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Cuba: Óleo de una mujer “madura”

Por Dixie Edith

Protagonistas de la educación de sus hijos y cuidadoras de ancianos y ancianas; signadas por el climaterio y en muchos casos jefas de hogar; la mayoría de las mujeres de la “edad mediana” en Cuba no son concientes de que transitan uno de los períodos más difíciles de sus vidas.

Elisabeth García, socióloga, tiene 47 años y acaba de perder a su madre, víctima de un cáncer de útero que la mantuvo en cama durante poco más de dos años.

Durante ese tiempo, García apenas pudo trabajar, pues la hija mayor, que ahora estudia en la Universidad, estaba interna en una escuela de nivel medio y la más pequeña recién cumplía los 11 años.

“No tengo hermanos y tuve que atender sola la enfermedad de mi mamá. Mi esposo no paraba en la casa, pues tenía un trabajo de horario irregular y mi papá estaba tan afectado que no servía de mucha ayuda”, comentó a SEMlac.

Según el Anuario Estadístico de Cuba 2005, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), más de un millón 500 mil cubanas tiene entre 40 y 59 años, las dos décadas de vida que suelen incluirse en la clasificación de “edad mediana”.

Son mujeres que integran, en buena medida, la población económicamente activa -aunque no todas tengan un empleo remunerado-, generalmente con hijos y, en algunos casos, hasta nietos.

“La edad mediana se ha envejecido en cuatro años, resultado, fundamentalmente, de la disminución de la fecundidad y la reducción notable del número de nacimientos”, ha señalado Juan Carlos Alfonso Fraga, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo, adscrito a la ONE.

Un estudio acerca de la situación de las cubanas en esas edades, presentado durante el III Congreso de Longevidad Satisfactoria, reveló que, en el 38 por ciento de los hogares evaluados, las mujeres eran cabeza de familia y máximo sostén económico.

Los resultados de esa investigación también indicaron que el hecho de mantener a la familia no las excluía del resto de las funciones y tareas hogareñas, con su consecuente recarga física y mental.

Estas mujeres, además, suelen recibir directamente el impacto del proceso de envejecimiento por el que transita la sociedad cubana, pues a menudo se convierten en únicas cuidadoras de sus padres, abuelos o suegros, por obra y gracia de una asignación patriarcal de roles.

En pocas palabras, son parte de la “generación del emparedado”, término empleado por la doctora Ira Byock, investigadora del departamento de filosofía de la Universidad de Montana, Estados Unidos, para referirse a mujeres “que atienden a sus padres mientras aún crían a sus hijos”.

En Cuba, no pocos expertos han parafraseado el término y se escucha hablar, aunque extraoficialmente, de una “generación de la croqueta”.

Desde el punto de vista biológico, la edad mediana suele traer consigo un tercer cambio de correlaciones hormonales (antes fueron la pubertad y el embarazo), esta vez con secuelas causadas por el déficit de estrógenos que puede ocasionar osteoporosis, entre otras enfermedades.

En 1997, una indagación acerca de las vivencias entre 567 mujeres de edad mediana, de un hospital policlínico del capitalino municipio de la Lisa, arrojó que más del 20 por ciento de las entrevistadas declaraba algún tipo de insatisfacción personal.

Se detectó que, en general, la autoestima se encontraba baja en toda la población estudiada, aunque en el grupo de las que declararon estar insatisfechas, resultaba alarmante. El proyecto de vida estuvo ausente o indebidamente estructurado en poco más del 99 por ciento de las insatisfechas y en el 63 por ciento de las satisfechas.

Por su parte, el 95.8 por ciento de las mujeres insatisfechas reportó dificultades en su relación de pareja, junto al 59.2 por ciento de las satisfechas, cifras que alertaron acerca del grado de generalidad que alcanzan las dificultades con la pareja en las mujeres de edad mediana.

La situación no ha cambiado mucho, a juzgar por la experiencia de García. “Después que murió mi madre, mi esposo se fue a vivir con una mujer diez años más joven que yo. Comencé a sentirme mal, no tenía deseos de moverme, debuté con la menopausia y me diagnosticaron depresión y una diabetes mellitus”, explicó.

Según la doctora Daysi Navarro, jefa del Grupo de Investigación sobre el Envejecimiento en Endocrinología, del Instituto de esa especialidad, climaterio es una etapa que se corresponde con el período en que se establece el fin de la vida reproductiva de la mujer y menopausia es la última menstruación.

La experta señala que las primeras manifestaciones de climaterio ocurren alrededor de los 40 años y la menopausia en torno a los 50.

En entrevista para Infomed, un sitio Web de salud, la doctora Leticia Artiles, antropóloga social y médica especialista en climaterio, explicó que el 90 por ciento de las mujeres que acuden a su consulta presenta síntomas atribuidos exclusivamente al climaterio.

Sin embargo, en más del 70 por ciento, estos malestares se vinculan más con las tareas culturales asignadas y asumidas socialmente en la vida cotidiana, según el sexo, que a los ajustes biológicos propios de esta etapa de la vida femenina.

Según los reportes de la mortalidad por enfermedades crónicas no transmisibles en Cuba, es precisamente la diabetes uno de los dos padecimientos que cobra mayor número de vidas en el universo femenino que en el masculino.

Especialistas aseveran que en el fondo de tales dolencias se encuentran las presiones cotidianas. Además de compartir con los hombres los problemas de transporte y los lógicos conflictos laborales, las mujeres asumen cada día la obligación de alimentar y cuidar a la familia.

Un estudio del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente asevera que, a principios de la década del noventa, el 60 por ciento de las familias cubanas reproducía la distribución de las tareas domésticas de manera desigual, con la peor carga para la mujer.

Otra investigación, esta vez sobre el uso del tiempo, divulgada en 2003 por la ONE, reveló que ?sumando el trabajo remunerado y el doméstico- las mujeres trabajan más que los hombres y tienen, por tanto, menos tiempo para su vida personal. Por cada cien horas que labora un hombre en Cuba, una mujer suma más de 120, según la ONE.

“Bajo esas condiciones, son frecuentes los estados depresivos, irritabilidad, ansiedad, cansancio frecuente, sobrecargas al sistema nervioso y la disminución de la llamada calidad de vida”, asegura la doctora Artiles en sus estudios.

La situación parece ser especialmente alarmante en las mujeres entre 45 y 55 años. En esas edades se convierten en el centro de la dinámica familiar, con una mayor sobrecarga que favorece los procesos de deterioro para su salud.

Por si fuera poco, los hábitos y los patrones sociales también afectan a las mujeres en el ámbito de la nutrición. A pesar de que la distribución de alimentos en la isla es igualitaria -con algunos beneficios para niños, embarazadas y casos médicos-, en casa no tiene una redistribución equitativa.

Los alimentos suelen repartirse entre la familia, pero la mujer de edad mediana, generalmente encargada de la distribución, acostumbra a favorecer primero a niños y ancianos, y después al esposo.

Las cubanas comen menos, según un patrón intrafamiliar que no se diferencia esencialmente de lo que pasa en América Latina, aunque su nivel cultural sea mayor, explica Artiles. Por ese rumbo podría andar, también, una de las causas de la alta incidencia de la osteoporosis.

A esos malestares se añaden los relativos a la sexualidad, esfera desatendida por las propias mujeres y marcada por no pocos mitos y tabúes.

Celia Sarduy, psicóloga y estudiosa de los temas de la salud femenina, identifica algunos de esos mitos, que inciden en que muchas mujeres se quejen de malestares sexuales pero no busquen ayuda para solucionarlos.

Entre ellos, Sarduy cita la creencia de que sólo las jóvenes tienen derecho a disfrutar la sexualidad, que la masturbación femenina es negativa y que la sexualidad se reduce en el climaterio y desaparece en la vejez. “Se asocia todo el tiempo a la capacidad reproductiva”, explica.

Para colmo, las mujeres en edad mediana no suelen ser las protagonistas de telenovelas, videos clip o anuncios publicitarios.

Los ya citados resultados del debate, durante el III Congreso de Longevidad Satisfactoria, también apuntaron a que la imagen de la mujer cubana que se refuerza suele ser la de una mulata, de 18 a 20 años, delgada, sin apenas senos ni barriga, pero con caderas.

De esa forma, la sociedad les impone a las también llamadas “mujeres maduras” un modelo que no pueden alcanzar.

García lo tiene claro. “Cuando mi esposo se fue, estuve meses sin mirarme al espejo, hasta que el tratamiento médico y conocer una nueva pareja me ayudaron a sentirme más satisfecha con mi imagen”.

Experiencias como esta ponen a los especialistas de la isla frente a la necesidad de una atención especializada ?pero integral? a la mujer que transita por estas edades.

07/DE/GG/CV

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