Discriminatorio para mujeres, el trato judicial y carcelario

   Estereotipos dificultan atención a víctimas de violación
Discriminatorio para mujeres, el trato judicial y carcelario
Por: Cecilia González
cimac | Buenos Aires.- 15/11/2002

Los valores impuestos en la sociedad estereotipan y dificultan la atención de las mujeres presas y de quienes han denunciado delitos de violación, explicaron la psicóloga Lucila Larrandat y la socióloga Inés Hercovich.

Las especialistas participaron en la mesa redonda "Cuestiones de género y salud mental" que se realizó hoy como parte del Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos que realiza la Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo.

Larrandat señaló que a lo largo del último siglo, diversos investigadores establecieron, por ejemplo, psicologías propias de las prostitutas, a quienes llegaron a equiparar con delincuentes, mientras que cuando estalló la lucha feminista en los años 60 se buscó identificarlas con una ansiedad de ocupar roles masculinos.

En el caso de la atención a las mujeres presas, añadió, para definir su psicología diversos estudios han elaborado teorías de la criminalidad que generalizan sin entender a cabalidad los fenómenos sociales que las han llevado a delinquir.

"En todo el mundo, el trato judicial y carcelario sigue siendo discriminatorio para las mujeres, pues deja de lado los testimonios de cómo experimentan la opresión social de género que inicia desde el momento que en sus casas se les asignan roles determinados de sometimiento", dijo en una de las mesas más concurridas del Congreso.

Por su parte, Hercovich, una de las sociólogas más reconocidas de la Argentina, dio una amplia exposición sobre lo peligroso que resulta construir un imaginario colectivo frente a la violación sexual, que en la mayoría de los casos no tiene nada que ver con lo que padecieron las víctimas, lo cual desvía la atención especializada que requieren para superar las secuelas psicológicas de la agresión.

"Dicen que las mujeres violadas no hablan por vergüenza, pero resulta que sí hablan, y mucho, tienen esa necesidad, y quienes callan lo hacen por temor a que no se les crea, y tienen toda la razón porque siempre se les achaca que provocaron o colaboraron con el agresor", señaló.

A las mujeres violadas, agregó, se les construyen paradigmas que van de la culpa a la victimización, ninguno de los cuales permite avanzar en los tratamientos porque la violación se reduce a un acto erotizado en el cual la mujer fue provocadora, o se le asigna el papel de víctima indefensa sin capacidad de acción.

Esto no corresponde con la realidad, afirmó la socióloga, quien en un estudio que realizó con cien mujeres que padecieron una agresión sexual, encontró que una vez descubierta la amenaza de la violación, elaboraron estrategias para salir lo menos dañadas posible.

"Se convirtieron en sujetos activos, pero como esto rompe con el imaginario colectivo que se tiene en torno a la violación, no suele tomarse en cuenta", dijo.







       
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