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Débil sentencia, puerta abierta a más atropellos: Vera

Por Redaccion

Al dejar prácticamente impunes con un juicio a la mayoría de militares que intervinieron en la violación sexual y otros actos de violencia cometidos el año pasado contra 14 mujeres en la zona de tolerancia de Castaños, Coahuila, se abre una puerta aún más amplia para que miembros del Ejército Mexicano sigan realizando todo tipo de atropellos, como los que ya se cometen por todo el país.

Así calificó el obispo de Saltillo Raúl Vera, mediante un comunicado difundido hoy, la sentencia emitida ayer por el juez Hiradier Huerta, al término del proceso seguido contra ocho militares acusados de haber cometido la violación de trabajadoras de Castaños, en un acción que se equipara al secuestro, al someter especialmente a las sexoservidoras y a las bailarinas a un trato humillante, inhumano y degradante, bajo constantes amenazas de muerte a quien osara rebelarse.

Muchas fueron las causas que provocaron la débil sentencia del Caso Castaños, explica Vera, que nos hacen pensar en la necesidad del fortalecimiento del sistema de procuración de justicia del país.

Esta sentencia no es un caso aislado en el país, pues la actitud de elementos de la Sedena es condenada por diferentes estados y nunca se castiga a estos, de la misma manera que a quienes pudieran realizar esas mismas agresiones o menores, desde agrupaciones sociales.

ACCIÓN URGENTE

Por los frutos que ahora tenemos al conocer la sentencia, vemos que el trabajo realizado para la integración de este proceso, no fue el mejor, opina el Obispo, quien esta mañana hizo una rueda de prensa en Monclova donde anunció también la realización de una acción urgente en la que se pedirá a la sociedad involucrarse y levantar la voz, su opinión, a las autoridades correspondientes.

La debilidad con la que han actuado la defensa de las víctimas, el Ministerio Público y el Juez en este juicio, opina Vera, afecta no solamente a las personas injuriadas y a sus familias, sino nos afecta a todos los ciudadanos de Coahuila y del país.

“Nos invita a quienes como ciudadanos organizados en agrupaciones de diversa índole, buscamos mejorar y elevar la calidad de vida en México, en la defensa de los derechos humanos, en la búsqueda de una verdadera democracia, en la lucha contra la impunidad, o en otras”.

O bien, continúa el texto, “a quienes desde nuestra fe cristiana y desde la confesión de las distintas religiones, trabajamos por un México más justo y solidario, en donde se preserve el Estado de Derecho, a que nos enlacemos y solicitemos a las autoridades correspondientes que deben intervenir en la apelación contra este débil juicio.

“O integrar los tres casos que aún quedan pendientes, para que se mejore la calidad y profesionalidad de la defensa y se logre así calificar desde un juicio justo, con mayor rigor, el alto grado de ilegalidad con el que actuaron los militares y se les aplique el castigo correspondiente con la gravedad de los delitos que cometieron”.

LO QUE ES JUSTO

Acompañado de citas bíblicas, el comunicado recuerda que la madrugada del pasado 11 de julio del 2006, la zona de tolerancia de Castaños, Coahuila, fue atacada por elementos del Ejército Mexicano que debió haber estado custodiando boletas electorales, tras la elección presidencial.

Catorce mujeres, y algunos hombres, entre ellos clientes, policías municipales, administradores, trabajadores y taxistas, fueron víctimas de una serie de delitos. Violaciones sexuales, golpes, amenazas de muerte, tratos crueles e inhumanos, burlas e intimidaciones fueron realizadas por más de tres horas, por alrededor de veinte militares, aprovechando el armamento de la Secretaría de la Defensa Nacional, sus uniformes y vehículos.

Los militares desarmaron a los policías, los golpearon y los sometieron poniéndolos bocabajo en el piso, lo que fue una alteración muy grave al orden público, pues la función legítima de estos era el proteger a quienes los militares querían atacar.

Una buena parte de los militares ingresó a los salones, mientras otros permanecieron fuera, haciendo “el rondín” para que nadie entrara ni saliera, lo que equipara esta acción a un secuestro.

Dominaron el lugar con tortura física y psicológica. Las víctimas dijeron que era tal su terror, que estaban seguras que serían asesinadas. En una de las denuncias, por ejemplo, se narró la manera en que un par de mujeres fueron tomadas para simular un fusilamiento.

¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?”, pregunta el Obispo en el comunicado citando a San Lucas.

07/GG

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