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Con pasos firmes

Por Olga Villalta*

¿Cómo será vivir centrado en la conservación de la armonía con la naturaleza y no en la búsqueda de su control o dominación? ¿Cómo será vivir en la cooperación, en el placer de la convivencia y no en la competencia? ¿Cómo será vivir sin buscar una justificación racional para dominar al otro porque uno no pretende ser dueño de la verdad?
 
Estas preguntas se las hacía Humberto Maturana en el prefacio del libro “El Cáliz y la Espada”, de la antropóloga Riane Eisler, publicado por primera vez en 1987.
 
Recurro a Eisler cuando el peso de la realidad me abruma, cuando la maldad campea en nuestro entorno. Leer sus propuestas de una sociedad basada en la corresponsabilidad y no en el dominio me alientan para seguir caminando.
 
Reviso los periódicos de enero, buscando noticias sobre los pasos de las mujeres, encuentro algunas notas que llaman mi atención, algunas son alentadoras, otras no tanto.
 
Saber de las luchas de algunas mujeres alrededor del mundo me permite renovar la esperanza. A pesar de la sordera y prepotencia de muchos líderes ellas siguen adelante.
 
No obstante la superficialidad de otros y el silencio de muchos, estas mujeres a lo largo y ancho del planeta luchan por ser personas, por sobrevivir, por ser valoradas y respetadas en su casa y en el espacio público.
 
Hace unos días leí una nota informativa sobre un estudio realizado con mujeres emprendedoras en Guatemala. Se trató de medir qué tipo de negocio impulsan, los recursos con que cuentan, cómo resuelven las dificultades, etcétera.
 
Celebro que se evidencie el aporte de mujeres pobres a la economía de sus hogares, sin embargo muchas de nuestras abuelas fueron emprendedoras. La elaboración de dulces caseros, por ejemplo, fue una fuente de ingresos; el asunto entonces no es nuevo.
 
Me topo nuevamente con las noticias de mujeres asesinadas y me pregunto: ¿Hasta cuándo los hombres entenderán y aceptarán que los cuerpos de las mujeres no son de su propiedad?
 
En la segunda semana del recién estrenado primer mes del año otra noticia me estremece: es la relacionada con el asesinato de un hombre y una mujer en el camino viejo a Amatitlán.
 
Nuestra imaginación se queda corta para dimensionar la angustia y desolación que debe haber experimentado el niño abandonado al lado de sus padres ya fallecidos. Es un hecho tan cruel que no hay palabras para calificarlo.
 
Tengo que incluir a Malala Yousafzai, la joven activista paquistaní que fue atacada a tiros por los talibán el 9 de octubre de 2012. De milagro no murió, fue atendida y hoy se recupera en Inglaterra.
 
Y, ¿qué pide Malala? Sencillamente el derecho a asistir a la escuela. ¡¡¡Por favor!!! Es sorprendente el miedo que tienen los hombres a que las mujeres adquieran conocimientos. Malala no está sola en esa lucha, por fortuna hay muchas Malalas en el mundo, esta revolución silenciosa no la parará nadie.
 
http://orientandonos.wordpress.com
 
*Periodista guatemalteca del Diario de Centro América.
 
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