Adelita San Vicente, Luciano Concheiro Bórquez, Víctor Quintana S., Gabriela Rangel, Areli Carreón, Diego Delgado, Luciana Kaplan.

07/GG/CV

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